martes, 6 de septiembre de 2022

Atentado contra Cristina: por qué se profundizan los riesgos de una "polarización afectiva"

 La polarización afectiva, un fenómeno que profundiza la grieta en la
sociedad argentina. (Imagen/iProfesional)

Por Lucas Romero (*)

Lo ocurrido el jueves pasado en la puerta de la residencia de Cristina Kirchner es un hecho de una inusitada gravedad política, que podría haber tenido una dimensión infinitamente más grave para el proceso político si el arma hubiera disparado la bala que el atacante pretendió usar contra la vicepresidenta.

Se vuelve difícil dimensionar el alcance, las repercusiones y las implicancias que tendrá un hecho de semejantes características en el corto y mediano plazo, porque es tan grave el asunto que se requiere más información del hecho. Pero, también, se requiere conocer cuál será la actitud de la dirigencia política, tanto oficialista como opositora, para moldear la discusión pública en derredor del acontecimiento.

En principio, de no mediar información en contrario, se trata de un hecho grave pero que no representa un hecho de violencia política. Es decir, no se trató de una acción deliberada de un grupo o sector político para perpetrar un atentado contra la vida de la vicepresidenta, sino que se trató de violencia delictual. De un hecho asociado más a una circunstancia aislada, protagonizada por un individuo carente de estabilidad emocional y psíquica, que a un hecho enmarcado en una secuencia de violencia política. Esto le pone cierto límite a la repercusión política que este acontecimiento pudiera tener, aún sin restarle gravedad.

La actitud de la dirigencia, clave para lo que vendrá

Para conocer con precisión todas las implicancias del atentado, también tendremos que conocer otro aspecto central de la dinámica que tendremos a continuación, que es qué actitud tendrán los dirigentes políticos para conducir el debate sobre el asunto en la conversación pública. El modo en que la dirigencia conduzca ese debate, determinará el modo en que la gente participe de él.

La discusión puede fomentar una mayor polarización si prevalecen las sospechas, las acusaciones y las mezquindades para poder sacar rédito político de la situación. O podría desescalarla si prevalece un ánimo de concordia y diálogo entre rivales políticos, donde se fijen límites a la discusión pública y donde se busque poner al todo (la democracia y la convivencia democrática), por encima de las partes (los intereses partidarios o las facciones políticas).

La decisión del Presidente de decretar el jueves por la noche en cadena nacional un innecesario feriado nacional para facilitar la movilización ciudadana, ya anticipaba lo que finalmente ocurrió: la decisión tenía como objetivo facilitarle al oficialismo la oportunidad de movilizar a sus bases territoriales para demostrar apoyo político a la vicepresidenta. Lo que podría y debió haber sido una movilización de todo el arco político en pos de reafirmar la convivencia democrática, rápidamente se transformó en una movilización oficialista convocada con consignas que hacían prevalecer más el interés particular de expresar apoyo a Cristina, que el interés general de expresar una férrea defensa de la democracia y la convivencia política.

En el mismo momento, si bien la mayoría de los dirigentes opositores manifestaron su repudio, alguno de ellos prefirieron el silencio (como el caso de Javier Milei), que se volvió ruidoso por la naturaleza de los acontecimientos. Y otros insinuaron dudas sobre la posibilidad de que el hecho pueda haber sido una farsa. Si empezaran a prevalecer actitudes como estas, tampoco de parte de la dirigencia opositora se estaría contribuyendo a que la discusión pública sea un escenario propicio para desescalar la polarización.

Las implicancias políticas de la polarización afectiva

¿Puede haber sido la creciente polarización un factor disparador de este hecho? ¿Puede ser el nivel de confrontación política que vivimos un condicionante para que este muchacho de 35 años tomara esa decisión tan criminal? ¿Puede ser esto el comienzo de una secuencia reiterada de hechos como este? Ello depende de qué características adopte la polarización política local.

La polarización política no puede ser solamente de ideas, puede ser también una polarización afectiva. Ello la transforma en un fenómeno aun más peligroso para el proceso político que la distancia que se pudiera tener a la hora de discutir propuestas programáticas irreductibles. Hay esencialmente tres tipos de polarización: la ideológica, la social o territorial y la afectiva, que es la que más define a nuestra grieta.

La polarización ideológica es la distancia que se produce en la discusión de ideas. Si bien es la polarización más tradicional, no es extraña a las democracias modernas. En todos lados hay diferencias ideológicas entre las diferentes expresiones políticas en competencia. Sucede también aquí. Pero a pesar de las diferencias, no pareciéramos estar frente a una escalada peligrosa en esta materia. Es más, cuando uno mira las decisiones que está tomando Sergio Massa en el ministerio de economía, uno podría identificar decisiones que bien pudieran ser tomadas por dirigentes de la hoy oposición. De hecho, no encontramos ideas muy rupturistas de ciertos consensos básicos que prevalezcan programáticamente hablando en la historia política reciente.

La polarización social o territorial, llamada también segregación, favorece otro tipo de conflictos que se originan en las distancias o en la separación territorial, geográfica o urbana. Este tipo de conflictos tampoco están presentes en nuestro país. Apenas podemos identificar tendencias sutilmente diferentes entre los centros urbanos y los pueblos rurales del interior. Y por otro lado, el clivaje Buenos Aires-Interior tampoco termina de ser un clivaje peligroso para la convivencia democrática, ni para la discusión pública.

Sin lugar a duda, la polarización más peligrosa y presente en el debate público local es la afectiva. Es la que se genera cuando se constituye una identidad afectiva con un liderazgo o un partido y ese afecto lleva a rechazar afectivamente a los liderazgos o partidos opuestos o rivales. Se produce cuando ocurre la proliferación de una distancia emocional entre los individuos, y del debate de ideas se pasa al rechazo afectivo de lo otro. Este tipo de polarización se ha viso potenciado por las denominadas burbujas ideológicas o cámaras de eco, un fenómeno en el que la gente se vincula cada vez más con aquellos que comparten ese afecto y ese sentimiento, y ello potencia el rechazo por lo otro, por lo distante. Las redes sociales han ayudado mucho a conformar este tipo de burbujas ideológicas.

El riesgo de la polarización afectiva

Como el espacio público se reduce a mi grupo de pertenencia, como entran en juego mecanismos cognitivos como la exposición, la percepción y la retención selectiva, la distancia entre los grupos de maximiza y se rompen las condiciones mínimas para la convivencia social y democrática. Este tipo de polarización es capaz de despertar, en personas con cierta inestabilidad psíquica y emocional como Fernando Sabag Montiel, un deseo criminal de terminar con la vida de aquella líder que se rechaza.

Los dirigentes políticos organizan las ideas que se debaten en una sociedad, pero también conducen pasiones. Y ello debe hacerse con responsabilidad. Por ello, las decisiones colectivas son producto de procesos institucionales y no personales.

Es hora de que esas pasiones sean conducidas con responsabilidad. No apaleando a movilizaciones para ejercer presiones políticas, ni amenazando a las instituciones con las pasiones humanas de los ciudadanos.

Desescalar la polarización afectiva es una tarea de todas las partes. Y requiere compromisos de no apelar a argumentos que inflamen las pasiones de sus adherentes, y de conducir la conversación pública por andariveles que se limiten al intercambio de ideas y no a la confrontación de pasiones. El atentado a Cristina Kirchner es un ejemplo de las cosas que pueden suceder cuando se pierde el gobierno de las pasiones, y la creciente polarización afectiva es un síntoma claro de que ello está ocurriendo en nuestra sociedad.

(*) Politólogo y director de Synopsis Consultores

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