martes, 18 de septiembre de 2018

El epílogo de 47 días frenéticos que expusieron la brutalidad de la corrupción

Juez Claudio Bonadio
Por Diego Cabot

La Justicia abrió ayer una ventana por la que se pudo apreciar un espectáculo morboso. "Pasen y vean" pudo haber titulado el juez Claudio Bonadio su resolución, en la que procesó a 42 miembros de una asociación ilícita que se quedaba con dinero público.

Quienes lean las 557 páginas podrán ver a funcionarios y empresarios expuestos ante la contundencia de sus propias palabras, incriminándose en la trama de corrupción más importante que se haya conocido

Fue el epílogo de 47 días de vértigo judicial, político y empresario como nunca se vio en la Argentina. Solo 47 días desde aquella madrugada del 1° de agosto, cuando se conoció la más importante y numerosa detención simultánea de exfuncionarios y empresarios.

Lo que vino fue una secuencia de arrepentidos, imputados colaboradores, como técnicamente se llama. Frente al fiscal Carlos Stornelli, los hombres de negocios que salían cabizbajos de Comodoro Py con una situación muy distinta a la que entraron se llevaban una hoja con un delito asumido. Impensado para ellos y también, para gran parte de la platea.

Como si fuera poco, cada una de sus dichos se sedimentó con la declaración de varios exfuncionarios kirchneristas, que relataban con crudeza dónde, cuándo y por qué pasaban a buscar bolsos millonarios.

Ya no hay demasiadas preguntas sin respuestas. Oscar Centeno, el remisero que escribió todo, cuenta que empezó a escribir "por una costumbre castrense de anotar fecha y hora" de cada lugar que se visita. También es posible saber que guardó los cuadernos en la "parte superior" del ropero. Le dedica un párrafo a la quema: dice que fue frente a un amigo, Córdoba de apellido: "Me quedé atizando el fuego hasta que se terminaron de quemar". Centeno le dijo que la pelea con su expareja determinó que los cuadernos pasaran de manos a Jorge Bacigalupo, que fue quien se los entregó a La Nacion. Finalmente, todo terminó con una fuerte discusión entre ellos.

Carlos Wagner, el poderoso expresidente de la Cámara Argentina de la Construcción, dijo que aquellos primeros años de 2004 y 2005 eran muy confusos. Pero después todo se organizó: José López decantó como cobrador y el financista Ernesto Clarens como el facilitador de divisas.

Wagner no anduvo con menudencias ni con medias tintas. Recordó que las empresas eran libres de entrar o no "y que a veces competían" por las obras. Relató que a partir de 2010 se frenó la recaudación y que en 2012 se retomó. Eso sí, Clarens se había mudado de la calle Maipú a un edificio importante detrás del Hotel Hilton, de Puerto Madero.

Gerardo Ferreyra, el socio de Electroingeniería, sostuvo que admiró a Néstor Kirchner por haber levantado banderas que él enarboló desde la lucha armada, allá en los años 70. Enumeró algunas como expulsar al Fondo Monetario Internacional o descolgar el cuadro de Jorge Videla de la Escuela de Mecánica de la Armada. Contó una conversación con Kirchner en la que le dijo que tenía que invertir en medios. "Los medios de ahora son como los cuarteles de antes", le dijo el expresidente.

Se puede leer que Alejandro Ivanissevich, un poderoso empresario energético, dijo haberse subido al auto de Roberto Baratta manejado por Centeno con una "bolsita" con 500.000 pesos de sus ahorros. Dio una vuelta manzana y lo bajaron nuevamente en el mismo lugar. Eso sí, sin la bolsita.

Pero la ventana que abrió Bonadio tiene más para ver. El exjuez Norberto Oyarbide dijo que intentaron matarlo en el baño del restaurante El Mirasol. Contó que una vez, mientras se secaba las manos, un hombre mucho más alto que él se paró detrás y "con una actitud provocativa" apoyó su cuerpo en el del magistrado. Sacó un cuchillo serrucho y le pinchó la espalda, sin lastimarlo. "Vos merecés morir porque sos un sorete por haber sobreseído a los máximos delincuentes de este país y sabés muy bien de quién te hablo", le dijo el sujeto a Oyarbide, en referencia a la resolución en la que sobreseyó al matrimonio Kirchner por enriquecimiento ilícito. "Pensé que era el minuto exacto de mi muerte", recordó.

Bonadio consideró que los expresidentes y Julio De Vido fueron los jefes de aquella asociación ilícita que recolectaba dinero de empresas privadas que, a su vez, eran contratistas o prestadoras del Estado. Tan viejo y conocido como difícil de probar. Pero para el juez, al menos en esta instancia, está constatado.

Pocos negaron las escrituras del remisero Centeno. Se limitaron a decir que el monto no era el que estaba escrito. Todos los implicados saben que aquel auto de los millones de dólares no se movía por números compuestos por cuatro ceros. Eran mínimo cinco los que se necesitaban para ser visitados, y siempre en dólares.

Ferreyra fue el único que dijo que él no pagaba en dólares por la aversión que le tiene a la moneda ya que es un ícono del consumismo. Tan difícil de probar como de creer.

Los empresarios dijeron una verdad a medias. Saben que, si alguien prueba que era más dinero, varios irán presos por mentir. Esa estrategia de corto plazo los dejó en la peor situación: una vez más están en manos de los funcionarios. Solo bastaría que uno de los recaudadores cuente el peso y el tamaño del bolso que se les entregaba como para que los hombres de negocios empiecen a pensar que Ezeiza no es solo el partido bonaerense donde está el aeropuerto.

Para aquellos jefes de la organización, los efectos de esta resolución son distintos. Obviamente, la acción penal está extinguida para Néstor Kirchner por fallecimiento. Lo mismo para Daniel Muñoz, aquel botones de la calle Juncal que recibía los bolsos y los alojaba en el edificio donde el matrimonio presidencial tenía su casa particular.

Para De Vido es una mancha más. Ya está detenido y acumula juicios varios y variados; ya no tiene libertad como para perderla.

Para Cristina Kirchner, la cosa es distinta. El juez pidió su detención, pero los fueros la mantienen libre. Será, ahora, cosa de la política. Una vez más, la interna del Partido Justicialista quedará expuesta en medio de un debate judicial y una opinión pública que asiste al espectáculo de la corrupción más crudo que jamás se vio.

Los exfuncionarios ya tienen su imputación para apelar. Todos irán a la Cámara. Si se confirman los procesamientos, será la hora del juicio oral.

Con los empresarios, la situación es distinta. Nadie pensaba que iban a ser considerados miembros de una asociación ilícita. En principio, todos serán condenados porque ya asumieron sus delitos, aunque ese acto de sinceridad les debería generar un bono de descuento a la hora de la pena. Como si fuera poco, embargó a cada uno de los procesados en 4000 millones de pesos. Para los hombres de negocios, el peso de semejante embargo les puede generar problemas graves en sus empresas.

Hay centenares de relatos de corrupción casi pornográfica. Muchos de ellos reveladores, como una comida entre Enrique Pescarmona, su hijo Lucas y De Vido. El entonces ministro le dijo que se tenían que asociar. "Si nos asociamos con usted vamos a ir presos", contestó Pescarmona. Tenía razón, no se asoció y al menos terminó en libertad, como miembro de una asociación ilícita y embargado por 4000 millones de pesos. Un visionario: procesado, pero libre.

© La Nación

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