lunes, 19 de febrero de 2018

Caníbales

Por Manuel Vicent
El canibalismo era una antigua práctica gastronómica que consistía en comerse los humanos unos a otros mediante sacrificios rituales o simplemente por hambre. Aunque está asociado a algunas tribus de cazadores de cabezas que devoraban el cerebro del enemigo para adquirir su fuerza, el canibalismo hoy sigue vigente bajo la especie informática a través de las cuatro o cinco empresas que dominan el mundo de la comunicación.

De la misma forma con que se ceba a las ocas por sonda para obtener un exquisito paté de su hígado hipertrofiado, así convierte el sistema nuestro cerebro, a través de las redes sociales, en una de esas sopas, que tanto le gustan a Drácula.

Hubo un tiempo en que unos gigantes de la filosofía y de la ciencia, Pitágoras, Sócrates, Copérnico, Galileo, Newton, Einstein y Hawking, nos hicieron creer que el conocimiento sin límites depararía progreso, libertad e independencia a la humanidad. Ese sueño se ha desvanecido.

Puede que usted aún se crea libre e independiente, pero no es más que un producto nutritivo, atiborrado de publicidad e información tóxica, dispuesto para el festín de los nuevos antropófagos del sistema quienes por medio de los dispositivos móviles, de los big data, de los blockchains, de las múltiples aplicaciones de la inteligencia artificial controlan todos los movimientos, hábitos y tendencias de nuestra vida. Somos como nos quiere el poder: consumidores autómatas, controlados, alegres y desarmados. El conde Drácula ha adquirido una forma digital.

Hoy todo el mundo va con el móvil en la oreja, pegado a la yugular, sin saber que es el lugar más propicio para que el vampiro ponga a trabajar sus colmillos. Pero al final del banquete, ¿dónde depositará los cráneos y carcasas vacías cuando el conde Drácula nos haya chupado toda la sangre? En el móvil tiene que haber una aplicación. Pulse infierno.

© El País (España)

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