lunes, 7 de mayo de 2018

Lo que vemos y lo que queremos ver

Por Guillermo Piro
¿Qué tienen en común un oso hormiguero, Susana Giménez, las revistas del corazón y el concurso Wildlife Photographer of the Year? Varias cosas. Para empezar, la afirmación de Alex Strachan, un fotógrafo naturalista canadiense que explicó al Guardian lo siguiente: “Puedo mostrarte dos imágenes, un puma esquelético que se oculta en un acantilado salpicado de nieve, o uno criado por una empresa especializada, con algún kilito de más sobre un hermoso y brillante manto de nieve blanca. Un purista elegiría al puma salvaje mientras trata de sobrevivir, pero el 99% de las personas va a preferir la foto del puma que goza de buena salud”.

Hace unos años me topé con el editor de fotografia de una famosa revista del corazón y le pregunté por qué photoshopeaban tanto las fotos de Susana Giménez, si eso respondía a una disposición legal, como había oído por ahí. Este jefe de fotografía estuvo al borde de ofenderse, y me preguntó cómo osaba suponer que una revista podía sucumbir a la caprichosa voluntad de una presentadora televisiva. “Vos no sos el comprador prototipo de la revista, sos de los que miran los números atrasados en la peluquería. Los compradores de la revista, los que semana a semana meten la mano en el bolsillo y sacan los billetes gracias a los que nosotros vivimos, no quieren ver a Susana con arrugas”.

Yo veo mucha similitud entre las dos afirmaciones –en realidad veo la misma afirmación–, y todo esto sale a relucir a propósito de una de las fotos premiadas en octubre del año pasado por el Wildlife Photographer of the Year, en la sección “Animales en su ambiente natural”. La foto pertenece al brasileño Marcio Cabral, se titula The Night Raider y acaba de ser descalificada, un poco al estilo de cuando un corredor de los cien metros llanos gana una carrera y luego de pasar por el control antidoping le quitan la medalla. La razón es que el Natural History Museum, el museo de Londres que organiza el concurso, dice tener pruebas de que el fotógrafo usó un animal embalsamado. La foto muestra a un oso hormiguero, de noche, acercándose a un gran nido de termitas. Al parecer, Cabral habría tomado prestado un oso hormiguero embalsamado que se encuentra en el centro de turistas a la entrada de la reserva.

El Guardian usó el caso para contar que las fotos naturalistas muy a menudo son falsas o están retocadas, y que los fotógrafos, en vez de retratar animales salvajes, usan animales amaestrados, cortan y pegan a los animales en la posición apropiada o se sirven de carnadas para atraerlos más cerca del objetivo.

Uno de los métodos más usados consiste en recurrir a empresas que crían y adiestran animales salvajes para cine, fotografía y publicidad. Triple D, con sede en Montana, es una de ellas; una sesión fotográfica de noventa minutos cuesta entre US$ 100 y US$ 400, y dispone de tigres siberianos, osos grizzly, leopardos de las nieves y lobos, todos bien alimentados y estéticamente impecables. Las fotografías o filmaciones de animales salvajes obtenidas de este modo son tan comunes que llegaron a modificar el modo en que las personas imaginan a estos animales. La gente es propensa a antropomorfizar a los animales, y verlos en su comportamiento natural haría que ese mecanismo romántico se rompiera. Los osos grizzly, para dar  un ejemplo, suelen asesinar a las crías para volver a obtener rápidamente la buena disposición de las hembras, demasiado ocupadas en sus pequeños. Nadie quiere ver eso.

© Perfil.com

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