miércoles, 6 de septiembre de 2017

La mujer que quiere reemplazar a Cristina Kirchner

Margarita Stolbizer, un capital político basado en la confianza.
Por Laura Di Marco

El sol empezaba a caer el domingo del 13 de agosto en el búnker del Frente Renovador, mientras llegaban los primeros resultados adversos a Sergio Massa. Hasta aquel punto de inflexión el líder bonaerense había apostado a la ancha avenida del medio, definitivamente sepultada por el magro porcentaje de la elección y el clima mortuorio que rondaba en el búnker de Tigre. 

Fue entonces cuando un ladero del ex intendente empezó a entonar la marcha peronista. Margarita Stolbizer, la socia del Frente 1 País, quedó muda, como ajena dentro de aquella postal extraña.

¿Qué hace Margarita con Massa? El tigrense planea un nuevo giro peronista de cara a octubre, mientras su socia está convencida de que las elecciones no se ganan abrazándose a la foto de Evita. ¿Entra en crisis esa alianza o se resetea? ¿Resulta políticamente viable la mixtura entre el progresismo socialdemócrata y el peronismo camaleónico de Massa? ¿O acaso la líder del GEN se acercó al hombre equivocado, como perciben muchos votantes de Cambiemos que la visualizan más cerca de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal?

Ninguno de esos interrogantes habita el mundo intelectual de Margarita. A 46 días de las elecciones de medio término, su paradigma es otro. "Hay que sanear y reconstruir el espacio del progresismo popular, que fue bastardeado por el kirchnerismo. No me gusta la idea de la ancha avenida del medio. No quiero estar en el medio. Con Sergio buscamos representar el espacio de los progresistas legítimos. Cristina no puede ser oposición. No puede ser quien controle a Macri, por eso quiero reemplazarla".

¿Es progresista Massa? Stolbizer analiza el reordenamiento de la política argentina desde una perspectiva clásica. El tigrense es progresista, dice, por su agenda social, que incluye a los jubilados, las pymes, la baja de los precios y de ganancias. El Presidente, desde la otra vereda, amasó su perfil dentro de la incubadora empresarial. Tiene puesta la camiseta de un solo color. Es neoliberal. Cree en la teoría del derrame. Se crió haciendo negocios con el Estado. Le reconoce, sin embargo, la paradoja de haber modernizado una fuerza política conservadora. ¿Y María Eugenia Vidal, a quien fue a buscar personalmente a su casa de Morón, después de haber ganado inesperadamente en 2015? Siempre la diferencia personalmente de Macri, aunque en el fondo está convencida de que la gobernadora es un clon político de su jefe. "María Eugenia es Macri", sintetiza con un déjà vu kirchnerista.

A los 62 años no se ve liderando personalmente una alternativa política a futuro. No construye para octubre, tampoco para el GEN, una fuerza excesivamente "margarito-dependiente". Diseña en el largo plazo con una meta arquitectónica ambiciosa: la modernización del espacio progresista, cuyo timón deberá tomar, en 2019, su socio de 45 años. ¿Massa sería la etapa superior del margaritismo?

El tigrense nunca fue aceptado en el peronismo como un líder ordenador. Sin embargo, después del traspié en las Paso, un grupo de gobernadores empezó a frecuentarlo en sus oficinas de la zona Norte. Está probado que la desesperación, a veces, produce confusiones. ¿Podría reunificarse el peronismo en el futuro alterando los planes de la líder socialdemócrata? En una conversación privada que mantuvieron después de las primarias, Massa le comunicó a su socia que la "peronización" de su campaña será, más bien, discursiva, retomando la idea de "ascenso social", históricamente encarnada por el peronismo.

¿Qué decimos cuando hablamos? Vale la pena detenerse en la idea de "ascenso social". La rigurosa investigación que llevó adelante en Conurbano Infinito un grupo de académicos independientes, liderados por el cura jesuita Rodrigo Zarazaga, corrió velos y enfocó las heridas verdaderas. La provincia de Buenos Aires -que el peronismo gobernó durante los últimos treinta años- concentra el 40 por ciento de los pobres de la Argentina. La mitad de los bonaerenses trabaja en negro. El salario de los trabajadores informales es un 40 por ciento más bajo del que perciben sus pares, amparados en la formalidad. Datos oficiales del Plan Nacional del Agua revelan que, de los 43 millones de habitantes de la Argentina (2015), casi el 42 por ciento carece de cloacas, un porcentaje que es sensiblemente superior en el conurbano. Las cloacas no son de izquierda ni de derecha.

Otro término que se volvió confuso es el de progresismo. ¿Significa lo mismo para Margarita -o para la clase política- que para el ciudadano común? En 2007, la consultora González&Valladares midió la cualidad progresista de los candidatos porteños, según la opinión del electorado. En aquella medición, se llevaron una sorpresa porque, a ese podio, la gente integró a Mauricio Macri, supuestamente ubicado en la góndola de la política como un líder de centro derecha. ¿Qué había pasado? Los electores habían asociado progresismo con progreso.

Uno de los hallazgos teóricos más importantes del "duranbarbismo" es la idea de círculo rojo (que no sólo incluye al establishment sino que abarca a la ciudadanía politizada). Se trata de dos miradores -dos lenguajes- paralelos completamente diferentes. Jaime Durán Barba, el consultor presidencial, suele chicanear con que el círculo rojo vive en un tupper, desconectado de lo real. Un diagnóstico que, muchas veces, es acertado.

"Estos no están haciendo nada. Es puro marketing... Pero, ojo, que nosotros tampoco hicimos nada", se sinceraba esta semana el líder de una poderosa organización social de la provincia de Buenos Aires, en medio de las tensiones con un Gobierno que se planta más firme, después de las Paso. La teoría del líder piquetero resume un consenso que circula en la intimidad del peronismo. ¿La sociedad argentina ve lo mismo o se trata de una interpretación del círculo rojo peronista?

Una encuesta nacional, realizada en agosto por Isonomía, reveló que el 55 por ciento de la sociedad argentina constató la puesta en marcha de obra pública nueva en el lugar donde vive. En la provincia de Buenos Aires, ese porcentaje trepó al 62 por ciento y subió al 68 en el conurbano bonaerense. Una mayoría social percibe que se está avanzando.

Es que, en el imaginario colectivo, la ciudadanía no asocia al progresismo con la centroizquierda sino con la esperanza de la modernidad: una ilusión -una demanda- que Cambiemos supo captar en su oferta política, independientemente de que, efectivamente, sea capaz de cumplirla. "La demanda electoral es lo que ordena al Gobierno, y no al revés. El jefe es el ciudadano", desliza el jefe de Gabinete Marcos Peña, en la intimidad de su despacho.

Las expectativas desmedidas suelen ser resentimientos anticipados. Tal vez por eso Massa se desmoronó emocionalmente con el 15,5 por ciento que obtuvo en las Paso. Está claro que su ambición política esperaba mucho más. Su socia, en cambio, apenas lo vivió como una vicisitud. Su propia vida le enseñó a ordenar las prioridades y, sobre todo, a distinguir los malos momentos de las tragedias. Cuando tenía 29 años vivió una verdadera tragedia, que formateó definitivamente su modo de encarar la vida y la política. Asistió a la agonía de su mamá, fruto de la explosión de una garrafa en la casa donde ambas vivían solas en Castelar. Dos meses más tarde, como consecuencia de aquel estrés, se le desató el trastorno neurológico de Guillain-Barré, que le dejó secuelas permanentes en sus ojos y su boca. El resultado de las primarias fue tan sólo un pequeño obstáculo en el largo proceso de construcción de un espacio alternativo de poder. Otra diferencia entre los accionistas principales de 1País.

Massa tiene, además, un problema de credibilidad: un déficit que aparece en la mayoría de los focus group y que debilita sus promesas. Margarita, en cambio y como principal denunciante de Cristina Kirchner, fue construyendo un perfil opuesto. Un capital político, basado en la confianza, que podría ponerse en peligro, dentro de una pareja confusa y despareja.

© La Nación

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