sábado, 9 de julio de 2022

Mi más sentido pésame

 Por Carlos Ares (*)

Te acompaño en el sentimiento. Quién no querría hacer una bolsa de basura con la lona del circo. Tirar ahí a los que desde hace treinta años cagan gente y no se limpian el culo de vez en cuando con acciones nobles para evitar el olor a mierda que dejan a su paso. Abrojos políticos, ratas sindicales, empresarios cómplices. Una bolsa negra resistente. Que no derrame bosta en el camino. Que no la puedan rasgar los perros que se quedan sin amos. Cerrarla con doble nudo y echarla al contenedor de la historia.

Te acompaño en ese sentimiento con un abrazo callado. Si fuera posible, escribiría ahora el signo del silencio como en una partitura musical. Un silencio de sonidos que dure los compases de tiempo que tenga que durar hasta que tengamos ganas otra vez, ánimo, necesidad de salir, de silbar alguna melodía, de cantar un viejo tema que nos recuerde jóvenes, de escucharnos felices de estar juntos todavía.

Un país velado a sillón vacío. Lágrimas, desolación, adioses. ¿Volveremos a vernos? La tristeza del duelo, el dolor de la partida se tiende como un filtro gris, sobre las caras nubladas del invierno. Ahí donde miramos vemos el fondo infinito de una noche que parece eterna. Muertos en vida rondan en carros cartoneros. Cuerpos aún con vida salen cada mañana a ganarse el día. ¿A quién abrazar? ¿Quiénes son los deudos? ¿Quién paga las deudas?

No da el momento, la angustia de esta agonía, para periodistas con el dedo alzado que olvidan lo que decían ayer nomás, ni para candidatos oportunistas que se lanzan como buitres sobre los restos. Siempre estuvo todo a la vista de quien quisiera mirar con sus propios ojos. Los bolsos de López en el convento, los fajos de billetes que contaba el hijo de Báez en la financiera, las propiedades de Muñoz, De Vido, Boudou, Aníbal Fernández, los videos de Youtube de Néstor, Massa, Alberto.

Fueron demasiados los años de discursos interminables, cadenas nacionales, de soportar mohínes, sermones, reproches, relatos, mentiras, acusaciones infundadas. Metidos todos ahora en el barril del Chavo, esperamos que algún Quico de la vecindad le grite: ¡cállate, cállate que me desesperas! En redes sociales, entrevistas, artículos en los diarios. Ahí se podía leer sin intermediarios, sin opinadores que interpreten, que Alberto denunciaba el encubrimiento en el pacto con Irán, admitía los graves delitos de corrupción, acusaba de patético al gobierno de Cristina.

Alberto se estaba limpiando cuando la ambición le aflojó los intestinos otra vez. Aceptó ser parte de un truco remanido. Entró en la caja. Le sobresalían la cabeza y las patitas. Sonrió. Sonreía todavía cuando escupió sangre. El serrucho le fue recortando el poder en finas fetas de funcionarios. Pobre tipo. Pobres de nosotros que asistimos impotentes desde la platea desde hace años a las continuas representaciones criminales del peronismo en el poder. Persecución, amenazas, extorsión, asesinatos, corrupción, estafas, Montoneros, Triple A, barras, patotas, narcos, burócratas sindicales.

Cuando el voto logra bajarlos, se ocultan entre bambalinas, debajo de los escritorios. Desde ahí tiran piedras, infunden miedo, alientan saqueos, movilizan el desaliento. Así lograron acortar el mandato de Alfonsín, echar a De la Rúa. Se les atragantó Macri. Cuando recuperan los cargos, la chequera de las cajas, abren la manguera, apagan las protestas de los que administran los fósforos. Reparten guita pública entre las mafias a las que antes les ordenaron encender el fuego.

No es hora tampoco de lamentos solitarios. Contar la película como espectadores que nada tienen que ver con la trama, sería negar la parte de responsabilidad que nos toca. En el juego de la democracia tenemos un rol importante como ciudadanos. Meros extras a veces, apenas uno más de la multitud en escenas secundarias, sin líneas de diálogo, pero aun así decisivos. Somos/seremos siempre, los que al cabo hacen el número necesario para que alguien gane. Los giles que votan creen, tienen esperanzas, porque en una de esas quién sabe, quién te dice. Ojalá que esa inocencia nos siga valiendo.

Dentro de lo que hago, de lo que puedo, te acompaño en el sentimiento.

(*) Periodista

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