viernes, 5 de octubre de 2012

Mitología K

Por Alejandro Bongiovanni
La escena es así. Aparece Martín Sabbatella, el nuevo Aquiles en la guerra contra Clarín, en un carro tirado por caballos y yeguas –en igual proporción–. Porta una lanza en la mano derecha y en la otra, enrollado, un ejemplar de Tiempo Argentino. En la espalda lleva colgado un escudo con la cara del Nestornauta con varias calcomanías pegadas: “Nunca menos”, “Unidos y Organizados”, “Vamos por todo” y “Esto no es La Matanza”.

Lo sigue el grupo de los fieles mirmidones, formado por los panelistas de 678, por varios ministros mudos y por los yuppies de La Cámpora, siempre dispuestos a dejar la piel por el interés de este Gobierno, a cambio de un pequeño interés. El sol del mediodía azota las playas. Sabbatella cabalga decidido. En donde pisan los cascos de sus caballos, no vuelve a crecer el pasto –ni la soja, ni el trigo–.

Finalmente, llega a la alta puerta de Ilión, reconocible por la silueta roja que sostiene una corneta. Es la morada del Magnetto, el malvado hechicero que hipnotiza al pueblo para que nadie pueda apreciar las bondades del modelo. Magnetto es el responsable de todos los males habidos y por haber. Magnetto aumentó los precios de la canasta básica, liquidó mal los sueldos de los gendarmes, intervino Harvard y Georgetown, se robó los fondos de Santa Cruz, apagó la luz del estadio chaqueño, cortó los frenos del Sarmiento, hizo desaparecer a Jorge Julio López, hundió el Belgrano y mató a Facundo Quiroga en Barranca Yaco.

Sabbatella se baja del carro y carraspea, aclarándose la garganta. Pensando que quizás dijo algo, los panelistas de 678 aplauden por las dudas. El Aquiles del AFSCA avanza hacia la puerta de Clarín. Se llena los pulmones de aire y brama por Magnetto: “¡Héctor! ¡Heeeéctor!”.

Mientras tanto, van ganando la playa los refuerzos de las tropas kirchneristas. Por allí aparece Boudou, un ser mitológico de varios brazos y manos muy ligeras, que tiene la capacidad de tocar moderadamente la lira, y espera deseoso que caiga Troya para demostrar que aprendió los acordes de “Arde la ciudad”. También desembarca Kiciloff, una gorgona de ojos azules que con la mirada funde empresas a su antojo, y el temible Etchegaray, cancerbero de la raza de los sabuesos, capaz de despedazar a cualquier soldado opositor y de impedir que las personas crucen exitosamente el Estigia, o el Río de la Plata.

Arrastrándose de un lugar a otro –mientras se asegura que todos estén pisando el pasto– se puede ver a Abal Medina, un ser con cabeza de hombre y cuerpo de gusano, que a su paso va dejando una mancha viscosa que no se borra.

Pero, sin dudas, el más temido de los sitiadores es Moreno el Polifemo. Este brutal ogro, desprovisto del segundo ojo –que le brindaría perspectiva– se caracteriza tanto por una violencia desmedida como por sus recomendaciones de utilizar utensilios de cocina para fines no culinarios.

Desde la retaguardia, la Diosa comanda las tropas kirchneristas. Como señala José Pablo Feinmann –sumo sacerdote de Cristina– ella es la sumatoria de la poderosa Hera, la sabia Atenea y la amorosa Afrodita. Pero volvamos a las altas puertas de Troya.

Sabbatella grita dando patadas al suelo y golpeándose el pecho. Lo que desconoce tanto él como la Diosa, es que detrás de esos muros, vive muchísima gente a la que Magnetto no le importa demasiado. Muchísimas personas a quienes la guerra con Clarín les interesa menos que el precio de la lechuga. Esta gente es la que va a sufrir si Troya cae. No por Magnetto, que es baladí, sino porque uno sabe que cuando un conquistador se endulza, no hay quien lo pare.

¿Quiénes son los héroes que aguardan dentro de los muros para proteger a Ilión? Bueno, lo cierto es que no hay ninguno. Nadie ha dado un paso al frente para defender los intereses de un pueblo asfixiado y sitiado por el impuesto inflacionario, el cepo cambiario, y la pérdida de la institucionalidad. Es más, quienes deberían haberse armado políticamente contra los sitiadores, se han comido, no uno, sino varios caballos de madera, en forma de leyes que sólo aumentaron el poder de este Gobierno. Nadie hizo caso de Laooconte, cuando dijo “No confío en los griegos, aunque vengan con regalos”.

Sólo una bestia mitológica, de lengua ácida, y que expele humo por sus orificios, ha logrado aguijonear un tanto a los pobladores. Demasiado poco, para casi una década de relato. Algunos –muy pocos– economistas, periodistas o analistas vienen desde 2003 denunciando que las bases mismas de este modelo son el autoritarismo y el empobrecimiento generalizado. Sin embargo, la maldición de Cassandra ha pesado sobre ellos: han profetizado lo que iba a ocurrir, pero nadie les creyó.

Todo está sentado para las batallas, que esperemos sean sólo discursivas. Las fechas son tantas que confunden, 27-O, 8-N, 7-D. ¿Cómo terminará esta historia?

Sólo Zeus sabe.

© Economía para Todos

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