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| Por Jorge Fernández Díaz |
Los impasibles científicos de la política tienen por estos
días la misma impresión que los fríos tácticos del fútbol: antes el gran
espectáculo consistía en mirar cómo se atacaba; hoy la gracia está en ver cómo
se defiende. Pasó con la victoriosa escuadra argentina en este Mundial
increíble y pasa ahora con el gobierno de Cristina Kirchner, que empezó
llevando la iniciativa con "juego bonito" y pelota dominada, siguió
hostigando a cuanto rival se le oponía y hoy se encuentra colgado del
travesaño, mirando el reloj y atajando penales.

