martes, 2 de noviembre de 2021

No tire su vida a la basura

 Por Carlos Ares (*)

¿Qué hay de nuevo, viejo? El vicio me puede. Tengo que darme un saque diario de noticias. A los dos minutos me hervía la sangre. Será la ola de calor, pensé. Sabía que no. Cuando estaba por dejar, leo que la Anses, manejada por La Cámpora, no va a apelar en el juicio de Cristina Kirchner como hace en los otros 260 mil juicios de jubilados, a la espera de que se mueran para no pagarles. A ella le van a depositar las dos de privilegio, la propia y la del marido. Dos palos ochocientos por mes. Más el retroactivo. Más toda la que se llevaron antes. Como todos los días, me quiero matar.

Decidí suicidarme, pero tranqui. Caía desde la terraza con los ojos abiertos, disfrutando del último vuelo. El viejito del octavo me saludó como si despidiera a un amigo que se muda a otro barrio. La del sexto, estudiante de psicología, tomaba sol en bolas. Tenía un libro en las manos: “No tire su vida a la basura, todavía puede servir para algo”. Dorita, la del segundo, me empujó con la escoba para que no rebotara contra su balcón. Caí en el toldo de la verdulería. Regresé al sexto por la escalera.

“Vino en promoción con las empanadas, está editado en España pero tiene un anexo para Argentinos”, me explicó, ajustando el toallón, “te lo presto”. Mucho “gilipollas, chaval, capullo, follar”. Se lo llevé a Guillermo, un amigo traductor. Si no la sabe, te la interpreta. ¿Qué te puedo cobrar?, dudó. A tres mil por palabra, son doce lucas. Te lo dejo en diez, porque sos vos. Cinco capítulos de cuatro páginas. 1)”A cojer que se acaba” 2) “Siempre es ahora”, 3) “Mañana vemos” 4) “Deja de romper los cojones”. El quinto, “¿Quién sabe?”, estaba en blanco. Frases breves. Una bola espejada de consejos. “Si te cagas, te cagarán”, “Mantente caliente”, “Coje tu tiempo por el cuello”, “A vivir, que son dos días”. Tanta luz me cegó. Quedé a oscuras. No cazaba una. Tomé notas: preguntar a Guillermo qué quiere decir “cojones”, si el “cojer” es como el coger de acá.

El Anexo para Argentinos parecía más corto. Qué sabrán estos de nosotros, pensé. Gallegos sí, pero no giles. El breviario estaba escrito por un argento residente allá. Era evidente. Emigrado antiguo o reciente, daba igual. Ni siquiera le habrán preguntado si estaba muy al tanto de lo que pasa ahora. Tampoco era cuestión de volverlo loco. En una de esas, al momento de contratarlo, sólo le dieron datos básicos.

Menem murió. Hay un Cafiero cobrando del Estado. El de bigotes es presidente. Sí, ése. El que hablaba pestes de Cristina hasta que lo sentó en sus rodillas. El mismo al que ahora bardean todos. Massa es el que se abraza con los que iba a meter presos. Máximo se quedó con la de Néstor. Pablo Moyano con el sindicato de Hugo. Víctor Santamaría con el de porteros. De Vido, Boudou, Baéz, el “Pata”Medina, el ‘Caballo” Suárez, y el resto ya salieron. Por lo demás todo sigue más o menos igual. Chorean, controlan precios, repiten consignas, ponen los dedos en “ve”, nada nuevo.

Eran solo tres frases escritas a doble página. Comenzaban a la mitad de una y seguía a la mitad de la otra. Todo el resto del espacio estaba en blanco. La frase de la doble página inicial, en un letra de fuente tipo Times New Román Riquelme, cuerpo grande, algo más gordo, decía “No se hagan más” a la izquierda y, a la derecha “los boludos”. Sonó como un bife. Un sopapo pleno, a palma llena.

Di vuelta la página. El puño venía esta vez con manopla de acero. Saltó como impulsado por un resorte. A un lado, decía: “La culpa también” y, al otro, “es de ustedes”. Reaccioné mal, molesto, enojado. ¿Culpa de qué?, protesté. Hace cincuenta años que la tienen atada. Esperaba que el libro tuviera una respuesta para darme. La tenía. Debí suponerlo.

Casi arranco la última doble página. Quería encarar al autor para boxearlo como si estuviera ahí. Estaba, sí, por escrito: “Tu indignación”, decía a un lado, “les chupa un huevo”, completaba al otro. Cerré el libro. Me quedé mirando el título. Es verdad, acepté. Nuestras vidas todavía pueden servir para algo. Si es que hacemos algo además de putear. Fue así que decidí no tirarla a la basura. Estoy contando los días que faltan para ir a votar.

(*)Periodista

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