Por Jesús
Fernández Úbeda
El remordimiento actúa
como un ruido sordo e intermitente, como una sombra íntima del pecado original
que, cuando asoma, te recuerda que jamás fuiste un santo. Freud lo definió como aquel “sentimiento de
culpabilidad consecutivo a la falta realmente realizada” que implica la
“disposición a sentirse culpable, es decir, una conciencia
moral”. Nietzsche lo
comparó con “la mordedura de un perro a una piedra”.
