viernes, 21 de febrero de 2020

La impunidad como mensaje


Por José María Rodríguez Saráchaga (*)

Cuarenta balas mataron a la víctima número cuarenta en la provincia de Santa Fe en lo que va del año. Volvieron los secuestros que prácticamente habían desaparecido, los robos se multiplicaron y tuvimos récord de feminicidios en noviembre. 

Mientras tanto, vemos que la ministra de Seguridad de la Nación, Sabina Frederic, y su par bonaerense, Sergio Berni, dirimen su interna por los medios de comunicación, al mismo tiempo se cae el sistema informático del Poder Judicial.

Los presos por corrupción y la causa de los cuadernos se agolpan en la puerta de salida de las cárceles. Sindicalistas multimillonarios vuelven a sus fastuosas e injustificables viviendas. La vicepresidenta de la Nación, Cristina Kirchner, se pasea por la traza de la ruta 9 y reclama su construcción de la mano con el empresario que cobró por su construcción y que evidentemente nunca la hizo.

El mensaje de impunidad es clarísimo y las consecuencias no se hacen esperar. Cuando uno comunica impunidad todas las medidas que se puedan tomar contra la delincuencia se vuelven inconducentes. Las palabras son acciones y las acciones comunican. Vivimos en la era de la comunicación donde todo está a la vista de todos. Basta con prender el celular a la mañana para que las redes sociales y los medios nos llenen de información y de imágenes.

En este contexto lo que se diga y lo que se muestre influye mucho más en las personas que las leyes escritas en libros que solo leen los juristas. Cuando se lleva la lucha contra la delincuencia al plano de la entelequia el delincuente sabe que tiene las de ganar y, las fuerzas de la seguridad, todas las de perder.

Hace pocos días una chica fue asaltada en las cercanías de la Facultad de Derecho en la Ciudad de Buenos Aires. La victima encontró una efectiva de la policía metropolitana que inmediatamente corrió a revisar las cámaras de seguridad en lugar de intentar perseguir al asaltante, quien se refugió tras las vías del tren.

La consecuencia directa de esta decisión fue un turista apuñalado en el pecho por el mismo delincuente mientras chequeaban las cámaras. Jamás sabremos si, consciente o inconscientemente, la joven policía tenía en su mente las palabras de la ministra de Seguridad que, públicamente, dijo que Chocobar tenía que ir preso tras haber disparado al piso mientras perseguía a un criminal que huía después de apuñalar también a un turista.

(*) Especialista en comunicación política

© La Nación

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