jueves, 26 de enero de 2017

Las cosas en Estados Unidos solo pueden empeorar


Por Paul Krugman

Si Estados Unidos tuviera un sistema parlamentario, Donald Trump —quien pasó su primer día en el cargo haciendo una rabieta, despotricando contra informes precisos de poca asistencia a su inauguración— ya enfrentaría una moción de censura. Pero no tenemos ese sistema; así que de alguna manera tendremos que sobrevivir a cuatro años de esto.

¿Y cuál será su reacción cuando le informen sobre las cifras decepcionantes de las cosas que de verdad importan?

En su discurso inaugural, espeluznante y espantoso, Trump describió a un país en serias dificultades –“una masacre estadounidense”–. El verdadero Estados Unidos no luce así para nada; tiene muchos problemas, pero las cosas podrían estar peor. De hecho, es probable que en efecto empeoren. ¿Cómo lidiará con eso un hombre que evidentemente no puede manejar un pequeño golpe a su ego?

Hablemos de las malas noticias predecibles.

Primero, la economía. Al escuchar a Trump, se podría haber pensado que Estados Unidos estaba pasando por una depresión a gran escala, con “fábricas deterioradas que se extienden como lápidas a través del paisaje de nuestra nación”. Los empleos de manufactura en efecto han disminuido desde el año 2000; sin embargo, el empleo total aumentó y la tasa de desempleo es baja, en comparación con los estándares históricos.

Y no es una sola cifra la que tiene muy buena pinta: el aumento en los salarios y el número creciente de estadounidenses con la confianza suficiente para renunciar a sus trabajos sugieren que tenemos una economía cercana al pleno empleo.

Esto significa que el desempleo probablemente no puede disminuir mucho desde este punto, así que, incluso con buenas políticas y buena suerte, la creación de empleos será mucho más lenta de lo que fue en los años de Obama. Puesto que las cosas malas sí pasan, es muy probable que la tasa de desempleo sea más alta que la cifra actual dentro de cuatro años.

Ah, y los déficits presupuestarios trumpistas probablemente aumentarán el déficit comercial, así que particularmente los empleos de manufactura pueden disminuir, no aumentar.

Un segundo frente en el que las cosas seguramente empeorarán es el de la atención médica. Con Obamacare, el porcentaje de estadounidenses sin seguro médico cayó drásticamente, a su nivel más bajo en la historia. La anulación de esta ley haría que las cifras subieran de nuevo: habría 18 millones de personas sin seguro tan solo en el primer año y terminarían por aumentar a más de 30 millones, de acuerdo con estimaciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso. Y no, los republicanos que han pasado siete años sin poder presentar un remplazo de verdad no desarrollarán uno en las semanas próximas… ni nunca.

En cuanto al tercer frente, el crimen, no es clara la dirección a futuro. La visión de Trump de un Estados Unidos urbano devastado por “el crimen, las pandillas y las drogas” es una fantasía distópica: de hecho, los crímenes violentos disminuyeron bastante pese al aumento de homicidios en algunas ciudades, que ha sido muy publicitado. Supongo que el crimen podría bajar aún más, pero también podría aumentar. Lo que sí sabemos es que el gobierno de Trump no puede apaciguar las zonas urbanas en guerra de Estados Unidos, porque esas zonas no existen.

Así que, ¿cómo manejará Trump las malas noticias del aumento en el desempleo y la baja en la cobertura de seguros médicos, así como la pequeña reducción en los crímenes, si es que hay alguna? Eso es obvio: negará la realidad, como siempre lo hace cuando esta amenaza su narcisismo. Pero ¿sus simpatizantes compartirán su fantasía?

Puede que lo hagan. Después de todo, ignoraron las buenas noticias de la era de Obama. Dos tercios de los votantes de Trump creen, de manera falsa, que la tasa de desempleo se elevó durante el gobierno de Obama. Tres cuartos creen que George Soros le está pagando a la gente para que proteste en contra de Trump.

Solo el 17 por ciento de quienes se identifican como republicanos están conscientes de que el número de personas sin seguro médico es el más bajo en la historia. La mayoría de la gente creía que los crímenes iban en aumento incluso cuando estaban disminuyendo. Así que quizá ignorarán las malas noticias durante el mandato de Trump.

Aunque tal vez no será tan fácil. Por un lado, la gente tiende a atribuirle las mejorías en su situación personal a sus propios esfuerzos: seguramente muchos electores que obtuvieron empleos a lo largo de los últimos ocho años creen que lo hicieron a pesar de las políticas de Obama y no gracias a ellas. De la misma forma, ¿se culparán a ellos mismos, y no a Donald Trump, por los empleos y los seguros médicos perdidos? Es poco probable.

Por si fuera poco, Trump hizo grandes promesas durante la campaña, así que el riesgo de decepcionar al público es especialmente alto.

¿Responderá a las malas noticias aceptándolas con responsabilidad e intentando hacer mejor las cosas? ¿Renunciará a su fortuna y entrará a un monasterio? Esas dos cosas tienen la misma probabilidad de suceder.

El ególatra inseguro en jefe seguramente negará las verdades incómodas y reprenderá a los medios por informarlas. Además —esto es lo que me preocupa— es muy probable que intente usar su poder para dispararle a los mensajeros.

En serio, ¿cómo creen que reaccionará el hombre que comparó a la CIA con los nazis cuando la Oficina de Estadísticas Laborales informe por primera vez sobre un repunte significativo del desempleo o una disminución en los empleos de manufactura? ¿Qué hará cuando los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades y la Oficina del Censo informen sobre un alza en los estadounidenses sin seguro médico?

Puede que hayan pensado que la rabieta del fin de semana pasado fue mala. Pero hay cosas mucho peores por venir.

© The New York Times / Agensur.info

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