sábado, 18 de junio de 2022

Serrat no canta en castellano, canta en español


Por Bruno Bartra (*)

Un mito milenario hecho canción rozó las fibras sensibles de todo un continente y transformó la carrera de su intérprete. “Penélope” fue un éxito inmenso en Latinoamérica y le abrió a Joan Manuel Serrat las puertas de este hemisferio. Como la mítica historia de amor entre Penélope y Ulises en La Odisea, la versión actualizada por Serrat parece aguantar el embate del tiempo y tener madera para perdurar en voz de futuros intérpretes. 

El pasado 27 de abril, cuando el icónico cantante catalán inició en Nueva York su gira de despedida, fue una pieza que el público le pidió constantemente; la semana pasada, en sus conciertos en el Auditorio Nacional de México, la insistencia fue tal que la interpretó como encore. La ovación y el aplauso evocaron sus primeros pasos por nuestro continente, 53 años atrás.

Pero detrás de la historia de éxito latinoamericano que representa esta pieza hay algo de mayor impacto: de manera consciente o inconsciente, Serrat debió percatarse de la fuerza que tenía la lengua española para transmitir sus ideas. Para entonces, el cantante catalán ya había tenido sus roces y críticas por cantar en español: siendo un afamado exponente de la nova cançó –la versión catalana de la canción de protesta– y en tiempos en que el franquismo buscaba extinguir, a fuerza de sangre y ley, las otras lenguas habladas en España, algunos catalanes reprobaban el hecho de que Serrat utilizara dicha lengua.

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Desde su primer álbum, Ara que tinc vint anys (1967), ya había una vocación de conexión intercultural ibérica, tanto en la música como en la letra. La melodía y cadencia de acordes de la pieza “Me’n vaig a peu” tienen ese carácter andaluz que ha contagiado a toda la música popular de Hispanoamérica. “Cançó de bressol” inicia con una copla en español que la madre aragonesa de Serrat le cantaba de bebé, para partir de ahí a una descripción poética, en catalán, de la vida de una generación vencida, azotada por la Guerra civil española, y padeciendo la dictadura fascista. Serrat describiría esa pieza como un homenaje no solo a su madre, sino a los desplazados internos y exiliados de la guerra. De nuevo, en ella la melodía se relaciona con el corpus musical que permea toda la música popular española, incluyendo al cante jondo flamenco. La copla en español funge como ese nodo que conecta las diversas nacionalidades que conforman dicho país.

El escucha atento podría notar en ese primer álbum que Serrat conocía bien la música de todo su país y con su segundo disco, Cançons tradicionals (1968), que reunía diez piezas del folclore catalán interpretadas a su manera, quedaba asentado que también dominaba la música de Cataluña. En la emblemática pieza “Mediterráneo” de 1971, votada como la mejor canción española del siglo XX, conjugaría ambas músicas.

Antes de ello tendría que transcurrir el tormentoso 1968. En ese año probó su suerte lanzando como sencillos varios temas en español, que eventualmente serían compilados en el disco La paloma (1969). El éxito fue tal que Serrat comenzó a aparecer en revistas, en películas y fue elegido para representar a España en el Festival de la Canción Eurovisión, que ya desde entonces era la plataforma para el desfile de clichés e identidades europeas.

Poco antes del concurso televisivo, Serrat decidió que interpretaría la canción que se le había escrito, “La, la, la”, en catalán. Este hecho desató una gran polémica en diversos medios de comunicación y el gobierno franquista le prohibió interpretarla en dicho idioma. En respuesta, Serrat renunció a participar.

Parecería irónico que al año siguiente lanzara sus primeros dos álbumes en español: el ya mencionado La paloma y Dedicado a Antonio Machado, poeta (1969), en el cual publicó uno de sus mayores éxitos, “Cantares”, con el célebre y extraordinario verso de “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. Para entender que no hay ironía ni contradicción en este suceso, se debe entender que los versos de Antonio Machado eran un manifiesto antifranquista: el gran poeta había tenido que huir ante el avance falangista y murió en 1939 a causa de la neumonía que contrajo por las inclemencias del camino al exilio. Retomar los versos del poeta era una crítica frontal al franquismo. Al cantar las piezas en español demostraba que, aunque el régimen buscara extinguir las otras lenguas, las ideas se podían transmitir en otros idiomas.

No todos lo interpretaron así, ni de un lado ni del otro. Poco después del incidente con Eurovisión recibió rechiflas en varios conciertos por España, mientras que otros tantos le fueron cancelados sin razón aparente. En Cataluña, muchos seguidores de la nova cançó se molestaron por la publicación de sus discos en “castellano”. Pero a sus 26 años Serrat ya comenzaba a forjar su argumento para cantar en cualquiera de los dos idiomas, el cual evocó por enésima ocasión en una entrevista reciente, previa al inicio de su gira del adiós: “Cuando me preguntan si prefiero cantar en catalán o castellano, contesto que en la que me prohíban cantar”.

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Serrat estrenó “Penélope” en septiembre de 1969 en el IV Festival Internacional da Canção Popular de Río de Janeiro, con el escándalo de Eurovisión y las críticas por sus álbumes en español a flor de piel. Después de ello recorrería una Latinoamérica convulsa, ofreciendo un concierto icónico en el Teatro Municipal de Santiago de Chile meses antes del triunfo electoral de Salvador Allende. Se presentaría también en Argentina, inmersa en esa dictadura militar mal llamada “Revolución argentina”, previa al regreso de Perón; y en Uruguay a pocos años del golpe de estado que sumergiría al país en una dictadura cívico-militar. El 2 de noviembre de 1969, a un año de la matanza de Tlatelolco, abarrotó el Palacio de Bellas Artes en su primera visita a México.

A Serrat se le había abierto un universo de más de 200 millones de hispanoparlantes, muchísimo más de los 33 millones de habitantes que tenía España en 1969.

En Latinoamérica él no cantaba en castellano: cantaba en español, el idioma que zurcía culturalmente a la región, la lengua en la que se compartían, entre otras cosas, las ideas contestatarias y de izquierda de la nueva canción latinoamericana, de cuyos clásicos Serrat eventualmente grabaría algunas versiones propias. Si en algún momento había flaqueado su decisión de cantar también en la lengua de Machado, esa conexión latinoamericana habría disipado cualquier duda.

A partir de la gira que abrió con “Penélope”, Serrat regresaría año con año a la región, e incluso en 1975 se exiliaría por un año en México, pues el franquismo lo quería apresar después de haber criticado la pena capital en España. En esos años, grabó algunos de sus álbumes más celebrados, como el monumental Mediterráneo (1971), y los extraordinarios Miguel Hernández (1973), Per al meu amic (1973), Res no és mesquí (1977) y 1978 (1978). Buena parte de estos trabajos rendían homenaje o musicalizaban partes de la obra de algunos de los más grandes poetas del siglo XX español, siempre con una clara postura antifascista. Pero mientras el régimen de Franco languidecía y se extinguía a fines de 1975, en Latinoamérica proliferaban las dictaduras militares. Durante el régimen de Augusto Pinochet, Serrat jamás pudo pisar Chile, ese país que le había dado tan cálida bienvenida en el 69.

Para 1985, la conexión con Latinoamérica, y en particular con su intelectualidad de izquierda, llegaría a su clímax con otro de los grandes álbumes de Serrat, El Sur también existe. Ahí narraba la situación de inequidad global y división internacional del trabajo, partiendo del poema del mismo nombre escrito por Mario Benedetti. El escritor español Manuel Vázquez Montalbán alababa ese mismo año al disco de Serrat y la obra de Benedetti, como detonantes de la reflexión sobre el “Sur global”.

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Joan Manuel Serrat, ya consagrado como uno de los más grandes artistas de la música popular española, marcó a múltiples generaciones de todo el orbe. Sus piezas han sido utilizadas como estandarte de distintos movimientos de protesta, y en más de una ocasión se le ha reconocido además su labor de difundir la literatura española y latinoamericana.

Sin embargo, a pesar de esa larga trayectoria que parecería despejar cualquier duda sobre su uso de los idiomas o incluso su ideología política, de vez en cuando regresan los fantasmas añejos. En diciembre de 2014, algunas personas se indignaron en redes sociales cuando Serrat cantó algunas piezas en catalán durante un concierto que se transmitía en la televisión española, después del discurso navideño del Rey. En enero de 2018, los independentistas catalanes llamaron a boicotear un especial sobre la vida de Serrat que transmitiría TV3 en Barcelona. La razón, argumentaban, era que Serrat era un “traidor”, puesto que había criticado el referéndum independentista realizado en octubre de 2017, aunque omitían mencionar que al mismo tiempo había criticado duramente la política de Rajoy. El boicot llamaba a cambiar de canal durante dicha transmisión; al final, la cordura pareció predominar, dado el alto rating que obtuvo el especial. En diciembre de 2018, durante un concierto en Barcelona, un espectador le reclamaba a gritos a Serrat que cantara en catalán. El artista detuvo la música para responder a dicha persona, que quedó un tanto ridiculizada. El evento llevaba por nombre “Mediterráneo da capo”, y quedaba claro que se trataba de una interpretación completa del emblemático álbum, cuyas piezas están escritas en español.

La gira de despedida de Serrat lleva por nombre “El vicio de cantar: 1965-2022”, y pasará a lo largo de 2022 por todos aquellos países donde su música ha dejado una huella profunda, concluyendo el 23 de diciembre en el Palau de Sant Jordi, en Barcelona.

Su éxito y extensión son testimonio del largo alcance, profundidad y raigambre que han adquirido los versos propios y ajenos en su voz, ese canto en español que une poblaciones, sensibilidades, y generaciones. Su música ha entretejido una cultura singular iberoamericana. Se le extrañará sobre los escenarios, desde luego, pero su música seguirá sonando en voz de otros artistas. Y él, como ha dicho, gozará de sus hijos, sus nietos y el canto de los pajaritos en el jardín, que le seguirán inspirando para escribir y grabar música en casa.

(*) Sociólogo, etnomusicólogo, periodista y DJ

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