miércoles, 23 de diciembre de 2020

2021, el año en que el voluntarismo K va a chocar con la realidad

 Por Marcos Novaro

La nota más destacada de la intervención de Cristina el viernes pasado en el acto de unidad del Frente de Todos fueron sus reproches al Ejecutivo, que ya son de rigor en todos sus escritos y alocuciones, no vaya a ser que alguien piense que ella tiene alguna responsabilidad en los malos resultados alcanzados.

Se pasó por alto otro rasgo llamativo: el desbordado voluntarismo que transmitió a sus adeptos. 

Si las cosas no están saliendo bien se debe, según ella, a que los funcionarios, de Alberto para abajo, no ponen suficiente empeño, entusiasmo, coraje; en síntesis, les faltan ganas y les sobra miedo a lo que pueda suceder en caso de ir más a fondo.

Son esos remilgos los que Cristina entiende primero tiene que remover si desea sortear los límites que hasta aquí han venido obstaculizando que su gobierno se imponga en los dos terrenos decisivos de la agenda, de su agenda: las causas de corrupción y la reactivación económica.

En cierto sentido, Cristina acierta: hasta ahora la gestión de Alberto quiso pero no pudo, y ha ido avanzando con medidas más y más duras, tanto contra los mercados como contra el sistema institucional, pero no del todo.

Apuntó a remover jueces y fiscales, desacreditar testimonios y pruebas, retirar querellas y desmantelar investigaciones, pero las causas que más le importan a la señora, sus familiares y amigos siguen más o menos como estaban, algunas incluso dieron algunos pasos más hacia posibles condenas.

Y por más que echó mano a morir a la maquinita de imprimir billetes, cerró todo lo posible el mercado cambiario, y aumentó impuestos y quitó recursos a los ricos y no tan ricos, Economía se asustó ante el peligro de una aceleración inflacionaria. Y quiso desactivarlo recurriendo a medidas que cualquiera llamaría de sentido común, pero para el kirchnerismo son anatemas liberales: recortes en el gasto social, en las jubilaciones y los sueldos públicos. Llegando al extremo de querer levantar algunos controles de precios y congelamientos tarifarios, dando a entender que el déficit fiscal y el desequilibrio de precios relativos serían “problemas” y no “instrumentos”; como si quisiera darles la razón a los economistas ortodoxos y pensara que así va a evitar, no a alimentar, la aceleración inflacionaria.

Es manifiesto, también, que ni en el gobierno ni en la coalición oficial hay mayores resistencias a seguirle el paso a la jefa.

La respuesta que le ofreció Alberto en el mismo acto, “hice todo lo que me mandaste”, puede interpretarse como una suerte de réplica a la lavada de manos de la propia Cristina, “si las cosas no salen bien no es porque no te hagamos caso”. Pero, en lo esencial, da la señal de que el gobierno seguirá por el mismo camino, acomodándose a las ocurrencias que ella le imponga: si quiere guerra total al lawfare y reactivación económica a como dé lugar, para encarar las elecciones de medio término, es eso lo que va a intentar, ninguna otra cosa.

Lo mismo que cabe esperar de los demás miembros del oficialismo, los gobernadores, los sindicalistas, etc. La diferencia con otras coyunturas difíciles que tuvo que enfrentar el kirchnerismo en el pasado es bien llamativa: tanto en 2009 como en 2013, recordemos, hubo rupturas en el peronismo, y competencia entre listas oficiales y disidentes de ese signo político, en muchos lugares del país; en 2021 no habrá nada de eso, el Frente de Todos se mantendrá unido, ni siquiera el mayor referente vivo del peronismo disidente, Juan Schiaretti, está dispuesto a hacer olas. Se entiende: todos dependen mucho más que en aquellos tiempos de transferencias discrecionales del gobierno nacional para sobrevivir, y lo que pretenden no es más que eso, sobrevivir.

Así dadas las cosas, la escena está montada para que experimentemos una prueba de fuerza interesante entre la voluntad del kirchnerismo de “moldear la realidad”, y la indisposición de esa realidad a violar todas las leyes de la naturaleza.

Porque, ¿qué sucederá cuando se “alineen precios, salarios y tarifas para alentar el consumo”, pero con el Banco Central sin un dólar, y eso redunde en aceleración inflacionaria antes que en cualquier otra cosa? ¿Qué ventaja política puede sacar el oficialismo de pelearse con la Corte en pleno, si no tiene ni puede conseguir los números en el Senado para cambiar su composición?

Vienen tiempos moviditos. Ojalá, a pesar de todo, tengamos un buen año.

© TN 

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