sábado, 17 de febrero de 2024

Rolex en los tobillos

 Por Carlos Ares (*)

El fiscal pensó recopilar todas las pruebas presentadas en el juicio que condenó a Cristina. Quería hacer un alegato incontestable. Se decidió por algo más actual: la foto de Scioli. Miembros del jurado, ¿hace falta que les diga quién es, qué hizo, la cantidad de muertos en la inundación de La Plata que ocultó cuando fue gobernador, entre otras denuncias que nunca se investigaron? Participó de gobiernos privatizadores, estatizadores, saqueadores. Nunca se hizo cargo de nada. Es todo, señor juez.

Si un proceso similar se siguiera a los principales responsables del fracaso, la foto de Scioli podría acompañarse con la de, ¿cuántos?, ¿quiénes? Googleen, pediría el fiscal a sus colaboradores, consulten a la artificial inteligencia de los fanáticos si saben los nombres de los que siguen en el poder desde los noventa. Empresarios coimeros, nunca condenados, dirigentes gremiales millonarios, nunca procesados, funcionarios sobornados, nunca encarcelados. Sin contar los que se fueron sin pagar cuando tenían causas pendientes: Menem, Kirchner, incluso Julio Grondona, el de la AFA,

Un joven estudiante de derecho, incorporado a la “familia judicial” por recomendación de algún pariente, dispuesto a ejercer la defensa de las víctimas, pobres, ausentes, humillados, indignados, mientras revisa causas archivadas, como la del matrimonio Kirchner sobreseídos en un día por el juez Oyarbide, que después reconoció haber sido “apretado”, o “Canicoima” Corral como lo llamaban en tribunales a Canicoba, no dudaría de sus ideales, pero sí de un sistema capaz de convertir a personas que se creen honorables en personajes miserables.

¿La Justicia es, o se hace? ¿Es la garantía de igualdad de todos ante la ley, o se hace al precio de mercado? ¿Es el poder independiente que repara, equilibra, o se hace según un pacto mafioso que le concede cargos vitalicios, sueldos extraordinarios libres de impuestos, vacaciones dobles, días de licencia, adicionales por antigüedad, viáticos, jubilaciones de privilegio? ¿Se sienten cómplices los jueces cuando ven los muertos en vida que los ladrones del Estado dejan en las calles? ¿Reducen su propia pena? ¿Dejan de robar por dos años? ¿Usan los Rolex en los tobillos?

Escuchen a Scioli, “¿Qué les llama la atención? ¿Que quiera ayudar? ¿Que vengo y me comprometo en un momento difícil para el país?" Se autopercibe héroe. Espera una condecoración. “Cuenten cuántos peronistas hay en el Gobierno, agarren papel y lápiz y hagan la lista. Yo pongo la cara por lo menos”. El “por lo menos” del final debe leerse: “me la llevo de frente, no como otros”. Ayuda sin renunciar a los beneficios. Pide comprensión, abrazo, beso.

La Patria no se vende. No se vende otra vez, deberían aclarar en las consignas. Ya la liquidaron antes. Menem privatizó Aerolíneas, los trenes, YPF. Le dio 600 millones de dólares a Néstor. Repartió con los sindicalistas. Cuando ya no sabían en qué caja meter mano después de reventarla, volvieron a estatizar. Empresarios amigos, como los Eskenazi, hicieron fortunas en el pase con acciones regaladas de YPF. Un fondo buitre las compró porque sabían que el juicio, después del manoteo de Kicillof, amparado por Cristina, se ganaba fácil. Dieciséis mil millones de dólares más de deuda. Veinte millones de pobres, cinco de indigentes, seis de cada diez pibes no se alimentan bien.

Sólo se trata de negar. Declararse inocente. Acusar a otros. Denunciar persecución. Manipular el relato, las pruebas, las cuentas, los hoteles, los testigos, los Báez, los testaferros. Cristina, Alberto, Macri. Nadie tuvo nada que ver. Scioli, Insaurralde, Espinoza, Insfrán, el obsceno reparto en los Parlamentos de provincias. Nadie es, nadie fue. De todos los que hablaron en el Congreso, ninguno aceptó siquiera haber aprobado antes algo de lo que ahora impugnan.

Cuenta Scioli que le dijo al Presidente: “Este momento me hace acordar a cuando estaba desangrándome después del accidente en la lancha. Los médicos tenían que intervenir de urgencia, debían salvarme, frenar la hemorragia y estabilizarme. Después vino mi recuperación”.

“Qué buena metáfora”, comentó Milei, mientras enchufaba la motosierra.

(*) Periodista

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