lunes, 12 de agosto de 2019

Crónica de un domingo de elecciones bajo un gobierno democrático

Por Carlos Ares
Se dice que las Paso son una foto del momento. Un relámpago que ilumina por un instante el territorio para que nos hagamos una selfie tamaño país. Ahí nos vemos ahora. Felizmente retratados. ¿Es en algunos una sonrisa forzada, una alegría de ocasión que encubre cierta angustia, o acaso es que compartimos esta fiesta de la democracia y por eso parecemos todos contentos? 

Tal vez alguien gritó "digan whisky", gritamos entonces "whiskkyyyy", y quedamos congelados así. No es sencillo buscarse entre tantos millones, pero cada uno sabe en qué lugar se paró y porqué. ¿Te encontrás? ¿Dónde estás? ¿Con quién? ¿Al lado de? Cerca de?

El ensayo de la puesta en escena fue conmovedor. Millones de personas salieron de sus casas investidos de ciudadanos razonables, se cruzaron muy circunspectos por las calles, concentrados en el papel como si fueran extras de una superproducción, convencidos de que su rol era clave para que se aclare y entienda definitivamente la trama de la película. El día se redujo a un intenso deseo. Casi como un treinta y uno de diciembre a las doce. En la noche oscura del cuarto, depositando la boleta, con los ojos cerrados, dijimos "ahí va": paz, trabajo, salud, educación, justicia. Para todos.

Al caer la noche, de canal en canal, cumplimos con el ritual y seguimos el escrutinio, los análisis y las declaraciones hasta la madrugada. Sin gritarle al aparato, sin contestarle a nadie, sin insultar. Sin odio, ¿no? ¿Porqué habría que odiar a alguien si todos quieren el bien común, no? Damos por hecho que el que gane va a gobernar según la voluntad de la mayoría y los que pierdan ayudarán a que lo haga bien, ¿no? Sin pedir favores a cambio, sin corrupción, sin resistencias irracionales, sin ponerle obstáculos insensatos ni pasarle facturas anticipadas, ¿no? Se debatirán políticas de Estado, se aprobarán leyes en el Congreso, el Ejecutivo las pondrá en acción y la Justicia se ocupará de hacerlas cumplir. Los procesos a empresarios y funcionarios acusados seguirán su curso. Se dictarán las sentencias. Los culpables pagarán multas, serán inhabilitados o irán presos, y los inocentes quedarán en libertad.

Si bien se mira, con la mejor, en la sucesivas fotos se advierte que las elecciones fueron depurando relatos, versos, consignas y delincuentes De eso se trata la democracia, ¿no?. La que tanto costó recuperar. La que aprendimos finalmente a reconocer y valorar después de los criminales golpes militares que nos dimos, ¿no?. Con ella se educa, se come, se cura, se vive mejor, decía entonces Raúl Alfonsín, al que queremos más ahora, ¿no? Porque el "amor es más fuerte", sobre todo cuando el otro está muerto.

 Los lobbies empresarios, religiosos, las mafias sindicales, una runfla de políticos-abrojos-garrapatas que sólo sirven a sus propio interés de permanecer, infectaron hace tiempo el sistema. Las consecuencias se pagan desde entonces en gente muerta en vida. Si a esta altura del siglo, de los desafíos que propone la revolución tecnológica, de los riesgos ambientales, de los temores que suscita la economía compartida, una elección es presentada todavía de vida o muerte, el resultado final será siempre un fracaso social gane quien gane.

No te preocupes demasiado entonces si no te ves ahora en la selfie. En octubre sacan otra. Esa es la definitiva. La que va a quedar enmarcada en tu memoria. Hay tiempo suficiente para que elijas el lugar en el que querés encontrarte cuando la recuerdes dentro de unos años. ¿Dónde estás? ¿Con quién? ¿Al lado de? Cerca de? Ah, sí, ahí me/te veo.

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