| La argentina Lucrecia Martel, presidenta de la competición oficial del Festival de Venecia. (Foto/Stefania Dalessandro) |
Los hechos son sencillos: el pasado miércoles 28, la presidenta del jurado del Festival de Venecia —la cineasta argentina Lucrecia Martel— declaró que no asistirá
a la gala de la película de Roman Polanski por solidaridad con Samantha Geimer, la adolescente víctima de la violación perpetrada por el director en 1977, y declaró abiertamente su incomodidad ante
la presencia del director polaco en el festival, aunque no su “veto”, un gesto político no sé si muy compatible con la neutralidad que se debería exigir a la presidenta de un jurado y que reabre
el sempiterno debate sobre la distinción entre el artista y su obra, y, más ampliamente, sobre si debemos vetar los contenidos generados por artistas de vida censurable o, más que censurable, delictiva.
