“En tierra de tuertos, el ciego es el rey”
| La apoteosis de Homero, obra de Dominique Ingres / Museo del Louvre |
Por Renato Salas Peña
De Homero nada sabemos: pícaro rapsoda roba versos de aedas con ceño
fruncido, hijo de Creteis y un tal Meón parido a las orillas del río Meles (por
esto el Melesígenes), alumno selecto de Femio y viajante al lado de Mentes,
enceguecido por el tiempo y el cansancio, y de allí toda una “cuestión” que
arranca desde la época alejandrina y pasa por la vara rígida del abate de
D´Aubignac que la tilda de un simple menjunje compilatorio y llega a la
negación atea total de Juan Bautista Vico, pero que luego reaccionará con
defensores “a su manera” como Kirchhoff que también la refleja como una
sumatoria de partes, para llegar a Hegel que le da el valor de omnisciencia a
este extraño personaje que aprendió que en tierra de tuertos el ciego es el
rey.
