domingo, 24 de octubre de 2021

El Gobierno, como Mauro Icardi, va camino a quedarse sin el pan y sin la torta

 Por Marcos Novaro

Siempre el peronismo tuvo “alas”, reunió a gente de muy distintas inclinaciones en un todo heterogéneo. Pero nunca como ahora careció tan alevosamente de eje y de rumbo: sin nadie que articule y resuma tantas diferencias en su seno, los papelones se vuelven constantes y su conducción termina enojando a tirios y troyanos.

Alberto Fernández está en el foco de esta constante y múltiple desilusión. Su equívoco rol se puede constatar, por caso, en los conflictos violentos que agitan el sur cordillerano: el presidente se las está ingeniando para hacer enojar, a la vez, a los que apoyan y a quienes rechazan la Resistencia Mapuche.

Mandó finalmente los gendarmes que se le pedían. Pero los desautorizó, diciendo que no es su función garantizar allí el orden. Con lo cual impide a los uniformados enviados cumplir cualquier función mínimamente efectiva para controlar el conflicto. Se aseguró, igual, un involucramiento confuso en la situación: así que, si ella empeora, va a ser en parte su culpa, y si mejora no va a ser gracias a él. ¿Podría Alberto hacerlo aún peor? Debe estar estudiando el asunto, a ver si logra superarse.

Con la inflación el Ejecutivo avanza por el mismo camino. Como anunció un congelamiento, pero dando tiempo a las empresas y comerciantes a remarcar sus precios antes de que se cerrara la discusión al respecto, provocó una aceleración de las subas, sobre todo en alimentos, en los últimos diez días. Que va a caerle muy mal a un electorado ya bastante harto de estas tonterías.

Encima está ahora comprometiéndose a formar un ejército de inspectores para fiscalizar. Pero como no van a tener poder de policía, solo son militantes con ganas de hacer campaña populista dura y pura, tienen altas chances de empeorar aún más las cosas: generarán más rechazo en los comerciantes y en general en los sectores que desconfían de este tipo de medidas, así como desilusión en quienes sueñan con que se hagan efectivas a cualquier costo.

La frutilla del postre de estos despropósitos la ofrece la trajinada discusión sobre la deuda y el FMI. El presidente, su ministro de Economía y su nuevo jefe de Gabinete no escatiman esfuerzos para dejarle en claro a los inversores internos y externos su firme compromiso con el objetivo de cerrar un acuerdo cuanto antes, incluso dicen que estarían ya en condiciones de firmarlo, sino fuera por la campaña. Mientras el mismo presidente, justamente en actos de campaña, no deja de avalar las posturas más radicales sobre el carácter supuestamente espurio de esa deuda, dando la razón a quienes le lanzan todo tipo de improperios por juntarse siquiera con los emisarios del imperio que pretenden cobrarla.

Alberto, no hace falta decirlo, cumple en todo esto un papel bastante lamentable. Pero es solo una parte del problema. Es el entero gobierno del Frente de Todos el que naufraga en medio de sus ambigüedades. Y tanto la propia Cristina Kirchner como la conducción “frentetodista” en pleno colaboran a desorientar a sus distintas audiencias, que como no están del todo aisladas una de las otras, escuchan también lo que se les promete a las demás.

El fondo del asunto es que carecen de una voz que arbitre esas diferencias, o un espacio en donde se sintetice un mensaje global. Así que van dando tumbos, de un lado al otro, dejando a su paso un reguero de desconfianza.

En ese marco, Roberto Feletti puede sacar los conejos que quiera de la galera. Y sumarle a la “platita”, el “vinito” y las promesas que se le ocurran. Corre, en cualquier caso, un alto riesgo de quedar mal, en poco tiempo, tanto con los consumidores como con los empresarios. Y la desfachatez clientelista y extorsiva de la campaña oficial pierde, en simultáneo, buena parte de su potencial efectividad: no es casual que algunos jueces, atentos al clima de bronca y desconfianza reinante, estén despertándose de su letargo e intervengan con oportunos fallos para deslegitimarla aún más de lo que está. Faltan apenas dos semanas para saber concretamente hasta qué punto.

© TN

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