
Javier Milei. Pasea su intolerancia por el mundo, la despliega en Brasil,
en España o en donde desembarque. (Foto/AFP)
Por Sergio Sinay (*)
La intolerancia proviene de la ausencia de argumentos razonables, dice el psicoanalista italiano Massimo Recalcati. Cuando los argumentos existen es posible el debate, y este enfrentamiento entre razones opuestas puede incluso derivar en conflicto. Pero conflicto no significa violencia, represión ni insulto. El conflicto es parte natural de la vida, es fruto de la diversidad, de los distintos puntos de observación, de las diferentes perspectivas, de los disímiles modelos mentales, y es siempre abordable. Cada ser humano es único, lo son su historia, su psiquis, sus experiencias, sus aspiraciones. No somos clones de un modelo original y único. Quien no acepta la diferencia tampoco puede debatir, trata de imponer su mirada y su pensamiento como los únicos posibles y aceptables y lleva el conflicto al plano de la violencia, ya sea simbólica, verbal o física. Ese es el origen de la intolerancia.

