martes, 26 de febrero de 2019

El empoderador que me empodere

Por Carmen Posadas
Estoy encantada de la vida, acabo de enterarme de que si compro una faja por Internet me sentiré superempoderada. Y si cuando llegue por correo tan lindo corsé resulta que me aprieta y no lo soporto, no importa, porque he aquí otro ramillete de cosas que también me empoderarán muchísimo: tuitear un selfi desnuda, comprarme ropa de diseñadores japoneses, usar leggings, leer libros de autoayuda para chicas, comer chocolate negro con el ochenta por ciento de cacao…

Son buenos tiempos para ser mujer. Es verdad que aún nos quedan batallas por ganar, como la igualdad en los sueldos, poner freno a la violencia de género y otras metas que de momento parecen inalcanzables, pero, según esta palabra que tanto se oye de un tiempo a esta parte, todo lo que hacemos, decimos, vestimos o leemos nos empodera más cada día.

Como siempre que una palabra se a-podera (que no se em-podera) del habla común, uno se pregunta de dónde viene y por qué de pronto se usa tanto. Según el periódico inglés The Guardian, ’empoderar’ –refiriéndose a la idea de hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido– se popularizó en los Estados Unidos en los años setenta en referencia a las personas de color. Más adelante, ya en los ochenta y noventa, el término pasó a utilizarse en relación con las mujeres y niñas del Tercer Mundo. Se hablaba entonces, por ejemplo, de recaudar fondos para enviar computadoras a escuelas de la India de manera que se lograra «empoderar a las niñas hindúes a través de su conocimiento de la informática».

La palabra ’empoderar’, por tanto, en un principio, y esa es aún su definición en los diccionarios, es algo que un tercero hace para ayudar a una persona o a un colectivo de modo que pueda valerse por sí mismo. Es curioso señalar que este término, que ahora creemos un neologismo derivado del inglés, figuraba ya en los diccionarios españoles de los siglos XVI y XVII. Sin embargo fue poco a poco desplazado por los términos ‘apoderar’ y ‘apoderamiento’. Tan en desuso cayó que en 2001 desaparecería del Diccionario de la RAE.

Sin embargo, mientras moría en español, empezó a usarse cada vez con más frecuencia en lengua inglesa, en especial en sociología política, con el antes mencionado sentido de ayudar a un colectivo a alcanzar un poder que antes le era vetado. Así volvió a nuestra lengua y, desde 2005, está incluido en el Diccionario panhispánico de dudas, por entenderse que tiene una acepción más amplia que la palabra ‘apoderar’, puesto que no solo da poder a algo o a alguien, sino que pretende reparar o solventar una carencia o injusticia.

Pero, como el lenguaje es caprichoso y va a su aire, ahora resulta que un término que se circunscribía al terreno de la sociología política y tenía como significado ayudar a otros, en la actualidad, gracias a la publicidad y con el aliento de un feminismo malentendido, se ha convertido en un verbo solipsista, un sinónimo de narcisismo y autoindulgencia: si como chocolate negro ochenta por ciento cacao, practico triatlón o leo un libro de Fulanita o Menganita, ya estoy empoderada. O como Kim Kardashian tuiteó no hace mucho junto a un selfi suyo en toples: «Me desnudo para empoderar a las niñas y mujeres del Tercer Mundo». Que les pasen esta receta a las niñas hindúes antes referidas. A ver qué cara se les pone al ver que, en vez de ayudarlas a desarrollar una destreza que pueda convertirlas en autosuficientes, se les dice que se empoderarán muchísimo dándole un ‘me gusta’ a la multimillonaria Kim Kardashian o comiendo bombones.

Las palabras nunca son inocentes y, si se desvirtúan y desempoderan, valga el palabro, es porque reflejan un cambio en la sensibilidad de la sociedad que las utiliza. Por eso, al margen de lo estomagante que pueda resultar el vocablo, es muy significativo –y también descorazonador– que una palabra que antes entrañaba solidaridad y ayuda real a mujeres en situaciones difíciles sirva ahora solo para vender fajas y masajear el ego de mujeres como yo, es decir, de los colectivos femeninos más privilegiados y que menos lo necesitan.

© XLSemanal

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