viernes, 8 de diciembre de 2017

El toma y daca permanente: la marca que tendrá el nuevo Congreso de Macri

Por Giselle Rumeau
En los papeles es un poder independiente. Pero lo cierto es que en el día a día, el Congreso nacional suele tener la impronta política de cada gobierno de turno. Con el kirchnerismo se clausuró el debate en el recinto. Se llegó a mencionarlo como "la escribanía de la Casa Rosada", porque con mayoría en ambas cámaras, el oficialismo sólo ratificaba las iniciativas que enviaba el Poder Ejecutivo sin tocar una coma.

Durante el gobierno de Carlos Menem, no había escrúpulos. Si necesitaban un voto más, sentaban a un asesor de un diputado en una banca y listo, tal como sucedió cuando Armando Vidal, histórico periodista parlamentario, descubrió la treta en marzo de 1992 y reveló el episodio del "diputrucho".

En la era de Fernando de la Rúa, se habló directamente de la "Banelco", como el "incentivo" para que los senadores aprueben las leyes. Fantasma que -agitado por Pablo Moyano- frenó ahora la reforma laboral del oficialismo.

Mauricio Macri, en tanto, inauguró la etapa de la negociación permanente, del ensayo y el error, de las correcciones y la marcha atrás. Se trata del único Presidente que desde el retorno de la democracia asumió con minoría en las dos cámaras legislativas. Hasta ahora, mal no le fue. En esa situación de desventaja, logró que en su primer año de gestión se aprobaran 96 leyes en el Congreso, número considerable en comparación con las 120 normas sancionadas en 2015, ó las 197 de 2014, según la fundación Directorio Legislativo. Con la campaña electoral en el medio, el 2017 fue un año menos laborioso, en el que se dio sanción definitiva a 75 proyectos de ley.

¿Cómo será el 2018 con el nuevo Congreso? Algo es claro: esa gimnasia negociadora del oficialismo se mantendrá como una letanía interminable en los próximos dos años, dado que el triunfo en las elecciones del 22 de octubre no alcanzó para convertir a Cambiemos en una fuerza con mayoría propia, capaz de sancionar leyes sin necesidad de contar con el aval de la oposición. Cuando el próximo lunes se renueven la mitad de la Cámara baja y un tercio del Senado, el interbloque oficialista seguirá siendo la primera minoría en Diputados y la segunda fuerza en la Cámara alta (peleaba al cierre de esta edición por pasar al frente con la suma de aliados provinciales), aunque estará mejor parado para negociar frente a un peronismo que seguirá desunido, diseminado entre el kirchnerismo, el peronismo no K, y lo que quede del massismo. Si bien los realineamientos están a la orden del día, por ahora Cambiemos pasará de sus 87 diputados actuales a contar con 108, y quedará así a 21 legisladores para lograr el quórum de 129 presentes en el recinto, necesarios para iniciar una sesión y tener mayoría simple a la hora de votar los proyectos. Seguirá funcionando como interbloque porque la intención del macrismo de fusionarlo en una sola bancada es rechazada por la UCR en pos de mantener su individualidad partidaria. También quedó en el camino la posibilidad de sumar al flamante afiliado radical Martín Lousteau y a su correligionaria Carla Carrizo ante el pataleo de Elisa Carrió, quien tampoco aceptó el acuerdo en la Ciudad entre el promotor del economista, Enrique Coti Nosiglia, con el operador del PRO Daniel Angelici.

Por su parte, el Frente para la Victoria ya tiene asegurados más de 60 diputados, que volverán a ser conducidos por Agustín Rossi, mientras que el interbloque del PJ sumarían 31 bancas, y el massismo, 17.

En el Senado, Cambiemos pasará de los 15 senadores actuales a 24, un tercio del recinto, convirtiéndose en el segundo bloque, por detrás del peronismo que quedará con 25. El cuerpo se completará con el kirchnerismo (8) y otras fuerzas provinciales (10). Todas las miradas estarán puestas en Cristina Kirchner, en su regreso o no al recinto, ya que depende de qué decisión tome el Senado respecto de su pedido de desafuero en la causa por el supuesto encubrimiento en el Pacto con Irán.

Con todo, y pese a no tener mayoría parlamentaria, el triunfo de octubre envalentonó a Macri para anunciar un paquete de reformas estructurales, que abrió paso a una negociación con los gobernadores, empresarios, gremios y legisladores de la oposición. Como resultado, se materializaron varias iniciativas que fueron ingresando al Congreso. Se espera hasta fin de año una gran actividad parlamentaria. La agenda para las sesiones extraordinarias contempla el Presupuesto 2018, la reforma tributaria, la reforma y el pacto fiscal, la reforma previsional, el financiamiento productivo, el revalúo impositivo y el impuesto a los créditos y débitos bancarios. La reforma laboral, cuestionada por un sector de los gremios, podría quedar para marzo próximo.

De cara a las futuras negociaciones por el quórum, el Gobierno volvió a confiar en la buena cintura de Emilio Monzó para ratificarlo al frente de la Cámara baja. El radical Mario Negri será el titular del interbloque de diputados de Cambiemos, mientras que Federico Pinedo continuará al frente de los senadores oficialistas.

Así las cosas, ¿quién será la fuerza que jugará como árbitro del nuevo Congreso? ¿A quién elegirá el Gobierno como interlocutor válido? Si Cristina logra esquivar el desafuero por un largo tiempo como lo consiguió Menem, ¿será un escollo para la aprobación de las leyes o quedará debilitada? A continuación, las claves del Congreso que se viene:

- El PJ, dividido e interlocutor

Todo indica que hasta el 2019, el destino del peronismo será la fragmentación. Al menos hasta que se resuelva la candidatura presidencial y el nuevo líder logre reunir las partes. "El peronismo es una fuerza que, al igual que el PRI mexicano, sólo acepta liderazgos indiscutidos cuando está en el poder", afirma el consultor Enrique Zuleta Puceiro, titular de OPSM. Precisamente, el principal escollo del PJ es que tiene varios actores institucionales de peso, como los gobernadores, pero sin figuras descollantes. Y para peor, la sindicada como la culpable de esa crisis, Cristina Kirchner, fue la peronista más votada en los comicios del domingo, pese a su rotunda derrota frente a Cambiemos en la Provincia. Esta situación tiene su correlato en el Congreso, donde habrá -al menos hasta que se terminen los reacomodamientos- tres sectores diferenciados. Mientras se encara la reconstrucción de la fuerza con el objetivo de volver a ser un partido de centro, la novedad en la Cámara baja es la conformación del "bloque de los gobernadores". Se trata de Argentina Federal, un grupo de tono dialoguista con el Gobierno, integrado por los 19 diputados del peronismo no K que lidera Diego Bossio y aquellos legisladores que responde a los mandatarios peronistas Juan Manuel Urtubey (Salta), Juan Schiaretti (Córdoba), Gustavo Bordet (Entre Ríos), Sergio Casas (La Rioja), Juan Manzur (Tucumán), Domingo Peppo (Chaco), Carlos Verna (La Pampa) y el misionero Hugo Passalacqua. Con 31 miembros, la intención del interbloque es remplazar al massismo en su rol de principal interlocutor con el Ejecutivo y negociar el quórum en pos de los intereses de las provincias. Estará presidido por el salteño Pablo Kosiner, delfín de Urtubey, y funcionará en mímesis con el que comandará en el Senado Miguel Angel Pichetto, quien el miércoles formalizó la ruptura del bloque del Frente para la Victoria, conformó el espacio del peronismo y dejó asíaislada a Cristina.

"En el corto plazo, la división del peronismo es una ventaja para el Gobierno. Pero no hay que descartar que PJ y kirchnerismo voten juntos algunos proyectos, como ya sucedió en 2016 y 2017", advierte Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría. Ese escenario podría darse con la sanción de la reforma laboral que propone el Gobierno, rechazada por el cristinismo y un sector del peronismo que no responde a los gobernadores.

- CFK, una incógnita

Con varias causas y procesamientos por corrupción en su haber -a lo que se sumó ayer el pedido de desafuero para poder darle prisión preventiva del juez Claudio Bonadío-, la ex presidenta llegaría al Senado para liderar la bancada Unión Ciudadana de ocho miembros. Son varios quienes creen que llegaría debilitada y obligada a negociar, dado que el bloque peronista junto con el oficialista tienen el número para proceder a quitarle sus fueros parlamentarios. Está claro que más allá de los vericuetos técnicos, el desafuero de una ex Presidenta que obtuvo más de tres millones de votos en la última elección a senadora, es una cuestión política. El Gobierno no estaría dispuesto, por ahora, a complicar la negociación con el peronismo ante las reformas que deben aprobarse durante las sesiones extraordinarias. Sería colocar a Pichetto en un lugar incómodo, de presión extrema. Es probable entonces que el pedido de Bonadio no se trate hasta marzo del año próximo. O no se trate nunca si se decide atender a la jurisprudencia del Senado que sostiene que se procederá a quitarle la inmunidad de arresto a uno de sus miembros sólo si existe una condena con sentencia firme. Que lo diga sino el senador Menem, quien en 2013 -dieciocho años después de cometido el delito- recibió una condena de siete años de prisión por el tráfico ilegal de armas a Ecuador y Croacia ocurrido en su gobierno, y aún espera la sentencia firme de la Corte Suprema sentado en su banca.

En cambio, la fortaleza de CFK estaría en el bloque del Frente para la Victoria en la Cámara de diputados que, con más de 60 integrantes belicosos, se convertirá en la oposición fuerte al oficialismo. Según Fraga, "Cristina y sus bloques serán un obstáculo para las negociaciones del oficialismo con el peronismo, pero no decisivo. El PJ tendrá un bloque de 25 senadores y cerca de 35 diputados nacionales, que pueden acordar mayoría en las dos cámaras".

Carlos Fara, director de la consultora que lleva su nombre, cree que el oficialismo va a lograr consenso con los gobernadores para aislar a Cristina. "No será la forma ideal para el Gobierno pero creo que el negocio de ambas partes es dejarla a Cristina por fuera del marco de la racionalidad y la gobernabilidad", explica.

- Fin del arbitraje massista

Sin duda, Sergio Massa es uno de los grandes perdedores de las legislativas de octubre. Al quedarse fuera del Congreso -dado que se postuló como senador en la provincia de Buenos Aires y salió tercero- le será difícil mantener la unidad de su bloque y el rol de árbitro entre oficialismo y oposición. El resultado electoral diluyó de manera automática a su tropa en general y el Frente Renovador -estará presidido por Graciela Camaño- pasó de 37 diputados a 17. El mejor ejemplo de su pérdida de poder es que los cinco cordobeses que responden al gobernador Schiaretti abandonaran el interbloque massista para mudarse a la flamante bancada de los mandatarios peronistas.

"La situación de Massa es compleja porque muchos de sus soldados creen que tarde o temprano hay que volver al justicialismo con condiciones. Además, el bloque del peronismo no cristinista reduce mucho las posibilidades de diferenciación del tigrense", analiza Fara.

Para Zuleta, en tanto, "por ser un grupo heterogéneo de políticos y profesionales de extracción muy diversa, son muy pocos los massistas que se apuran a volver al peronismo. "Por el momento muchos se apuntan mas bien a contribuir a formar la indispensable pata peronista de Cambiemos".

- Los aliados de Cambiemos

En el Gobierno festejaron el martes la conformación de lo que llaman el bloque de los gobernadores. Consideran que Argentina Federal será el principal interlocutor opositor en la Cámara baja, así como Pichetto seguirá siendo uno de los negociadores preferidos en el Senado. Se trata de un razonamiento simple: "Los gobernadores serán los principales aliados porque ahí se da el toma y daca del dinero y del ordenamiento para que todos terminen felices en 2019. Con eso, el Gobierno tiene asegurada la gobernabilidad", afirma Fara.

Según Zuleta Puceiro, el Gobierno carece de aliados incondicionales. "Todos están dispuestos a contribuir en la medida en que tengan posibilidades de ser entendidos e incluidos en sus reclamos", explica.

Fraga, en tanto, advierte que los bloques peronistas serán los interlocutores para los acuerdos con el Gobierno, pero ello no implica que sean aliados.

Desde Balcarce 50 destacan también a los socios de las fuerzas provinciales, que responden a gobernadores sin partido político y suelen negociar con el gobierno de turno. Así, cuentan a los seis diputados del Frente Cívico por Santiago, al representante del Movimiento Popular Neuquino y al del bloquismo de San Juan. Sería el plan B de la Casa Rosada en caso de que la relación con el peronismo se ponga difícil. Al cierre de esta edición, negociaban la incorporación al interbloque de senadores de Cambiemos del salteño Juan Carlos Romero y de la fueguina Miriam Boyadjian, entre otros. La intención es convertirse en la primera minoría del Senado.

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