miércoles, 4 de julio de 2018

Una gata gris

Por Isabel Coixet
Está embarazada y camina todo lo elegantemente que su embarazo le deja. Es gris y blanca y un poco ceniza. Le gusta especialmente un rincón donde termina un seto y empieza una plantación de olivos. Nunca he conseguido acariciarla, ni aun sobornándola con boquerones.

Desde hace unos días se acerca prudentemente a unos metros de mí, me mira y se acuesta en el suelo, dándome el trasero.

Es la gata de los vecinos y el año pasado ya tuvo gatitos y los dejó aquí, en esta parte del jardín, y los zorros casi se meriendan a toda la camada, conseguimos salvarla a tiempo gracias a los amigos que se volcaron en adoptarlos. Durante días, los zorros merodearon la casa y se acercaban hasta la puerta mientras los cachorros se arrebujaban en una caja de cartón forrada con una toalla. De ella no había ni rastro. Pensé que se la habían comido los zorros, pero vuelvo a verla por aquí de nuevo.

Yo he tenido tres gatos, los amo, pero soy alérgica a ellos y, antes de sucumbir al asma que me producen, siempre los he tenido que regalar. La gata gris, desde su prudente distancia, se gira de cuando en cuando hacia mí, para cerciorarse de que la sigo mirando. Siempre, en mi fuero interno, he tenido la certeza de que los gatos gobiernan el mundo, nos vigilan, nos miran con la displicencia de una mente superior mientras los alimentamos y nos disputamos sus caricias. Los vídeos de gatos de YouTube son la máxima expresión de su poder en la sombra, a través de ellos controlan nuestras mentes, nos manipulan y básicamente se burlan de nosotros. Puede parecer una teoría descabellada, pero ¿por qué son tan silenciosos (excepto cuando están en celo, es verdad, ¿pero quién lo es?). ¿Por qué son tan condenadamente elegantes y armoniosos? ¿Por qué tienen esa mirada que parece mofarse de nuestras expresiones de cariño incondicional hacia ellos? ¿Por qué los egipcios les dedicaban monumentos? ¿Por qué los vídeos de gatos son los más vistos en las cárceles del mundo, más que los vídeos pornográficos, las películas de Jean-Claude Van Damme o las de Steven Seagal? Ahora mismo, la gata gris me está mirando y sabe perfectamente que lo que estoy escribiendo se refiere a ella. Cuando he levantado la vista del ordenador, me ha mirado unos segundos y ha vuelto a desviar la mirada. Me está diciendo con la mirada que volverá a tener gatitos y que los dejará cerca de mi puerta y que yo los recogeré y los pondré en otra caja de cartón, como hice con sus hermanos. Y que, aunque estornudaré de cuando en cuando y los ojos me lagrimearán, los alimentaré lo mejor que pueda, y alejaré a los zorros y les buscaré familias que los cuiden como merecen y que se queden embobadas con ellos y cuyos niños los filmen haciendo tropelías.

La gata me mira por última vez, me envía un mensaje telepático que sólo ella y yo conocemos y se aleja mientras yo pongo punto final a estas líneas.

© XLSemanal

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