sábado, 20 de enero de 2024

¡Qué país sería éste!

 Por Carlos Ares (*)

En “Negro y Rosa”, una obra de teatro que escribí como tributo a Roberto Fontanarrosa, estrenada en Rosario al cumplirse un aniversario de su muerte, traté de recrear algunas de nuestras conversaciones de café. Nada serio, por supuesto. ¿Qué asunto importante, fuera del fútbol, iba a aceptar tratar un escritor popular como él con un cronista busca? Le divertían las observaciones basadas en datos incomprobables. Una noche de verano, bebiendo, boludeando, se nos reveló uno de los graves problemas de los que ningún gobierno se hace cargo: la evidente caída de las relaciones sexuales que provocan las sucesivas crisis económicas.

Da paja insistir, pero en un ecoambiente tan favorable a emprendedores, empernadores, abrochadores seriales, con los mejores recursos naturales para hacer el amor –climas, paisajes, variedad de tipos humanos, cero prejuicio sobre géneros, colores de piel, religiones, formas físicas, con oferta amplia de preservativos, juguetes estimulantes, pastillas que elevan, fortalecen, sostienen el placer, hoteles alojamientos con amenities, etc.– nadie parece alarmarse por la prolongada tendencia a la baja de las expectativas, las ganas, el ánimo. La calentura de la población se agota en la protesta. ¿Quién va a invertir en estas condiciones? ¿Quién la va a poner acá?

Según encuestas nocturnas, el tema aparece, se manosea, se toca tímidamente, en salidas de amigos. Hombres, mujeres, autopercibidos cualquiera, admiten la escasez. Nunca la propia, claro. Como era de esperar, el delicado asunto llegó a “La mesa de los galanes” de El Cairo, el bar de Rosario en el que cada tarde se reúnen expertos en diversas manualidades, inclusive famosos cuando están de paso, tal el caso del cantautor Joan Manuel Serrrat. Amigos de amigos, de otros amigos sin identificar, reconocieron una caída significativa de polvos válidos estimada en un 76%. Consultado a distancia, Serrat no estuvo de acuerdo. Redujo el porcentaje a la mitad. Su opinión fue valorada como la de una figura que juega en otra liga.

A ojo de buen cubero [no del “carnicero” que era cuatro de Vélez, exde Nicole Neumann, al que tampoco le caben las generales de la ley, que aplica a los comunes] la cuestión revisada por los galanes preocupó mucho en un territorio históricamente fértil. Calidad premium que salta a la vista. Hay cantidad de rosarinas bellas, admiradas a su vez por leprosos sedientos que redoblan la pasión cuando hace falta alentar, a la par de canallas entrenados en el oficio de sobrevivir a la derrota, expertos todos en el arte de la seducción. Más en estos días ardientes a causa del reflejo del sol en la arena, en el agua del río, en las escamas del pescado, por otra parte, un alimento saludable, que baja el malo y sube al bueno. Son costosas para los visitantes, eso sí, las primas de riesgo, o tías, o hermanas, cuando se negocia rescindir compromisos con maridos, novios, amantes locales.

Fue necesaria una consulta en redes sociales, sin foto, nombre, sexo del participante, para tratar de confirmar con datos la inquietud empírica. Por motivos varios, calor, mosquitos, inflación, inseguridad, la posible renuncia de Scaloni, la edad de Messi, se comprobó que, en efecto, todo conspira para que el deseo no se alce al mínimo requerido. La erección de Milei, aún con Fátima Florez en la foto, no movió la aguja. Un miembro en estado de abandono a la molicie, algo morcillón, resaltó el nivel dramático de la bajante. Para evitar memes, burlas de quienes tienden a tomarse en joda estos testimonios, se consigna sólo la parte más significativa del mensaje: “Loco, no me da ni para el monotributo”.

En memoria de aquella angustia compartida escribí un diálogo en el que el negro Fontarrosa recibe una queja de uno de sus personajes, “Boogie, el aceitoso”, célebre mercenario, veterano de la guerra de Vietnam, celoso porque Inodoro tenía a la Eulogia, pero a él nunca le dibujaba una compañera.

Boogie:… Yo escucho que sus amigos todos los días salen con una mina nueva.

Negro: ¡Pero no! ¡Cómo les vas a creer! Mienten. Ellos viven sus fantasías para que yo las escriba.

Boogie: ¿No garchan tanto?

Negro: ¡Ni en sueños! ¡En una de ésas, ponele, en relación con el promedio nacional, acá en Rosario es un poco más, porque las minas son más dadas, pero, igual siempre es muy poco entre lo que se quiere y lo que se puede. Si uno de los problemas más serios que tenemos es justamente ése…!

Boogie: ¿Cuál?

Negro: ¡Que se coge poco! ¡Si no!… ¡Sabés qué país sería éste!

(*) Periodista

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