lunes, 8 de mayo de 2017

¿No era que se iban rápido?

Por Cecilia Mosto (*)

Para impaciencia de muchos, la confianza en la figura presidencial, entre la población AMBA, no baja del 50% desde que asumió, nivel que duplica los valores con los que dejaba, en 2015, esa institución Cristina Kirchner y con el que se ubica en la cima del ranking junto a los medios de comunicación.

En poco tiempo, Cambiemos se convirtió de una alianza con los días contados, a la que sólo había que esperar para que sus propios errores la borraran del mapa político, en una fuerza a la que hay que ver cómo se le gana este año en las elecciones de medio término. Con un lanzamiento de campaña de lujo en Ferro en el que expuso, no sin cierto atrevimiento, que el universo trabajador es muy amplio y que nadie es su dueño, Macri movió diez casilleros en una sola jugada destacando, al mismo tiempo, que el PJ, la izquierda, la CTA y el FpV siguen apostando a una estrategia, un discurso, un método que sólo mejora la velocidad del partido del Gobierno en la carrera electoral. Cualquier encuesta afirma hoy que la pérdida de imagen de Macri es baja, y la expectativa en el corto plazo es alta entre la población, sobre todo si miramos los escasos resultados económicos logrados y demás escollos nada menores en el desarrollo de la gestión.

La oposición debe empezar a digerir con resignación que probablemente la experiencia PRO represente un verdadero cambio en la organización política del país. Debe abandonar la subestimación histórica hacia su capacidad, ya que esa subestimación constituye en parte su fortaleza y deja a la oposición encerrada en una estrategia pobrísima. Es la que le permitió y le permite avanzar y aprovechar cada uno de los espacios que le han sido otorgados porque era imposible creer que iba a apropiárselos de manera efectiva.

Ceder espacio al PRO era cedérselo a nadie. Eso pensó el FpV al convertirlo en su oponente. Un buen nadie con ingredientes que lo ponían a representar todos sus fantasmas y al que se podían comer crudo en cualquier momento. Ni se lo comieron ni es nadie. Cambiemos sabe tocar la música que una parte de la opinión pública quiere escuchar, y la nueva elite que lo integra va demostrando ser sustentable y disruptiva, recortándose nuevamente como alternativa y consolidando el concepto de fin de ciclo de la administración de la política por un solo partido. El PJ encuentra por primera vez una disputa real en la administración del poder.

Hoy el problema más importante para la población es la inseguridad, no el desempleo ni la inflación, que se ubican tres veces por debajo de aquélla como preocupación pero que, sin embargo, constituyen los ejes sobre los que se organizan marchas, piquetes y paros, principales herramientas de posicionamiento de los partidos opositores.

Cada día de Cambiemos en Provincia, en Nación y en Ciudad consolida una nueva estructura partidaria cuyo principio organizador atenderá la construcción de opinión pública. El PJ tiene que rehabilitar su atrofia muscular después de años en la comodidad del poder para volverse competitivo en el actual contexto y frente a una fuerza nueva.

Los argumentos invocados para precipitar su caída cada vez suenan más forzados e inverosímiles. ¿Y si prueban con el voto?

(*) Politóloga

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