jueves, 26 de agosto de 2021

Mundos para lelos

 Jorge Luis Borges

Por Luis Tonelli

Siempre hay algún trasnochado, y más en estas épocas de absurda Grieta “ideológica”, que afirma que Jorge Luis Borges no es literatura argentina, sino literatura internacional.

La obra de Borges es ya, de hecho, patrimonio de la humanidad. Siempre recuerdo la impresión que me produjo ver que Foucault afirmaba en el Prefacio de Las Palabras y las Cosas que ese gran libro había encontrado su inspiración en la risa producida por una clasificación de animales que presentaba Borges en su cuento “El idioma analítico de John Wilkins”, pero que a pesar de presentar categorías tan desopilantes como “pintado con un finísimo pincel de pelo camello” o “que me acaban de romper el jarrón” cumplía con todos los requisitos de la lógica clasificatoria. Levanté la vista y le dije entusiasmado a mi Papá Nacho “Foucault cita a Borges” a lo que me contestó “¿Y quién es ese Foucault?, que, aunque sabía obviamente quien era me remarcaba así quien era para él el más importante.

Sin embargo, las distopias borgeanas lo han llevado a ser un autor costumbrista, más argentino que el dulce de leche, aunque ciertamente esas distopias se inscriben en la realidad con el léxico del grotesco criollo de un Stefano, la amarga obra de teatro de Armando Discépolo, el hermano dramaturgo de Discepolín.

En El Jardín de los Senderos que se Bifurcan, escrito en 1941, Borges adelanta la teoría de los mundos paralelos que Hugh Everett publicará diez años después. Teoría que de descabellado no tiene nada, (entre sus adherentes se encontraba Stephen Hawkins), ya que es una consecuencia natural de la física cuántica, es que los sucesos cuánticos pueden ser o no ser, dependiendo su existencia de una probabilidad fáctica (como en el famoso experimento teórico del gato de Schrödinger, Premio Nobel de física en 1933, en el que el felino encerrado en una caja puede estar vivo o muerto a la vez. En el cuento, Borges habla del intento de un sabio chino Ts’ui Pên de emprender la construcción en simultaneo de un laberinto infinito y de una novela infinita, que resultan ser la misma empresa, y en donde a diferencia de “todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts’ui Pên, opta— simultáneamente—por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también, proliferan y se bifurcan. De ahí las contradicciones de la novela. Fang, digamos, tiene un secreto; un desconocido llama a su puerta; Fang resuelve matarlo. Naturalmente, hay varios desenlaces posibles: Fang puede matar al intruso, el intruso puede matar a Fang, ambos pueden salvarse, ambos pueden morir, etcétera. En la obra de Ts’ui Pên, todos los desenlaces ocurren; cada uno es el punto de partida de otras bifurcaciones. Alguna vez, los senderos de ese laberinto convergen; por ejemplo, usted llega a esta casa, pero en uno de los pasados posibles usted es mi enemigo, en otro mi amigo”.

El gobierno de Alberto Fernández se ha caracterizado por su intento de construir esos Mundo Paralelos. En uno, el Presidente ordena cumplir a rajatabla la cuarentena eterna; en el otro, el mismo inflexible Presidente participa alegremente del alegre cumpleaños de su alegre pareja rodeado de alegres amigos en la Residencia Presidencial de Olivos.

En un mundo, se anuncia la realización próxima de espectáculos masivos, de la vuelta del futbol para todes en las canchas, del fin del uso del barbijo. En el otro mundo, el nivel de contagios es más bajo que antes, solo porque se testea a menos gente que antes, la cifra de muertos sigue siendo alta, y falta que llegue la cepa Delta. Se menciona a que en Reino Unido ya han habilitado el regreso a la vida normal. Lo que no se menciona es que, en esa Isla, la mayoría de la población ya ha recibido las dos dosis necesarias para enfrentar la cepa Delta, y aquí, apenas supera el 20% los residentes con dos dosis.

En un mundo, el FMI hace un mea culpa por haberle dado 48.000 millones a Macri, que después se encargó de fugar con ayuda de sus amigos, y nos perdona la deuda por 20 años, según el pedido de CFK. En el otro mundo, Macri cambió parte de la deuda con los privados, con el FMI a mejor tasa, la fuga también la sufrió y la sufre Alberto Fernández, y el Ministro Guzmán, va a realizar una operación similar al canje de Macri. Utilizará los derechos especiales de giro que repartirá el FMI entre todos sus miembros para impulsar las alicaídas economías para recomprar deuda cara por deuda barata.

Pero si en la teoría de los mundos paralelos, un mundo era tan real como el otro (a tal punto que su creador, Everett, ordeno que sus cenizas fueran tiradas a la basura, de tan convencido que estaba que seguía viviendo en otro de los mundos) aquí un mundo parece real, en el que usted y yo vivimos, y otro parece totalmente imaginario. Cada uno decida cuál. O quizás lo que suceda es que la Grieta sea un fenómeno cuántico. Vaya uno a saber.

© 7 Miradas

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