martes, 15 de octubre de 2019

‘La ruta infinita’

Por Carmen Posadas
Un día de septiembre de 1519, cinco barcos dejaron atrás Sanlúcar de Barrameda en busca de una ruta diferente para llegar a las islas de las especias. Comenzaba así una de las mayores gestas de la historia. Una que de haber tenido como protagonistas a marinos anglosajones ya habríamos visto reproducida lo menos media docena de veces por los directores de Hollywood.

Poco sabían aquellos doscientos cincuenta hombres que lo que comenzó como una expedición comercial se convertiría no solo en la primera vuelta al mundo, sino en un hito de arrojo, valentía y superación. De esto y de mucho más habla un libro que acabo de leer. Se llama La ruta infinita, y su autor es uno de los más solventes autores de novela histórica que tenemos, José Calvo Poyato. Durante años, Pepe, que es doctor en Historia, se resistió a escribir novela. Como historiador, le gustaba ser fiel a los hechos y pensaba que ‘novela histórica’ era un oxímoron. Opinaba que se le hacía un flaco favor a la verdad ficcionalizándola, añadiendo diálogos imposibles de verificar, pensamientos que solo quien los tuvo puede decir si fueron ciertos o no y otras licencias con las que los novelistas construimos los textos.

Por fortuna para lectores como yo, que ya lo conocíamos y disfrutábamos como ensayista, un día cambió de opinión y ahora escribe libros tan amenos y a la vez tan escrupulosamente bien documentados como el que antes les mencionaba. Y lo hace para dar vida a historias tan increíbles como esta hazaña que inició el portugués Fernando de Magallanes con cinco naves y culminó tres años más tarde Sebastián Elcano y dieciocho hombres enfermos al regresar en un único barco, la nao Victoria. Entre una fecha y otra está la esencia de esta aventura. Una en la que se recrea con todo color y detalle cómo era la vida a bordo, también los distintos lugares en los que tiene lugar la historia, como la bulliciosa Lisboa en la que comienza la acción, cuando Magallanes empieza a sospechar que, a pesar de sus muchos servicios prestados, la Corona portuguesa ya no se interesa por él. Conoceremos también la Sevilla de la época, así como la corte del recién llegado Carlos I, con todas las intrigas que se tejieron alrededor de ese jovencísimo monarca que no sabía hablar español.

Mención aparte merece la muy vívida recreación de los numerosos escenarios, tan desconocidos como exóticos, con los que se van encontrando los expedicionarios en su viaje alrededor del mundo y en los que acontecen mil peripecias y Magallanes pierde la vida. Todo lo que se narra en La ruta infinita me ha hecho reflexionar sobre un viejo asunto. Y es la poca importancia que damos a los trascendentales acontecimientos que los españoles hemos protagonizado a lo largo de la historia, así como el escaso reconocimiento que se da a sus autores.

Para muestra, baste este dato: cuando el corsario inglés Francis Drake, cerca de sesenta años más tarde que Juan Sebastián Elcano, completó a su vez la vuelta al mundo, no solo fue aclamado en su país como un héroe nacional, sino que la reina Isabel lo nombró sir. En el caso de Elcano, en cambio, el recibimiento fue bastante menos entusiasta. Le denegaron su petición de que se le concediera el hábito de la Orden de Santiago, también la Capitanía Mayor de la Armada y el permiso de llevar armas. A cambio, el rey le concedió una renta anual de quinientos ducados y la posibilidad de que en su escudo de armas pudiese figurar la inscripción «Primus circumdedisti me» (‘Fuiste el primero que la vuelta me diste’), magro premio para tan grande hazaña. Tal vez por estos y otros olvidos más allá de nuestras fronteras, hasta un niño de primaria sabe hoy en día quién fue Francis Drake, y decenas de películas han recreado su personaje, mientras que se ignora todo sobre Juan Sebastián Elcano. Ojalá que efemérides como la que este año se celebra y buenos libros como los de Calvo Poyato sirvan para enmendar tan injusto olvido.

© XLSemanal

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