domingo, 23 de octubre de 2016

Antijudaísmo en la Unesco

Por Julio María Sanguinetti (*)
Desconocer el vínculo del judaísmo con Jerusalén constituye —amén de un absurdo histórico— una repudiable expresión de judeofobia, que se torna más grave al haber tenido lugar en el marco de un organismo multilateral dedicado a la educación, la ciencia y la cultura.

El Comité de Patrimonio Mundial de la Unesco, una vez más, asume la actitud de desconocimiento de la presencia judía en el sector histórico de Jerusalén

La resolución, aprobada por mayoría, con una fuerte abstención (mayor que la votación favorable), declara la unidad excluyente de la mezquita Al Aqsa con todo el Monte del Templo, lo que significa que hasta el Muro de los Lamentos perdería su condición de monumento sagrado del pueblo judío. El histórico lugar sería todo musulmán y nada más que musulmán, lo que también excluye al mundo cristiano, cuyos lugares sagrados están también en el área.

La directora general de Unesco ha recordado, con buen criterio, que el patrimonio de Jerusalén es indivisible y que si fue declarado Patrimonio de la Humanidad, es —justamente— porque allí conviven las tres religiones monoteístas. Como ha recordado, en la Torá, Jerusalén es la capital del rey David, donde Salomón construyó el templo que albergaba el arca de la alianza; en el Evangelio cristiano, es el escenario de la pasión y la resurrección de Cristo; y en el Corán, el destino del viaje nocturno que hizo Mahoma desde la Meca a la mezquita de Al Aqsa.

No obstante esta declaración, similar a la que realizaron el actual secretario general de la ONU Ban Ki-moon y su sucesor António Guterres, el Comité Ejecutivo de la Unesco ratificó la discutida decisión de su Comité de Patrimonio.

Desgraciadamente, la Unesco, por nefasta influencia de un grupo regimentado que encabezan algunos países árabes, no ha ayudado a buscar un real entendimiento entre palestinos e israelíes. Sucesivas declaraciones contrarias a Israel, aun en su historia, lejos de ayudar, enconan a las partes. Israel se siente agraviada y la Autoridad Palestina asume que puede llegar a un reconocimiento pleno sin ninguna concesión. Ocurre que en la Unesco ha sido aceptada como Estado, más allá del órgano político de Naciones Unidas, para el cual es solamente un Estado observador no miembro.

Como era previsible, la Autoridad Palestina emplea constantemente ese lugar como tribuna pública para planteos como el que, junto con Jordania, acaba de realizar. Cuenta con el voto automático del mundo árabe y de varios países que se consideran afines. En esta ocasión, sin embargo, su exceso llevó a que algunos, como Argentina, España y Francia, que venían votando en contra de Israel, ahora se abstuvieran.

Lo que revela es esa actitud negacionista sin matices, que así como llega, en su versión extrema, a desconocer el holocausto y hasta la existencia de Israel, pretende disociar la historia judía de los lugares más ligados a su existencia. Piénsese que solamente en el Antiguo Testamento hay 656 referencias a Jerusalén como parte del mundo judío y que la Biblia sitúa la conquista de Jerusalén por el rey David en el 1004 a. C., o sea, el 3212 en el Talmud. La soberanía judía recién cae cuando el emperador Tito toma Jerusalén, episodio evocado en el arco instaurado en su honor en Roma, donde se ve una enorme menorá, el tradicional candelabro judío de los siete brazos ya mencionado en el libro del Éxodo de la Biblia.

El hecho histórico es que Jerusalén sólo fue capital judía. Nunca lo fue musulmana, cuyos mayores lugares sagrados son la Meca, donde nació su Profeta, y Medina, considerada la primera ciudad de su religión. Para el cristianismo, naturalmente, numerosos lugares de Jerusalén (y Palestina en general, como Belén, donde nació Jesús de Nazaret) están vinculados con su tradición, pero no por ello se asume una actitud reivindicatoria. Por otra parte, la capital del mundo católico es, naturalmente, Roma. Nada de esto importa desconocer los rastros cristianos o musulmanes en la región; lo que sí se hace necesario decir es que Jerusalén es el corazón mismo del judaísmo, fue su capital legendaria y el lugar al que han rezado retornar generaciones y generaciones de judíos.

Es inexplicable que aun países latinoamericanos se presten a esta manipulación constante que hacen los palestinos y algunos Estados árabes, cada uno por una razón particular de su interés. Lejos de aproximarnos a la pacífica solución que todos anhelamos, así —cada día— nos alejamos de ella e indirectamente se convalida una acción terrorista que constantemente agrede al Estado judío. Que Brasil o República Dominicana se presten a algo así no es explicable.

Desgraciadamente, Israel paga un pesado tributo a su sobrevivencia. Ya no es el pequeño David frente al poderoso Goliat de los cinco ejércitos árabes que pretendieron impedir su nacimiento. Aun con su menguado territorio y su escasa población, Israel ha logrado construir una ejemplar democracia —la única en la región— y una isla de modernidad. No se le perdona. Y por eso hoy revistan entre sus adversarios, o el gran partido de los indiferentes, muchos países que fueron sostenedores de su alumbramiento y por principio hoy, más que nunca, deberían estar de su lado.

(*) Abogado, Historiador y Escritor. Fue dos veces presidente de Uruguay.

© Infobae

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