jueves, 4 de mayo de 2017

A Jesús Peñalver

Por Rubén Blades (*)

Estimado Jesús:

He leído con mucho interés tus comentarios y los agradezco.

Quiero comentar, con el mayor respeto, sobre los párrafos de mi artículo a los que te refieres.

Hoy, leyendo la prensa internacional, me encontré con una declaración del Papa Francisco, en la que indica que uno de los problemas para producir una solución a la crisis en Venezuela esta representado por "... las divisiones dentro de la oposición venezolana". Esa situación, descrita por una persona que es considerada mundialmente como políticamente neutral, es una de las causas a las que me refiero cuando señalo por qué parte del sector popular no se acaba de sumar a la propuesta que reclama un gobierno distinto en Venezuela.

Ese sector, seguramente, no confía en los motivos de la oposición y teme un regreso al pasado igualmente amargo de la corrupción politiquera que precedió al chavismo y que ignoró las necesidades y las vidas de la población. El conflicto interno de la oposición en nada ayuda a disipar ese recelo, no importa cuánto se haya intentado suavizar y soslayar el hecho por parte de la MUD.

No hay duda de que Leopoldo López y Henrique Capriles comparten el deseo de que el desgobierno actual desaparezca. También es claro que hasta allí llega la unidad opositora; el país lo sabe. Como políticos tradicionales, cada uno busca consolidarse como el líder de la oposición y futuro candidato a la presidencia de Venezuela. Creo que es a eso precisamente a lo que se refiere el Papa Francisco cuando habla de, "divisiones en la oposición". Repito: este hecho seguramente contribuye a que exista una desconfianza que evita que se le sumen, públicamente, aquellos que habiéndose identificado al principio con Hugo Chávez, hoy ya no simpatizan con el régimen actual.

En cuanto a la violencia, concuerdo en que el gobierno fue el responsable directo desde el inicio por su aparición y entiendo que algunos argumenten la necesidad del ciudadano, la de poder defenderse de la agresión estatal.

Pero violencia engendra más violencia, inocentes se verán afectados por ella y esto genera repudio hacia ambos grupos, oposición y gobierno, imposibilitando aún mas la gobernabilidad del país.

Si el sistema actual desaparece violentamente reemplazado por la oposición, es muy probable que solo se produzca una inversión de la ecuación actual de poder, pero sin resolver la polarización política, social y económica que hoy divide a Venezuela.

Para evitar un escenario así, luce prudente el que la oposición explique a la ciudadanía, con argumentos claros, transparentes y contundentes, cuáles son sus planes para lograr un mejor país, distinto al del pasado politiquero corrupto, y superior al que el actual gobierno chavista propone.

Un asunto tan serio como determinar el futuro de Venezuela no debe degenerar en un simple "quítate tu, pa' ponerme yo". El tema es complejo, requiere de una negociación responsable y sobre todo, de un consenso nacional basado en la honestidad del argumento. Lo de "primero ganamos y después hablamos" no es una premisa persuasiva, menos en condiciones tan urgentes, traumáticas y peligrosas como las que hoy, trágicamente, encara Venezuela.

Mis comentarios no representan una defensa de lo indefendible; son un llamado de atención para que no se repitan situaciones que ya hemos experimentado a nivel internacional: la pérdida de la oportunidad para crear una sociedad más justa, para todos, que no sea víctima de las ambiciones personales y/o de los afanes de revanchas ideológicas.

Gracias otra vez por tus palabras y por dedicarle tiempo a lo que escribo.

(*) Cantante, compositor, músico, actor, abogado y excandidato presidencial de Panamá.

© RB

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