domingo, 30 de agosto de 2015

El fuego amigo le hace estragos a Daniel Scioli

Por Jorge Fernández Díaz
A Cristina Kirchner le cabe un chiste testamentario. El médico atiende a un viejo potentado que ha comenzado a usar un audífono invisible de última generación. ¿Le funciona el nuevo aparato?, pregunta su médico. "Es muy bueno", responde el paciente. ¿Y a su familia le gustó? "Todavía no se lo he dicho a nadie, doctor, pero ya cambié tres veces mi testamento."

La Presidenta ha testado a favor de su heredero principal, pero cada semana escucha rumores sobre lo que piensa hacer con su patrimonio y entonces se le ponen los pelos de punta; llama al escribano, modifica las cláusulas y cancela favores, e introduce trampas en la letra chica. Es tarde para desheredarlo, pero a veces fantasea con ese drástico castigo. Y además, Cristina cree en la reencarnación, así que en su testamento tiende a dejarse todo a sí misma.

Diana Conti, que la presiente, actúa en consecuencia. "Que Cristina deje de ser presidenta no nos cambia nada", dijo estos días. Y Axel Kicillof aclaró sutilmente que Daniel Scioli no existe: "Nuestro candidato es el proyecto". El fuego amigo está haciéndole estragos al ex motonauta. Necesita disipar la idea de que habrá un doble comando, y el cristinismo no hace más que confirmarlo de todas las maneras posibles. Necesita despegarse de Cristina para captar el voto independiente, pero la patrona de Balcarce 50 quiere involucrarse en la campaña y quitarle protagonismo. Necesita encarnar la filosofía del papa Francisco, pero no puede evitar que gane la provincia de Buenos Aires el candidato que más aborrece Bergoglio: Aníbal, El Sospechoso. Necesita instalar la ocurrencia de que él representa la doctrina social de la Iglesia, pero la Universidad Católica Argentina sale a explicar que desde 2011, cuando Cristina agarró el timón de la economía, aumentó considerablemente la pobreza: hay 11 millones de pobres, casi cinco millones son menores de edad y más de un millón de niños están bajo la línea de la indigencia gracias al gran modelo de inclusión con crecimiento a tasas chinas. Scioli necesita también que la sensación económica sea primaveral, como le prometió Axel, pero resulta que es un invierno bochornoso a tiro de rayos y centellas. Necesita apoyarse en la liga de gobernadores para acorralar a La Cámpora, pero esos señores feudales espantan a la sociedad y producen escándalos de fraude y represión. Necesita que la oposición siga partida e inarticulada, pero los esperpentos de Alperovich y Manzur logran unir a todo el arco institucionalista para elaborar proyectos comunes de fondo. Necesita ser políticamente correcto para conquistar a la clase media, pero su aliada Beatriz Rojkés, en la estela de la campaña "Ni una menos", sugiere que a la mujer golpeada "le encanta" el maltrato, puesto que en un matrimonio en el que hay agresión física "la violencia se da de a dos". Necesita Scioli alinear a sus pares, las celebridades del espectáculo y del deporte, pero a su amiga Mirtha se le ocurre que Cristina es una "dictadora" y a su amigo Tevez, que Gildo Insfrán reina sobre vergonzosas desigualdades.

La herencia parecía un regalo, a lo sumo el premio para un sobrino que aguantó todas las humillaciones, y después de ganar las primarias, esta campaña iba a resultar un verdadero "desfile", tal como el mismo Scioli lo calificaba en privado. Pero el regalo es más pesado que echarpe de garrafas, y el desfile se transformó en un duro combate a cielo abierto que por momentos parece Chacabuco y por momentos Cancha Rayada.

Nadie tiene encuestas actualizadas sobre las secuelas electorales de esta interminable política catrasca que se inició con las inundaciones y con aquel frívolo viaje de ultramar: Scioli está convencido de que su crecimiento se frenó un poco, pero apuesta a que este clima negro se va a disipar en las próximas ocho semanas. Hoy por hoy, los estadísticos aportan una de cal y otra de arena: están seguros de que la cosa no termina en octubre, pero también de que el gobernador podría ganar el ballottage. Así por lo menos lo indican las aritméticas y el estudio detallado de los votos opositores. El ballottage, sin embargo, es una bolsa de sorpresas y pirañas, una riesgosa definición por penales, y a veces es también la tumba de los matemáticos.

La intervención más feliz de Scioli, durante estos días de fuego y ruina, resultó también la más inquietante. El ajedrecista de Villa La Ñata se encargó de explicarles a los empresarios que sólo él garantizaba la gobernabilidad en la Argentina, dado que lo respaldaban los gobernadores del justicialismo. Este mensaje dio en el blanco: es justamente en ese micromundo extremadamente conservador donde más carne ha hecho el apotegma según el cual sólo el peronismo puede gobernar. En el Consejo de las Américas, muchos hombres de negocios decían en voz baja que Mauricio Macri les resulta inmanejable y que sus aliados son demasiado escrupulosos. Los proyectos contra la corrupción, especialmente la ley del arrepentido, les generan dudas y algo más. Esa legislación se llama en Brasil "la delación premiada". "Si acá llega a sancionarse, puede ser un escándalo", se asustan.

Se da entonces la curiosidad de que, más allá de aplausómetros, a grandes rasgos y con las honorables excepciones del caso, Scioli se va imponiendo como el candidato natural del establishment. Esto tiene cierta lógica, dado que el peronismo oficial ha ido ocupando progresivamente el lugar de la nueva derecha en el sistema de partidos políticos: es una fuerza hegemónica y feudal que se adueñó del poder; una oligarquía estatal que maneja la más grande de todas las corporaciones: la que tiene la sartén por el mango. Y esas condiciones gustan mucho a los capitalistas argentinos (sobre todo a los menos competitivos), siempre y cuando el nuevo macho alfa de la corporación los consulte y beneficie.

Hay un fuerte desacople entre ese sentimiento descarnado y oportunista, y la necesidad de invertir y desarrollarse en un país con seguridad jurídica y con normas macroeconómicas ordenadas y estables. Es interesante, a propósito, comprobar cómo las declaraciones más importantes de Tevez pasaron sintomáticamente inadvertidas para la opinión pública, sólo concentrada en la polémica de Formosa. El diez de Boca golpea el centro del drama nacional cuando cuenta que fue arrestado en Europa tras haber conducido por tercera vez sin registro. Lo pusieron en una celda, lo condenaron y tuvo que hacer tareas comunitarias. Y está orgulloso de haberse sometido a ese proceso y haber aprendido a respetar las reglas. Nos dice a la cara que respetar las reglas mejora la vida. Este mensaje fundamental es pronunciado por alguien que nació en Fuerte Apache, pero que se ufana de haber evolucionado sin olvidar el barrio ni a sus amigos ni a los que sufren la pobreza. Evolucionó como no lo hace la sociedad argentina, que se quedó tristemente atrás, en el andén de la transgresión barata, repitiendo de manera suicida sus errores más garrafales y a veces jactándose de ellos. Sin pretenderlo, Tevez resulta así la contracara del kirchnerismo, que es esencialmente maradoniano: vanidoso, grandilocuente, agresivo y alegre violador serial de las normas. ¿Está de acuerdo Scioli con la gran lección de su amigo? Nos impide saberlo con certeza el temor religioso que siente por Cristina y por su movedizo y amenazante testamento. Es finita la pasividad de los argentinos, pero infinita la paciencia del heredero.

© La Nación

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