sábado, 27 de enero de 2018

Del diálogo al "decretazo": nueva estrategia de Macri para ejercer el poder


Por  Micaela Pérez

"Parece destinado a prescindir del Congreso", bramó la ex diputada del GEN Margarita Stolbizer. "Es una ley ómnibus en donde está claro que Macri se burla del Parlamento argentino", puso el grito en el cielo el diputado ultra K, Agustín Rossi. "Si el Presidente sigue insistiendo con mega decretos profundiza la grieta", advirtió Diego Bossio, referente del Bloque Federal de la Cámara baja que responde a los gobernadores peronistas.

Así, con quejas altisonantes y hasta presentaciones y denuncias en la Justicia, el arco opositor en pleno reaccionó al megadecreto "desburocratizador" de Mauricio Macri que derogó de un plumazo 19 leyes y modificó otras 140 levantando la temperatura política del ya tórrido verano porteño.

El polémico DNU que busca reducir la burocracia estatal, acotar costos y simplificar trámites en el marco del plan del PEN para achicar el gasto público anticipa la nueva postura que parece imponerse en la Casa Rosada luego de un diciembre caliente donde el Gobierno pagó caro ante la opinión pública el costo de conseguir la aprobación en el Congreso de la polémica reforma previsional: una caída de 10 puntos en la imagen de Mauricio Macri que, tras los aumentos de tarifas y el affaire Triaca, amenaza aún con profundizarse.

Lo cierto es que amén de los pataleos de la oposición, está claro que el tiempo de las leyes en las que el Ejecutivo le imprimía dramatismo al debate parlamentario y se "jugaba" el todo por el todo en la aplicación de su agenda de reformas está llegando a su fin. Los últimos movimientos oficiales parecen indicar que ya no habrá leyes clave que deban atravesar esa instancia, un giro rotundo en la estrategia dialoguista y negociadora que acompañó los primeros dos años de Macri en el poder y fue, además, una de sus cartas de presentación más fuertes a la hora de diferenciarse del kirchnerismo.

La suspensión de las extraordinarias convocadas inicialmente para el mes de febrero, el congelamiento de la reforma laboral (y su posible fragmentación), así como el decreto que anuló la paritaria docente y la designación de embajadores en comisión, sin acuerdo en el Senado, confirman este cambio de estrategia: "El Gobierno se está tirando a gobernar por decreto", resume el analista político Rosendo Fraga.

Para el director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría, "el Poder Ejecutivo va a evitar iniciativas que generen costos o conflictos relevantes. De acuerdo a las circunstancias y sus necesidades, recurrirá a decretos, pero siempre evitando generar nuevos conflictos".

Consultado por 3Días, el sociólogo Marcos Novaro coincide, con algunos matices: "La Casa Rosada está adelantando que si los legisladores no le aprueban los proyectos, puede recurrir al DNU. Así, abre la puerta para mejorar su situación en la negociación con el peronismo, que viene complicada", dice.

"Todo hace pensar que la voluntad del Gobierno es mostrar que es capaz de ejercer los poderes presidenciales a pleno y prescindir del apoyo de los gobernadores, es decir, hace una demostración de fuerza frente a sus socios de gobernabilidad que, en esta etapa decretista, será monopolizada por el Ejecutivo", evalúa en esa línea el politólogo Julio Burdman.

En efecto; el cambio en la táctica oficial para imponer sus políticas de verificarse en los sucesivo- dejaría en un segundo plano el papel del Bloque Federal, el peronismo dialoguista que responde a los gobernadores del PJ y que expresan las bancadas que conduce Miguel Pichetto en el Senado y el salteño Pablo Kosiner en Diputados.

Para Novaro, "el Gobierno va a dosificar los decretos en función de mantener la iniciativa y la autoridad frente a los negociadores de la oposición que pueden tratar de elevar su precio, Pichetto y los gobernadores Ahí sí va a apelar a los DNU". Y agrega: "Diría que si el Gobierno enfrenta situaciones de bloqueo, usará instrumentos para desbloquear, o sea, palos, como los DNU, y zanahorias, pero no creo que los administre a mansalva, porque sabe que la eficacia de los palos consiste en acompañarlos de zanahorias", grafica.

A diferencia de Fraga, sin embrago, que cree que el Gobierno abandonó con este giro político la idea del "reformismo permanente" que blandió con fuerza tras la buena cosecha en la elección de octubre, Novaro opina que el Ejecutivo "entiende perfectamente que el mal(léase, ajuste), lo tiene que hacer este año", porque en 2019 habrá que ir nuevamente a las urnas. "Va a ser un año duro, va a venir con malas noticias, y la negociación paritaria va a ser compleja. Ahora, mientras el crecimiento económico acompañe aunque sea tibiamente, las cosas se van a acomodar", avizora.

Con todo, los planes del oficialismo podrían verse alterados y recibir un duro golpe si la oposición en el Congreso como ya se insinúa- intenta bloquearle los decretos de necesidad y urgencia a los que apele para imponer sus políticas de gobierno. Por lo pronto, ya se especula con que apenas se reanuden las sesiones ordinarias, el massismo, el peronismo dialoguista y los K buscarán juntar los votos necesarios para dejar sin efecto el DNU "desburocratizador", aunque no la tendrán fácil. El oficialismo tiene el Control de la Comisión Bicameral de Seguimiento de Trámite Parlamentario, cuyo dictamen es necesario para que el Congreso trate la aprobación de los DNU. Y para anular un decreto de necesidad y urgencia se requiere el rechazo por mayoría simple de las dos cámaras.

Si bien el cambio de estrategia oficial apunta a evitar los sobresaltos políticos que sufrió en diciembre pasado con el tratamiento de la reforma jubilatoria, que le produjo, además, una fuerte pérdida de imagen ante la opinión pública, Macri también sabe que la oposición no se quedará de brazos cruzados. El nuevo escenario también podría darle un envión al peronismo para avanzar con su demorado y arduo proceso de unificación, dice Fraga, al tiempo que endurecerá la postura de los movimientos sociales y los sindicatos. Precisamente, la cruzada oficial contra los gremios será clave. "Más allá de que la gente tiene mala opinión de ellos y respalda al Gobierno en el corto plazo, en el mediano y largo puede ser señal de ingobernabilidad", alerta Mariel Fornoni, directora de Management & Fit.

En términos de imagen ante la sociedad, el uso -y abuso- de los DNU también conlleva riesgos. Aunque Burdman considera que la imagen de "autoritarismo" de los gobiernos está más vinculada a aspectos no tanto institucionales o de división de poderes sino más bien de "represión policial y estilo de comunicación", sí ponen en alerta a un sector puntual de la opinión pública.

De hecho, esta misma semana, un grupo de intelectuales enrolados en el Club Político Argentino, un colectivo que mantiene un apoyo crítico hacia la administración Cambiemos, dio a conocer un duro pronunciamiento en el que, sin aludir directamente a los decretos de necesidad y urgencia, sí instó al Gobierno a "mejorar la calidad institucional y hacer un esfuerzo más decidido por respetar y hacer respetar la ley".

La oposición, por su parte, leyó directamente como un atropello institucional al último DNU de Macri, y las comparaciones con Carlos Menem -quien batió todos los récords a la hora de eludir el debate parlamentario apelando al decreto- no se hicieron esperar.

Claro que Macri lleva apenas dos años de gestión y, si de estadísticas se trata, está lejos por ahora de alcanzar al riojano en esta materia. Lleva más de una treintena firmados, mientras que Carlos Menem firmó 574 DNU durante sus dos gobiernos. Le siguieron Néstor Kirchner, con 270; Eduardo Duhalde, con 158; Fernando De La Rúa, con 73 y Raúl Alfonsín, con 10. Cristina Kirchner firmó durante sus ocho años de gestión 76 DNU... pero no los necesitaba: en aquella época las iniciativas del PEN se votaban a libro cerrado sin posibilidad alguna de debate. Eran los tiempos en que el Congreso funcionaba como una escribanía. Habrá que ver qué es lo que viene en esta segunda etapa de Macri en el poder.

© 3Días

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