sábado, 21 de diciembre de 2013

Los derrotados

El Gobierno es hoy víctima de las confrontaciones que alimentó. El corte como símbolo de quiebre.

Por Alfredo Leuco
Para Mao, el poder nacía del fusil. Para Ernesto Laclau y sus intelectuales a la carta, el poder nace de la confrontación popular prolongada. 

Esa es la irresponsable justificación ideológica que encontraron para explicar el resentimiento y el revanchismo que el matrimonio Kirchner construyó desde su llegada al poder en la intendencia de Río Gallegos.Un infantilismo que necesitó revestirse con el jurásico marco teórico del neopopulismo que cobra suculentos honorarios y, por las dudas, sigue viviendo en Londres, mientras “los pibes argentinos dan la batalla feroz contra las corporaciones y por la liberación”. 

Siempre fue una locura semejante ignorancia sobre el fracaso planetario de la violencia como partera de la historia. Pero en estos tiempos, cuando las turbulencias hacen que los funcionarios del oficialismo se aferren temerosos a sus poltronas, todo se hace más bizarro y patético.

La solicitada publicada exclusivamente en los medios K, reclamando (casi rogando) “por una navidad en paz y un 2014 fortaleciendo la democracia que es convivencia y respeto por la diversidad”, firmada por Milagro Sala y Luis D´Elía, entre otros patoteros de estado, es tragicómica. La suscribe el elenco estable del cristinismo (con pocas excepciónes como Perez Esquivel y algún empresario ingenuo) y repite la misma exigencia de diálogo y coexistencia que estigmatizaban hasta hace dos semanas.

¿Desde cuando le dan valor a los consensos? ¿Que los hizo virar tan bruscamente? ¿ El diálogo no era una demanda de las corporaciones y la derecha destituyente como una manera de frenar el avance de los revolucionarios de la justicia social? ¿No gastaron seminarios y ríos de tinta en explicar que la crispación de Cristina (a la que reconfiguraron en las remeras como “Cris-pasión” era la pulsión necesaria para lograr la inclusión?
Desde muchos sectores se les advirtió que era temerario y peligroso agitar todo el tiempo la división y el odio como una forma de reinar. Y que era mucho mas grave sembrar la semilla del resentimiento en una tierra que fue regada por la sangre de miles de muertos y desaparecidos del terrorismo de estado.
Pero no entendían razones. Se regodeaban en su soberbia y seguían insultando a quienes pensaban distinto y tirando mas leña al fuego de la “cris-pasíon”. Hoy ese discurso nefasto implosionó. Permeó en grandes sectores que tampoco quieren respetar ley ni regla alguna. Y esa anomia se convirtió en un bumerán brutal contra Cristina. El corte como símbolo de quiebre. Cortes de luz, de calles, de relaciones con los semejantes. Hoy la desesperación llevó al gobierno a hacer convocatorias vacías y formales que no fueron correspondidas. Es natural y humano. Si uno le vive pegando cachetazos a los demás en épocas de vacas gordas, es ridículo que convoque a los que humilló cuando llegan las vacas flacas.

No era tan difícil mantener las relaciones cordiales con todos y ser firmes en la defensa de sus convicciones. Pero eligieron la piolada de hacerse los guerreros y justicieros y ofendieron a tanta gente que ya les cuesta encontrar aliados. Incluso dentro del kirchnerismo la cosa pudo ser distinta. El ejemplo es el de Julián Domínguez. Mantuvo siempre un trato respetuoso con todos los bloques y en diez minutos los tuvo a todos los jefes en su despacho firmando un firme respaldo a la democracia. No fingió buenas maneras a último momento mientras el rancho se quemaba. Tuvo el tino de tener siempre un criterio responsable.
Pero la gran enseñanza en este plano la dio una vez mas la Iglesia hoy potenciada por la cultura del encuentro que pregona el Papa Francisco. Monseñor Jorge Lozano logró juntar a casi todo el abanico político para ponerlo al frente del combate contra el enemigo común mas letal: los narcos y la droga. Es inédita una foto con Massa y Sanz, Binner y Macri, Margarita y Solanas, entre otros. Solo faltó Daniel Scioli, el mas opositor de los kirchneristas o el oficialista mas parecido a los opositores. Envió una carta de adhesión y se quedó con las ganas de poner la cara en esa foto histórica. Cristina no podía permitir que semejante pluralismo no fuera generado por ella. Hasta Jose Manuel de la Sota vió la oportunidad para sumarse y apostó a la continuidad de ese espacio al agregarle otros temas de agenda.

La Iglesia pudo lo que Cristina no puede. Dinamitó sus relaciones con todos y ahora es muy difícil reconstruirlas. Por eso hoy aparecen palabras con el preocupante aroma del 2001. “Cuasi monedas”, dijo el gobernador de Corrientes, “Dialogo Argentino”, fue lo que muchos vieron en esa foto madura y multipartidaria y “Liga de gobernadores” es lo que que está funcionando de hecho y en forma casi clandestina como una manera de evitar los incendios proviniciales que reduzcan a cenizas a sus jefes provinciales.

Es que Cristina no puede con su genio. No puede dejar de ser ella. Licuó el poder de Jorge Capitanich en un par de semanas. Lo vació de contenido porque le quitó sus presuntas virtudes de buen trato y pensamiento propio y lo disciplinó con facilidad porque lo hizo justificar lo injustificable con malabarismos verbales. El pedido de censura de Lázaro Báez, la pelea con Julio de Vido por cortar o no cortar lo que de hecho está recontra cortado, la obligación de hacer saludo uno, saludo dos, ante el vergonzoso ascenso del general Milani y el error original de castigar en lugar de ayudar a De la Sota al comienzo de la crisis, lo cortaron en pedazos. A una semana de haber asumido, me pregunté en esta columna, cuanto tiempo iba a durar Capitanich. Apostó su capital a un pleno y está a punto de perderlo todo en un juego donde siempre gana la banca, es decir Cristina.

Hay una metodología antidemocrática y escandalosa a la que hay que ponerle límite para que no siga deteriorando las instituciones. Me refiero a estatizar Ciccone para ocultar la corrupción de Boudou, la de intentar descabezar a Campagnoli y al periodismo para proteger a Lázaro y Cristina, y el colmo de que todos los argentinos (incluso los más humildes) se hagan cargo de las deudas irracionales y oscuras de Hebe de Bonafini, Sergio Schoklender y sus cómplices.

La obsesión bulímica tanto de Néstor como de Cristina por el dinero y el poder hoy empieza a cobrarse las facturas más abultadas. La caída del Imperio Laclau y su capital, Jorge Capitanich, es un aviso.


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