sábado, 10 de septiembre de 2016

IDAS Y VUELTAS OFICIALES / Dilemas para Macri

Razones de las diatribas presidenciales contra CGT y Massa. Audiencias para el gas y continuo Aduanagate.

Por Roberto García
Primero, lo gestual, las declaraciones. Después, los hechos, el desenlace. No necesariamente deben reunirse en un mismo acto las dos condiciones. Lo que parece el enunciado de una fórmula matemática en rigor explica la ventura anunciada para Mauricio Macri en días o meses. Clarividencia de escritorio. Si se empieza con lo primero, habrá que sumar a cierta iracundia implícita los duros comentarios que les propinó a la CGT y a Sergio Massa, tono más denso que hasta el utilizado cuando se refiere al cristinismo. 

A unos les advirtió que no vengan a pedir más plata (reabriendo paritarias), apalancados en sus demandas con el terror de otros gremialistas más confictivos que no participaron en el reparto de las obras sociales y de ávidas organizaciones sociales a las que no les alcanzan –dicen– los favores de Carolina Stanley. Tanto júbilo en la demanda que hasta entraron ágilmente en la CGT de Azopardo, a la otrora casa de José Rucci, la misma que entonces hubieran volado con el inquilino adentro de haber podido. 

La respuesta a la tenaza gremial  también incluye a Hugo Moyano, con un pie en cada núcleo, con hijos y financiación ad hoc. Casi un empresario, debe reconocer Macri, quien no debe ignorar –luego de haber compartido con el camionero tantas alianzas en la Ciudad– que lo ofendió al excluirlo del manejo de la AFA y que la venganza siempre llega.

A Massa lo catalogó de charlatán –ya antes lo había tratado de ventajero– con un desdén poco habitual, le reprocha la iniciativa por plantear el cierre temporal de las importaciones para conservar el “trabajo argentino”. Los massistas guardan silencio, no replican, sostienen que no pueden entender a Macri ya que el proyecto de bloqueo se había diseñado con gente de la administración oficial para mitigar la protesta de los industriales. 

Considera el Ejecutivo que tanto Massa como los sindicalistas asumen actitudes demagógicas, en su irritación los sospecha oportunistas, de ahí el lenguaje agresivo: si no les gusta, llamen a Copperfield. Para qué, se interrogan los otros, ¿acaso no tiene para ofrecer al mago sin dientes?

Lo cierto es que el ingeniero se agravia porque sus rivales ensucian, tratan de aprovecharse cuando mejor nos va a “todos” con Obama, China, el G20, y el país observa, al menos para los próximos dos meses, un descenso inflacionario como no conocía desde hace diez años. Ni pregunta por el costo de esa caída en la actividad económica, menos por disponer de un dólar más barato que el de Kicillof, detalles parecidos al de los contribuyentes emocionados que no saben cuánto pagaron por las medallas olímpicas obtenidas en Río. Hay preguntas que no se formulan ante la fotografía del éxito. Lo cierto es que, entre desalentado y furioso, el Presidente cambia de modos y de lenguajes. Otro tipo de medida acompañará estas expresiones, una segunda parte según la regla que explica el teorema.

Fuego amigo. Por encima de fórmulas caseras sobre el destino, el malestar de Macri también se explica por la desazón que le generan sus propios colaboradores. La sonrisa se le borró con el derrumbe de Gabriela Michetti por una investigación sobre fondos no justificados, ONG, fundaciones (¿no es hora de que parlamentarios, políticos con poder de decisión y funcionarios ya no participen en estos institutos que no son lo que dicen ser?), penoso episodio que parece encolumnarla en la misma fila de su antecesor, Amado Boudou, aunque la distancia entre uno y otro sea gigantesca por los montos a discutir. Justo en un país donde se prefiere a Capone en lugar de timadores de cuarta. También algún amigo del mandatario aparece en la nómina de ONG a pesquisar, otro disgusto más personal. Como el insalvable del aumento de las tarifas del gas en la semana de las audiencias públicas cuando el Gobierno semeja un mercader árabe, en el zoco de Marruecos o de Estambul, rebajando precios según el rostro del cliente, de 700 a 200 en cinco minutos, olvidando la monserga anterior de que el país se hundía si no se aceptaba el incremento original. Patético final siempre que las audiencias culminen con razonabiliad, lo que es un acertijo para cualquier oráculo. Le queda a Macri una ganancia no deseada: por no aplicarse los incrementos en el gas, el índice de inflación será aún más bajo de lo que se suponía. Por sesenta días al menos el dato servirá para la campaña de optimismo a vender.

Cuesta más, en cambio, estabilizar el rumbo en Seguridad y en la Aduana, mezclados en una disputa desde que Patricia Bullrich  –por orden superior– envió a la Justicia una denuncia anónima que enlodaba a Juan José Gómez Centurión por cohecho y contrabando, y lo desplazó del cargo. Primera impresión: se sacó de encima a un potencial reemplazante. Pero el misterio sobre el militar expulsado persiste: tanto Patricia como él son protegidos por la escudería Carrió, quien todavía no manifestó preferencias, aunque la aparición de barriles con efedrina en Ezeiza, a partir de un anónimo, se inclina para el bando del caballero. Las acusaciones del apartado sobre los organismos de inteligencia han afectado al Gobierno, tanto que la número dos de los servicios, Silvia Majdalani, salió a hablar en Noticias. 

Nada respondieron, claro, otros dañados: los radicales Daniel Angelici y Enrique Nosiglia, un dúo favorito del Presidente, a los que Gómez Centurión imputó. Menos lo hará algún laboratorio implicado, el de Hugo Sigman (favorito de la pareja Néstor-Cristina), que importó el precursor químico estacionado en tránsito en un depósito fiscal desde hace cinco años. Raro el caso, para colmo Sigman siempre tropezó en pugnas con el actual vicejefe de Gabinete, Mario Quintana, cuando éste piloteaba Farmacity. Tampoco que hablara otro dirigente de fútbol que dispone de la licencia del galpón, al que nadie visitó ni controló, enfrentado más de una vez con Gómez Centurión, hombre que en sus auditorías parece más eficiente afuera que cuando estaba adentro. Quedan otros mudos en la lista.

Dilemas para un Macri que se aferra al certero golpe contra la inflación,  dominante en su nuevo discurso, en su gestualidad, anticipo de otros cambios de política y hombres que lo convulsionan. Con el mismo equipo parece difícil llegar al campeonato electoral del año que viene. Aunque a él no le gusta cambiar. 

© Perfil

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