domingo, 7 de septiembre de 2014

En el País de Nomeacuerdo

Por Julio César Negro
Un amigo me dijo hace unos años: "yo a esta película ya la vi en blanco y negro y me quieren venir a contar que la historia es nueva solo porque está en colores".

Vivir  en este país se complica a medida que pasa el tiempo, vivir en este país se complica porque uno ve a amigos, conocidos, personas a quienes respeta y con las que ha compartido algún momento de la vida comportarse como si no hubieran vivido nada, como si hubieran nacido ayer o como si hubieran sido criogenados hace 20, 30 o 40 años y no hubieran pasado por las experiencias que pasamos todos durante ese tiempo.

Esto viene a que un amigo me preguntó: ¿qué sabés del dólar? entonces le dije: vengo escuchando noticias del dólar desde hace más o menos cuarenta años y, la verdad es que nunca me dijeron nada nuevo.

Yo era muy chico en tiempos del "rodrigazo" así que ese no contaría pero recuerdo bien la tablita de Martínez de Hoz en la segunda mitad de los '70, el "el que apuesta al dólar pierde" de Lorenzo Sigaut en 1981, recuerdo a Juan Carlos Pugliese, en 1989, diciendo "Les hablé con el corazón y me respondieron con el bolsillo", recuerdo el "un peso, un dólar" y, por supuesto que también recuerdo al capocheta diciendo "el que depositó dólares, recibirá dólares" parece que todo comenzara cíclicamente de nuevo.

Este gobierno ya se va comiendo tres paros generales y la pregunta es: ¿tienen algún sentido?, la respuesta es: si lo tienen, 13 paros generales sirvieron para horadar el poder del gobierno de Alfonsín y allanaron la llegada de Carlos Menem que pudo, a partir de su llegada triunfal, privatizar las empresas y servicios públicos que estaban a cargo del estado sin oposición alguna y sin que la CGT reaccione; le habían hecho campaña al "compañero" y ahora no podían salir a cuestionarlo y lo de este gobierno es un fenómeno bastante interesante, la CGT fue uno de sus principales pilares para afianzarse en el poder y hoy es uno de sus principales cuestionadores. Que me disculpen pero dudo que, cualquiera de las dos cosas, tenga algo que ver con los intereses de los trabajadores.

Entre paros y dólares no parece que esto sea una historia nueva y, seguramente, a mis padres les deba haber pasado algo parecido cuando yo les hablaba de la democracia, las libertades y las reivindicaciones sociales en los '80; quizás pensaron que ese discurso ya lo habían escuchado y que, en su nombre, habían visto aflorar muchas miserias humanas.

La tan mentada "unidad nacional" solo se ha logrado ante resultados tan cargados de fanatismo como ganar un mundial de fútbol o, en menor medida, de otra disciplina deportiva; recibimos un premio Nobel de la misma forma que un Grand Slam o u Open de golf; Milstein, Houssay, Leloir, Vilas, Sabatini, Maradona y Messi son nuestros grandes logros. Ellos demuestran que somos un gran país aunque nuestras universidades hayan perdido prestigio, nuestras empresas no puedan competir con nadie y nuestros políticos y sindicalistas sean menos creíbles que.. que... la verdad es que cuesta compararlos con algo.

Y ya me fui por las ramas pero, ¿no les parece que somos demasiado "pavos"? ¿no les parece que ya está de insistir como la mosca volando contra el vidrio? ¿hay alguna forma de romper este círculo vicioso de autodestrucción?

Ruego que alguien me demuestre que estoy equivocado. Me encantaría que el "país del nomeacuerdo" que describió María Elena Walsh fuera solo una ficción fantástica.

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