martes, 19 de julio de 2016

Macri, la AMIA y la incomodidad de los presidentes

Por Gabriel Profiti

Mauricio Macri firmó el libro de visitas de la AMIA, acomodó flores frente al memorial de las víctimas, prendió una vela, luego participó del inicio del acto y se fue cuando empezaban los discursos. Así, el Presidente comenzó a sentir la incomodidad que acompañó a sus antecesores cada 18 de julio desde 1994.

Durante el fin de semana, voceros oficiales habían anunciado que sólo dejaría la ofrenda floral y luego señalaron que abortaría esa primera actividad pero presenciaría el acto. Los antecedentes, el celo del entorno presidencial y los deseos de los distintos actores de la comunidad moldearon esa ida y vuelta.

"Lo importante es que estuvo", se conformó Ralph Thomas Saieg, presidente de la AMIA, quien también sostuvo que hay "un nuevo comienzo en la causa", tras 22 años de impunidad, pero se permitió dudar del desenlace.

"Es un nuevo comienzo, no sé si se va a llegar a buen destino, hubo muchos buenos comienzos en todos estos años, esperemos que este sea el definitivo", se sinceró.

Macri encauzó su relación con la dirigencia comunitaria tras haber dejado caer el Memorándum de Entendimiento con Irán, firmado por Cristina Kirchner -para indagar en Teherán a los acusados por el ataque- y declarado inconstitucional por la Justicia.

A homenajear a las 85 víctimas del peor ataque en suelo argentino concurrió con varios ministros.

Pese al pedido de la AMIA para que la investigación se convierta en "política de Estado", fue tratado con respeto y recibió algunos aplausos.

El ahora Presidente había ido por última vez al acto de la calle Pasteur en 2008. Luego, el nombramiento de Jorge "Fino" Palacios como primer jefe de la Policía Metropolitana, pese a que estaba procesado por encubrimiento de la causa AMIA, y las acusaciones por escuchas ilegales contra, entre otros, el familiar de una de las víctimas, Sergio Burstein, lo alejaron.

Palacios fue acusado por montar el espionaje ilegal en el ámbito porteño y estaba alcanzado por las sospechas de irregularidades en la investigación del atentado que dieron sustento a un juicio oral iniciado en agosto de 2015.

En ese juicio también están siendo juzgados el ex mandatario Carlos Menem, el ex juez de la causa, Juan José Galeano, los ex fiscales Eamon Mullen y José Barbaccia, el ex jefe de la SIDE Hugo Anzorreguy, el ex presidente de la DAIA Rubén Beraja, entre otros.

En el proceso oral se busca esclarecer dos maniobras: el pago de 400 mil dólares al proveedor de la Trafic bomba que voló la AMIA, Carlos Telleldín, para que implicara a policías bonaerenses en la conexión local del atentado y el intento de desviar la "pista siria" de investigación que apuntaba a Alberto Kanoore Edul, hijo de un amigo del entonces presidente Menem.

Palacios era jefe de la División Unidad Antiterrorista de la Policía Federal (DUIA) y había sido designado por el jefe de Gobierno al frente de la Metropolitana, pero renunció antes de cumplir dos meses en medio de fuertes cuestionamientos.

Las maniobras de obstrucción denunciadas tensaron al máximo la relación entre el gobierno de Menem, la dirigencia comunitaria y las asociaciones de familiares de víctimas.

Desde el primer homenaje, con 150 mil personas frente al Congreso tres días después del ataque, hubo reproches contra la administración de Menem, quien siempre se ausentó de los actos.

Los reproches, que hicieron blanco alternativamente en el entonces ministro del Interior, Carlos Corach, el secretario de la Presidencia, Carlos Corach, y otros funcionarios, fueron la marca de los actos de los noventa.

Fernando de la Rúa, luego de muchas dudas, concurrió como Presidente al aniversario de 2000 y recibió algunos aplausos pero también el reclamo para que cortara relaciones comerciales con Irán.

Al año siguiente desistió de participar.

Eduardo Duhalde, alcanzado previamente por las críticas, no concurrió ni envió representantes al homenaje de 2002, y en 2003, el entonces mandamás de la DAIA, José Hercman, le apuntó directo cuando ya lo había sucedido Néstor Kirchner en el poder.

En esa ocasión, el patagónico fue aplaudido junto a su esposa, entonces senadora, pero un par de años más tarde, la comunidad judía le reclamó "hechos concretos" para esclarecer el atentado.

En 2011, Cristina Kirchner concurrió por última vez al acto, cuando Guillermo Borger, presidente de la AMIA, le agradeció su presencia pero remarcó: "No es suficiente. Necesitamos justicia".

Al año siguiente la jefa de Estado no fue ni envió emisarios y la relación se rompió definitivamente a partir de 2013 cuando el Gobierno firmó el Memorándum de Entendimiento con Irán, repudiado por la comunidad judía y el gobierno de Israel.

© NA

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