jueves, 18 de octubre de 2018

La división política en Brasil se traduce en violencia

La periodista Fernanda Villas Bôas, atacada por partidarios de Bolsonaro, cree que
el candidato de ultraderecha incentivó a sus simpatizantes para actuar
de manera violenta. (Foto/Dado Galdieri-The New York Times)
Por Manuela Andreoni

Fernanda Villas Bôas acababa de emitir su voto en la elección presidencial de Brasil, el 7 de octubre, e iba saliendo de su casilla cuando un hombre la agarró por el brazo desde atrás.

El atacante con un cuchillo traía puesta una camiseta de color negro que decía “Bolsonaro para presidente”, en referencia al militar del ejército retirado Jair Bolsonaro, político de ultraderecha que fue el candidato que consiguió la mayor cantidad de votos en la primera vuelta.

“Cuando mi comandante gane, la prensa morirá”, recuerda Villas Bôas que le dijo el atacante en la ciudad de Recife, en el noreste de Brasil. Villas Bôas, periodista, traía puesta una identificación del sitio web en el que trabaja.

A medida que los brasileños se preparan para la segunda vuelta de la elección más polarizadas en la historia reciente del país, la animosidad entre los ávidos partidarios de Bolsonaro y quienes se oponen fervientemente a este político ha desatado violencia que va desde ataques verbales hasta golpizas y apuñalamientos. Por lo menos uno de ellos fue fatal.

Un grupo de investigación periodística, Agência Pública, lleva un conteo de más de setenta ataques de este tipo en los primeros diez días de octubre. La mayoría de los reportes son de atacantes que presuntamente respaldan a Bolsonaro, aunque seis de sus partidarios también han dicho que fueron blancos de la violencia.

Esto sucede en momentos en que la tasa de homicidios en Brasil ha alcanzado un récord. El mensaje radical de dureza ante el crimen promovido por Bolsonaro ha resonado entre una población iracunda por los delitos al alza y fastidiada con los casos de corrupción, además de los efectos de una recesión profunda.

Sin embargo, algunos críticos afirman que la retórica incendiaria de Bolsonaro es parcialmente responsable de promover tal clima de violencia contra opositores políticos. Ha dicho en varias ocasiones que “la violencia debe ser combatida con violencia” y a veces en discursos hace como si estuviera disparando una pistola.

Durante un mitin reciente en el estado norteño de Acre agarró el trípode de su micrófono como si fuera una ametralladora y le dijo a los presentes: “Hay que fusilar a los petistas de Acre”, en referencia a los simpatizantes del Partido de los Trabajadores (PT), la fuerza política de Fernando Haddad, a quien se enfrentará en el balotaje del 28 de octubre.

La campaña de Bolsonaro después aseguró que todo había sido una broma.

El candidato también prometió que de ganar la elección volverá más sencillo que los ciudadanos posean armas. Además, prometió que la policía tendrá permisos para asesinar a sospechosos, en un país donde la violencia policial ha sido un problema constante; en 2017, un total de 5144 personas fueron asesinadas por oficiales. Uno de los hijos de Bolsonaro incluso publicó en Twitter una foto en la que hay tortura simulada de un opositor.

El mismo candidato fue apuñalado por un hombre durante un mitin en septiembre. Como resultado de ese ataque, Bolsonaro pasó las últimas semanas antes de la primera vuelta hospitalizado; incluso sin mucha actividad política obtuvo el 46 por ciento del voto frente al 29 por ciento para Haddad.

Aunque Bolsonaro ha dicho que no quiere los votos de quienes cometan actos de violencia, también ha puesto en duda la veracidad de los ataques reportados.

“No sigan esparciendo estas noticias falsas, como si mi gente esparciera odio”, dijo en una conferencia de prensa el 11 de octubre pasado. “Después de todo yo fui a quien apuñalaron”.

Villas Bôas pudo escapar de sus agresores. Mientras el principal atacante y otro hombre discutían qué hacer —ella recuerda que el segundo dijo: “Hay que agarrarla y violarla”, y que el primero sugirió: “Mejor hay que cortarla”—, una mujer pasó e hizo ruido con su bocina del auto. Los dos hombres salieron corriendo, aunque alcanzaron a hacerle cortes en el cuello, rostro y brazo.

Villas Bôas está entre quienes creen que Bolsonaro ha incentivado a ambos bandos a actuar de manera violenta.

Dijo que el candidato tiene “plena responsabilidad, porque enaltece el odio”, dijo. “Lo que vemos hoy en las calles es: ‘O estás con mi candidato o estás en mi contra’. Ya no hay ningún diálogo sobre política”.

De cara a la votación del 28 de octubre también se han esparcido mensajes virulentos en redes sociales, por medio de videos e incluso con un juego de computadora en el que los usuarios juegan a ser un personaje similar a Bolsonaro para matar a personas gays y a simpatizantes de izquierda. Bolsonaro tiene un historial de hacer comentarios misóginos, racistas y homófobos, algunos de los cuales han resultado en acusaciones penales y multas.

Aún es demasiado temprano como para que quede claro si la actual ola de violencia es un fenómeno pasajero o si se volverá una faceta común de la vida política en el país.

Sin embargo, el encono entre diversos grupos políticos se ha profundizado y vuelto más palpable en los últimos años mientras Brasil vive una crisis política y económica sin precedentes, a decir de Marcos César Alvarez, sociólogo de la División de Estudios de Violencia de la Universidad de São Paulo.

Indicó que en este panorama la retórica agresiva por parte de políticos como Bolsonaro puede legitimar los actos de personas que ya están predispuestas a actuar de manera violenta.

“La violencia siempre ha tenido presencia en la sociedad brasileña”, dijo Alvarez, en referencia a las tasas de delincuencia en ascenso. “Existía esta ilusión de que la violencia por lo menos no alcanzaba el ámbito político. Y ahora lo ha hecho. Necesitamos dejar claro que o nos abocamos a reducir la violencia en general, en todas sus dimensiones, o todo se va a complicar mucho”.

El lunes posterior a la primera vuelta, el 8 de octubre, el compositor musical Romualdo Rosário da Costa, conocido como Môa do Katendê, fue apuñalado y asesinado por un partidario de Bolsonaro en un bar en la ciudad de Salvador después de decir que era votante del Partido de los Trabajadores.

El 9 de octubre, en la ciudad sureña de Curitiba, Khaliu Turt traía puesta una camiseta de color rojo —asociado al PT— y una gorra del Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra cuando un grupo de diez personas comenzaron a golpearlo mientras gritaban el nombre de Bolsonaro, según testigos.

Turt dijo que el clima político actual lo tiene ansioso, pero que no dejará de usar  vestimenta que deje claro su respaldo a movimientos sociales.

“La usaré incluso con mayor gusto, pese al miedo”, dijo. “No pueden hacer que me deje de expresar”.

© The New York Times

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