sábado, 1 de julio de 2017

Desnacionalizar

Por Fernando Savater
Lo oí por la radio: “el futuro pertenece a las naciones sin Estado”. Se entendía que porque llegarían a tenerlo, un estado más pegado a la nación, más nacional que ninguno. 

Lo consideré una mala noticia y contrapensé: “el futuro debería de ser de los Estados menos nacionales, de los más desnacionalizados”.

La modernización de la democracia empezó cuando los Estados se desligaron de las creencias religiosas y funcionaron con libertad de cultos, cada vez de manera más laica. Culminará cuando se desliguen de las fidelidades nacionales y prioricen los derechos y deberes cívicos, volviéndose definitivamente laicos ante la religión nacionalista que sustituyó a las otras.

Lo colectivos predemocráticos (quieren ser suprademocráticos) como las religiones, las naciones y las ideologías totales son el vector reaccionario del movimiento político; el individualismo cívico que convierte la religión, la identidad nacional o la ideología en un derecho de cada cual pero no en una obligación de nadie, y aún menos colectiva, es la punta de lanza de la modernización democrática.

El Estado debe estar formado por ciudadanos libres e iguales bajo leyes comunes dictadas por ellos y modificables del mismo modo; no por naciones distintas o religiones distintas con derecho a privilegios en virtud de leyendas históricas o piadosas.

Tanto desde la tradición de la derecha como desde la de la izquierda brotan antiprogresistas con idéntico propósito: convertir el aparato estatal en promotor de colectivos distintos y distantes que se impongan a las opciones creadoras de los ciudadanos, cuyas individualidades dicen encuadrar. Teocracias, nacionalcracias y otras beatificaciones del rebaño, frente al Estado democrático, que respalda el derecho individual a formar grupos o disentir de los existentes, dentro de leyes laicas decididas por todos. ¿Es tan difícil de entender?

© El País (España)

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