lunes, 7 de febrero de 2022

Tan enfrentados, tan iguales

 Expresidentes. Desde el punto de vista caracteriológico, 
los enfrenta aquello que cada uno tiene del otro.

Por Sergio Sinay (*)

En la psicoterapia gestáltica, cuyo padre fue el médico y psiquiatra alemán Fritz Perls (1893-1970), se denominan resistencias a los mecanismos por los cuales las personas bloquean la toma de conciencia sobre sus propias conductas

Uno es la introyección: incorporar sin digerir todos los mandatos e información que llegan desde afuera y actuar en consecuencia. Otro es la confluencia, en el cual el individuo pierde toda noción de límite entre sí y los otros. Un tercero es la retroflexión, mecanismo adoptado por quienes se hacen a sí mismos lo que quisieran hacerles a otros, con el autodaño que eso significa. Están también la deflexión (forma maníaca de evitar temas o situaciones, como la de quienes lloran a la primera de cambio, o no paran de bromear aun en las situaciones menos indicadas), la proflexión (hacerle a otro lo que quisiéramos que nos haga, como, por ejemplo, elogiarlo desmedidamente) o el egotismo (desarrollo exagerado de un aspecto de sí, basando la identidad en él al punto de descuidar otros). Y, finalmente, la proyección, que ni por asomo es el menos importante.

Acaso la proyección sea el más visible y extendido de estos mecanismos en las interacciones personales y sociales. Consiste en atribuirle a los demás aquellos aspectos que se niegan, se rechazan o se descalifican en uno mismo. La conducta proyectiva es intolerante, crítica e hipersensible respecto de las características propias que se detectan (o se creen detectar) en otros. Así, se termina por hacer responsable al mundo externo de lo que uno origina en sí mismo. La paranoia sería un caso extremo y patológico de proyección. Y así como las historias que vemos en las películas no ocurren en la pantalla cinematográfica, que es un lienzo blanco, sino que son proyectadas en ella, quienes proyectan echan lo propio en otros. Se produce una suerte de efecto espejo.

Esto ocurre todo el tiempo en la vida y es el origen de abundantes y continuos conflictos, malentendidos e incluso reyertas con finales trágicos. En cierto modo, la proyección está hoy a la orden del día. Y se registra también en la política. Se supone que populistas y neoliberales son opuestos adversarios. Enemigos íntimos. Sin embargo, hay algo en lo que coinciden, aunque se combatan con artillería pesada. Ambos descreen de las normas y reglas derivadas del contrato social que significa la vida democrática. Unos porque ven un estorbo en las regulaciones económicas y jurídicas que ponen freno a la ambición voraz de los más poderosos. Otros porque perciben que las instituciones republicanas y la división de poderes les impiden actuar totalitariamente arrogándose la representación de lo que llaman “pueblo”. En un país donde ambas fuerzas confronten entre sí se asistirá a políticas económicas como la del gobierno anterior, orientada a favorecer a poderes financieros y económicos concentrados, o a embestidas contra la Justicia, a rapiñas de todas las cajas disponibles y a desconocimiento de todo derecho a quien piense distinto, como ocurre actualmente y ocurrió en la anterior deriva kirchnerista. Sobre esto señala el gran pensador búlgaro Tzvetan Todorov (1939-2017) en su libro Los enemigos íntimos de la democracia: “Aunque en todo momento reivindican al pueblo (los populistas) desvían a la democracia de su verdadero destino y, como los adeptos al mesianismo y al neoliberalismo, la ponen en grave peligro”. Populistas y neoliberales lo negarán de una y mil maneras, y achacarán al otro su propio malestar y su propio descreimiento respecto de la democracia, de la cual son enemigos íntimos. Proyección en acción.

También es posible detectar este mecanismo en la continua pugna entre los dos últimos ex presidentes. Más allá de lo anecdótico y circunstancial de cada trifulca, desde el punto de vista caracterológico los enfrenta aquello que cada uno tiene del otro. Y no ocurre solo entre ellos, sino en muchos de los combates entre gallos de riña de la política. Bien podrían retrucarse: “Dime qué te enfurece de mí y te diré qué cosa aborreces de ti mismo”. Con esta clave se pueden descifrar muchas peleas políticas.

(*) Escritor y periodista

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