domingo, 9 de febrero de 2020

De la cortesía europea a una negociación sin red

Por Jorge Liotti

Los mandatarios europeos cultivan por tradición la cortesía. Las enseñanzas de las guerras pasadas y el efecto contemporizador de la UE contribuyeron a forjar ese rasgo que tan profesionalmente exhiben frente a sus pares argentinos. Con ellos, Alberto Fernández pareció entenderse en el mismo idioma.

Como le pasó a Mauricio Macri. La vieja diplomacia seduce con sonrisas, guiños y promesas de apoyo. También demanda garantías para sus empresas y condiciones para sus negocios.

El francés Emmanuel Macron le dedicó a Fernández más de un par de horas para hablar de política, de arte, de filosofía y de textos de Jorge Luis Borges.

Angela Merkel se entretuvo haciéndole la misma pregunta que hace unos años le había planteado a Macri: ¿qué es para usted el peronismo? Dicen quienes conocen a la canciller alemana que la divierte escuchar versiones tan diferentes sobre el mismo fenómeno. En el fondo, estaban auscultando qué tipo de líder es el presidente argentino y haciéndole un hematocrito para medir su nivel de kirchnerismo en sangre.

Y en este sentido, Fernández superó la prueba. Se exhibió como un jugador moderado, hábil para empatizar con sus interlocutores y pragmático en su búsqueda de respaldo para renegociar con el FMI. En el Gobierno aseguran que la gira fue exitosa, pero al mismo tiempo admiten que "una cosa es el apoyo político y otra distinta es cómo se traduce ese respaldo en el directorio del Fondo". Y esa incertidumbre tiene que ver con las dudas que genera en el exterior el plan económico que debería acompañar el reclamo de postergación de pagos, cuál es la sustentabilidad de la propuesta, para pensar que en el futuro la Argentina podrá hacer frente a los pagos.

La negociación deberá ser rápida y furiosa porque, según dejan trascender cerca del Presidente, "no hay plata para pagar los vencimientos de abril", los primeros importantes que debe afrontar el país este año. Por eso, Fernández habló de terminar las tratativas a fin de marzo. Y también por eso advirtió que el camino que tomó Axel Kicillof de pagar su vencimiento "va a ser muy difícil de seguir". Además, descarta la opción de emitir para pagar, con lo cual se avecina una negociación sin red.

En un par de reuniones reservadas durante su paso por París, Fernández dejó dos frases entre la preocupación y la admisión. La primera: "Creo que con el Fondo lo podemos encaminar, pero el problema más grave está con los acreedores privados, porque están muy atomizados y tienen intereses muy diferentes". Tal como están hoy las cosas, parece difícil que los privados se encolumnen sin un sello previo desde Washington.

Otra frase de Fernández quedó resonando en la noche parisina: "Es muy importante el apoyo de los mandatarios europeos, pero al final todo está en manos de Dios", dijo en referencia a Donald Trump. Por eso esta semana hubo satisfacción tras la presentación de las cartas credenciales de Jorge Argüello ante el presidente norteamericano, quien al asegurar que apoyará a la Argentina por la deuda ofreció el primer gesto amable después de mucho tiempo de silencio. El flamante embajador argentino encontró en la administración de la Casa Blanca buena predisposición para retomar el vínculo, pero desconfía de que la tarea vaya a ser sencilla. Hay un dato que le preocupa: Trump está en campaña, y para ser reelegido es clave el estado de la Florida, que aporta 29 delegados. Allí prevalece un voto latino anticastrista y antichavista. La previsión es que para congraciarse con ellos, el candidato será muy severo en sus posicionamientos sobre Venezuela y Bolivia, dos temas que a Fernández le traen más dolores de cabeza que oportunidades. Un posible viaje del presidente a Washington todavía parece lejano, pero también inevitable.

Aunque en la Casa Rosada aseguran que todavía no entraron en la etapa de los detalles de la negociación por la deuda, Martín Guzmán avanzó con Kristalina Georgieva en el inédito encuentro que el Papa preparó en Roma para arropar a la directora del FMI. El catolicismo de la búlgara y su preocupación por los países en vías de desarrollo la guiaron hasta una insólita escenografía, en la que estaba Francisco y su opción por los pobres, de un lado; Joseph Stiglitz y sus críticas a los organismos de crédito, del otro, y enfrente el arzobispo Marcelo Sánchez Sorondo, autor de la misa peronista en San Pedro. Guzmán, el más reservado de todos, estaba agradecido porque el encuentro allanó la previa a una semana clave: el miércoles recibirá a la primera misión del Fondo y el mismo día se presentará en el recinto del Congreso para exponer precisiones de su propuesta. Así comenzará la decisiva fase técnica.

Pero más allá de la cumbre romana, la relación con la Iglesia tuvo un capítulo aparte por el tema del aborto. Francisco y Alberto no solo comparten un intercambio frecuente de mails y chats; también coinciden en el estilo de interacción. Antes de la audiencia en Santa Marta habían acordado que no hablarían del aborto. Fernández ya le había anticipado que avanzaría con el proyecto, pero que incluiría un capítulo importante de asistencia a las mujeres embarazadas que quieran evitar la interrupción del proceso. El ala conservadora del Vaticano intuyó la omisión, y planteó el asunto en la voz del secretario de Estado, Pietro Parolin, el candidato del establishment romano para suceder a Bergoglio. Fernández volvió sobre el tema cinco días más tarde en una conferencia en Science Po, el mismo miércoles en que el Papa se vio con Georgieva y ayudó a la Argentina. "Un estudiante le preguntó y él respondió", se excusaron en la comitiva presidencial ante la inoportuna reincidencia. A las pocas horas, el episcopado argentino anunció una misa en Luján para el 8 de marzo en una señal al sector interno, que demandaba una reacción. Pero antes monseñor Oscar Ojea les avisó a Santiago Cafiero y al secretario de Culto, Guillermo Olivieri. La cúpula de la Iglesia y el Gobierno no se enfrentan por el aborto; administran una disidencia importante.

También Brasil entró en el radar de la política exterior por el viaje que hará esta semana Felipe Solá, la primera visita oficial. Sin incidencia en la deuda, es un país clave para la otra gran preocupación económica, que es la persistencia de la recesión. Después de las reformas que impuso el ministro Paulo Guedes, Brasil tiene una previsión de crecimiento para este año de 2,5 %. Allí también Daniel Scioli tiene una tarea difícil, como Argüello. Jair Bolsonaro pasó de 24 horas de criticar al Gobierno por "socialista" a decir "estoy listo para recibir a Fernández". En la delegación argentina atribuyen sus bravatas al intento de abroquelar su frente interno, marcado por una derecha dura que ve en la Casa Rosada a los herederos populistas de Cristina Kirchner. Pero hay una diferencia insoslayable: alineado con Estados Unidos, el Planalto apunta a un esquema amplio de libre comercio y quiere avanzar rápidamente en el acuerdo con la UE, mientras que Fernández ya dijo que quiere "revisar la letra chica" de ese pacto. En el fondo lo que está en juego es el futuro del Mercosur.

Con Pedro Sánchez, el presidente español, Fernández tiene un vínculo de amistad. Es al único de los que visitó al que menciona por su nombre, a diferencia del premier italiano, Giuseppe Conte, a quien confunde y lo llama "Conti". En su escala en España oficializó a Ricardo Alfonsín como su embajador en ese país. Es un paso más en la construcción política del "albertismo", una amalgama donde convive Aníbal Fernández con Roberto Lavagna y Victoria Donda con Gustavo Beliz. Cuando más heterogénea es la construcción, menos peso relativo tiene el kirchnerismo. Ampliar para diluir y reconfigurar. Si Cristina tiene su cuota de poder gracias a su caudal de votos, Alberto tiene la suya por ser el garante de la unidad de un Frente de Todos exageradamente diverso. Es también una manera de demostrar hacia afuera que Alberto no es Cristina. "Es el momento de extender la base de sustentación. Lo que nos jugamos con la negociación de la deuda es el futuro del Gobierno", graficó un funcionario de confianza de Fernández. Hoy la gestión está concentrada exclusivamente en este tema. La partida es definitoria.

© La Nación

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