martes, 2 de mayo de 2017

Los diabólicos planes de Macri

Por Pablo Mendelevich
Pese al destrato de Néstor Kirchner hacia George W. Bush, doce años atrás, en la famosa IV cumbre de las Américas de Mar del Plata, contracumbre incluida, como opositores los kirchneristas parecen inspirarse ahora en la peor doctrina de aquel presidente republicano. La llamada Doctrina de agresión positiva consistió en la instrumentación impúdica de guerras preventivas basadas en suposiciones de enunciado escandaloso y consistencia frágil.

Así fue con las armas químicas de Iraq, una aseveración temeraria convertida en orden de invadir. Bush primero colocó a Irak en "el Eje del Mal", extraño alineamiento con Irán, Cuba y Corea del Norte, este último país retirado de la lista apenas alguien recordó su desarrollo nuclear.

Si bien muy lejos de las tragedias que significan las guerras reales, en la Argentina hay una hostilidad preventiva que se basa en supuestos rara vez verificados. A partir de la cultura política que legitimó desde los tiempos de Rosas, del primer Perón y de los dos Kirchner la idea de que el oponente no es un adversario sino un enemigo, el bombardeo argumental preventivo tiene por objeto justificar una reacción extrema ajustada a la magnitud del peligro que se denuncia. Si es verdad que Mauricio Macri aplica un plan sistemático para "hambrear al pueblo", como dijeron el último 24 de marzo los organismos de derechos humanos copados por el kirchnerismo, ¿qué importancia puede tener la legislación que garantiza el derecho a la libre circulación cuando "el pueblo" se vuelca a cortar calles con el fin de sobrevivir?

Cualquier reacción, por más destemplada que sea, queda legitimada en la lucha por la supervivencia. Abuchear al presidente en los actos oficiales sería lo de menos. Deberían tomarse como naturales maniobras de "resistencia" mucho más agresivas. ¿Y la democracia? ¿Y la soberanía popular, que instaló a los actuales gobernantes? Comprendemos las molestias ocasionadas, parecen decir los devotos de la prevención profiláctica institucional, pero el tamaño del peligro en ciernes exige comportarse igual que si se estuviera enfrentando la opresión de una dictadura. Nos gobierna el Eje del Mal.

La matriz del diseño preventivo de Bush que acá se replica políticamente apunta, desde luego, a enmascarar odios que en estado crudo serían impresentables. Por eso es constante la atribución a Macri de intenciones destructivas siempre a punto de consumarse. Es curioso, los mayores ataques al gobierno no son en tiempo pasado ni presente. Se refieren al futuro. El presente, que por cierto no es agraciado en términos sociales y económicos, sirve para apoyar las lanzaderas apocalípticas. Lo que se prepara, avisan, es un desastre irreversible. O muchos desastres irreversibles, con carácter rotativo.

Primero el gobierno de Cambiemos iba a terminar con los juicios a los militares, después iba a reponer las AFJP, más tarde los despidos en el Estado inaugurarían una ola de desocupación despiadada, el gas y la luz se volverían impagables para todos los trabajadores y se acabaría con la ciencia y con los científicos nativos. Sobre la base de reclamos salariales genuinos se montó la consigna política de la destrucción de la escuela pública. Entonces, al deshilacharse la huelga docente por falta de apoyo se ancló la carpa "itinerante" frente al Congreso, remake de un ícono con mejor prensa que resultados cuando se trataba de resistir al neoliberalismo de los noventa. Era la partitura peronista de entonces, hoy endilgada diabólicamente a Macri por muchos de quienes sostuvieron al duradero Menem.

Hasta hace poco era el kirchnerismo más fanatizado el que practicaba esta oposición furibunda, de alguna manera inspirada en la Doctrina de agresión positiva. Pero ahora, lanzada la precampaña electoral, sectores peronistas más moderados también formulan advertencias tenebrosas sobre alguna cosa que estaría por destruir Macri, ya sean el cine nacional, los derechos sindicales o los centros de estudiantes de los secundarios. El último fin de semana Daniel Scioli, cuya derrota en el ballottage de 2015 arruinó los planes del kirchnerismo de seguir en el poder, advirtió en tono dramático, en declaraciones al diario El Tribuno, de Salta, que Macri tiene pensada una próxima etapa de privatizaciones, "además de seguir teniendo al salario como variable de ajuste".

El ex candidato presidencial del Frente para la Victoria no reveló qué áreas del Estado va a privatizar Macri ni cómo conseguirá los votos necesarios en un Congreso que no controla, pero dejó claro que en su opinión privatizar y tener al salario como variable de ajuste es más o menos igual de horrible. Lo que prueba que este Daniel Scioli sí tiene coraje para denunciar injusticias, no como el que apoyaba las privatizaciones de los noventa de su mentor y padrino político. Scioli, de cuya importancia simbólica no se puede dudar, no por lo que fue sino por lo que no fue, comprende mejor el futuro que el pasado. El periodista de El Tribuno le preguntó si era verdad o no que Buenos Aires, como dijo María Eugenia Vidal, estaba quebrada. El ex gobernador respondió: "Yo no voy a ponerme a discutir eso".

© La Nación

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