jueves, 14 de abril de 2022

El 6,7 % de inflación y el despegue de Cristina complican más a Alberto


Por Daniel Santa Cruz

Había mucha expectativa, estaba programado que Cristina Kirchner hablara al mediodía de ayer en la inauguración de las sesiones de la Asamblea Parlamentaria EuroLatinoamericana (Eurolat) en el Centro Cultural Kirchner, porque sus palabras iban a marcar parte de la agenda del llamado “miércoles negro” que le deparaba al gobierno de Alberto Fernández, porque horas más tarde el Indec daba a conocer la inflación mensual de marzo de 6,7%, la más alta en mucho tiempo.

El ambiente se percibía raro, antes de que Cristina llegara al CCK de manera notoria se sabía por dónde podía ir su discurso. Bastaba escuchar a las gradas, llenas de militantes camporistas, que cantaban a viva voz: “De la mano de la Jefa vamos a volver”, cómo si ya se hubiesen ido de un gobierno que sus referentes aún integran o como un anuncio de una salida masiva de él. El club del helicóptero puede ser cruel también con los suyos.

Y Cristina no defraudó a los propios, sin ningún tipo de pudor castigó al Presidente que ella ungió en 2019 con una frase demoledora: “Que te pongan una banda y te den un bastón no significa que tengas el poder” y agregó: “Ni te cuento si además no se hacen las cosas que hay que hacer, pero dejémoslo ahí…” rara forma de autocontrol, dejando entrever que elige el silencio en público para evitar decir las palabras demoledoras que su círculo cercano ya le adjudica. Todo esto seguido de aplausos que bajaban de los mismos militantes que votaron e hicieron campaña por el Capitán Beto, apodo cariñoso con que se lo bautizó a Alberto Fernández en ese momento de campaña que hoy pocos quieren recordar. Todo es más curioso porque muchos de ellos son empleados públicos de la administración a la cual detonan con sus actitudes.

Pero también la Jefa habló de desigualdad, con su manera tan sui generis de ubicar ciertas acciones de los demás como si ella estuviese ubicada en las antípodas de las mismas. Dijo: “Las desigualdades no nacen por un orden natural. Son el producto de decisiones políticas o de falta de decisiones políticas”, sin siquiera sonrojarse por cobrar 3 millones de pesos por mes con dos pensiones, algo así como 100 jubilaciones mínimas, con la colaboración de la Anses, que no apeló ese fallo como hizo con miles de jubilados que murieron sin cobrar lo que les correspondía. Y los aplausos seguían, como si la historia de Cristina se escribiera en un manual aparte, donde los privilegios y los hechos de corrupción son permitidos en algunos líderes que se creen elegidos por sobre el resto de los mortales.

El kirchnerismo duro tuvo su acto, copó un evento de parlamentarios extranjeros para llevar y pelear un round de su propia interna, no importó la presencia de destacados legisladores de otros países, ni la importancia de un encuentro internacional que tiene su propia agenda, era el lugar ideal para marcar no solo el despegue, sino para darle otro empujón al presidente al que ya no solo se lo “chicanea” con libros no leídos o no comprendidos, sino que se lo desnuda de poder en público, se lo deja solo, para que se haga cargo del 6,7 de inflación y de los niveles de ingresos más bajos desde 2006, y del descontento de una sociedad cada vez más limada en su capacidad de ingresos y consumo.

Pero Cristina tiene breviario y realidad propia, si ésta le sirve la adopta, de lo contrario la desconoce o se despega, porque si hay algo que la vicepresidenta no dice cuando enseña sobre cómo se gobierna, es que al poder hay que ponerle el cuerpo, no vale correrse cuando la apuesta salió mal. Mostrarse diferente, jugar en contra del gobierno al que se pertenece, solo convence al fanatismo de que se trata de distintos. Cristina es tan responsable como Alberto de los errores cometidos en esta gestión, la señora de Kirchner no es relatora o analista del gobierno, es la líder del espacio político que gobierna y la segunda en el orden institucional.

Pero todo indica que la pelea interna del cuarto gobierno kirchnerista seguirá escalando, así que pedirle al Presidente que ejerza poder cuando los propios viven debilitándolo no ayuda a que los problemas que angustian al país, como la inflación, comiencen a solucionarse.

Mucho menos cuando los elegidos para hacerlo parecen no entender, no saber o no querer hacerse cargo de una gestión a la que le entra permanentemente agua por debajo de la puerta y la única solución que encuentra es cada tanto cambiar el trapo que intenta, sin éxito, contener una inundación que ya parece inevitable.

© La Nación

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