viernes, 1 de julio de 2016

Los ghettos municipales

MATAR LA GALLINA AGARRÁNDOLE LOS HUEVOS

Por Martín Risso Patrón
[...] Entre todos han creado un monstruo, porque lo que en su momento empezó como una zona de copas y pequeños espacios para la música en vivo, se convirtió en poco tiempo en un espacio abierto al desenfreno, donde, por no faltar, no faltan ni la prostitución, ni las drogas ni la violencia. [...]
[Portal informativo Iruya.com]

«Concejales capitalinos analizan cerrar el corredor de la Balcarce  y enviarlo a la zona del Parque del Bicentenario [...]» 
[Información pública en medios locales]

 Acuarelón nostálgico

Recuerdo muy bien el Bar Madrid del turquito Cafrune con sus billares amanecidos, humo de pucho negro, ginebras, poemas y canciones, allá por los 60 Doña Clota, que era cuando usted lucía sus mocedades cuando viajaba en el coche a motor Ganz Mavag destino final Güemes, llevando gallinas y chancacas de regalo para mi tía Negra, ahí cerca del hospital. Cómo no recordar el Hotel Trasandino y su bar comedor, frente a la Estación; lo mismo que el Hotel Solá. Cómo no, Doña. Los poetas de Presencia creaban madrugones en el Madrid desmadejando noches, esperando a que alguno vuelva del hotel con una nueva poesía de carne y hueso y con hambre para comerse un pan chanchito bien caliente con queso derretido y jamón. Recuerdo a Don Sencillo, también con su vasito de vino Calchaquí, dorado como el sol, fresco como la uva sacrificada en su nombre, en algún atardecer que nunca, nunca volverá...

Es el caso del Bar Madrid, como dije, propiedad de don Ramci Cafrune, tío del legendario cantor barbado, que mantiene abiertas sus puertas desde hace 80 años, haciéndolo el bar más antiguo de Salta, lugar que vio nacer a grandes cantores como el mismo Jorge Cafrune, sobrino de Ramci, a los 16 años; Daniel Toro y su crística flacura y bondad sin límites; nacieron también [es un decir] los Cantores del Alba, y tantos otros artistas. Lo veo también a Antonio Yutronich cubicando las paredes a ojo nomás con su cafecito adelante, como pa’ poner un mural; el que ya estaba en su corazón, siempre, y lo puso en otro lugar.

La sodería de los Pastore en su local original, ¿...y la Bicicletería El Pibe? lo veo a Don Sencillo inflando las gomas antes de irse al Barrio El Consuelo al oeste de las vías en las lomas de Medeiros, y después de comprar algunos gramos de clavos o alambre “pa’ la obra” en el Corralón Gijón, ahicito nomás; esa bici que llevaba una bolsita atrás, de donde espiaban la cuchara, el metro, algún cincel y la escuadra y el compás; espiaban, dije, las andanzas del joven albañil que escuchaba en amoroso silencio los poemas de Toro, Alarcón, Adet, Perecito y tantos más, incluso algunos periodistas de corbata, libretita y lápiz. En esa Balcarce, estaba ya la Peña El Antigal. Ni hablar de las coladas que los changos nos dábamos en el Cine Balcarce, connotado, igual que el Florida, en la Florida, por el sexo importado en celuloide que dispensaban en penumbras.

Corredor o qué

Despuntando el XXI en su mañosa posmodernidad, a alguno de los nostálgicos ociosos como el que esto escribe, se le ocurrió dar los manotazos de ahogado para que la calle Balcarce al pie de la Estación de trenes, se emperifolle como en las viejas épocas, y sea lo que deba ser: La bella anciana de la noche salteña. Ideas innovadoras para nuestra aldea amada, como los pubs, los almacenes retocados nomás, con sus entrañables mostradores y estanterías; la onda vintage como se dice ahora [que en su época era retro]; bodegones en patios añosos y caserones al pelo para conversar apoyado en mesas, con objetos de cambalache como esas radios de broadcasting, faroles a kerosén y miles de fotos de seres antiguos, conocidos y también de los otros. Peñas al mejor estilo salteño. Alguien bautizó ese rincón el corredor de la Balcarce con una secreta aspiración de niña bien, a la europea. La changada del trocén y alrededores vivió una fugaz manera de hacerse adultos escuchando jazz, rock, baladas oldies; tangos, y esos blues de Pappo que ni le cuento Doña. Fugaz, unos tres o cuatro años.

Hasta que el Corredor se fue convirtiendo en el corredor directo al infierno de la procacidad aquella en que se mixtura la oferta de boliches pedorros pero masivos, de esos que traen guita y hacen correr esa pasta que no es guita, pero la trae a puñados; derruidores de locales añejos para transformarlos en los módicos galpones de amontonar chicos y chicas con bafles de chatarra y música ad-hoc, ensordecedores literales que aplastan cualquier momento de trago o pucho bajo el paraguas de un blues o de un gotán. Galpones autorizados, Don Sencillo. Autorizados, pero como construcción, ni como servicio, cumplen con las normas de los otros, los originales, que son los pubs, los restoranes, los locales de bailar sin estruendo, debidamente normados para funcionar en el Corredor… Así se renovó La Balca; apocopada, fracturada, amputada. Arrolladoramente una multitud mutante se hizo cargo de la noche convirtiendo la diversión en diversionaje absolutamente pesado, obsceno y vomitador cuyas calles aledañas son derivaciones del Corredor, aptos para la meada y el excremento de chicas y chicos borrachos; también rincones de hacer la cosa de parado nomás, y alguna vez una cuchillada y los botellazos bolicheros.

“Pero usted, Profe, dijo ‘autorizados’, no entiendo...” susurra como para sí misma Doña Clota sabiendo que la escucho y sé que espía lo que escribo y encuentra el punto exacto para chicanearme.

Mire vea, Doña, su pregunta me gusta y me permite decirle que están autorizados ¿se entiende...? Por lo tanto existen, debido a que desde el municipio y más arriba hay bendición papal a toda prueba: Trucheces de papeles e interpretaciones sesgadas acerca de lo que es pub, local bailable, local con música, peña o restorán. Omisión absoluta de otra cosa que no sea boliche, aunque que en los pelpas oficiales figuren con los más finolis local bailable, pub, etcétera. Corrupción, Doña,  y la cana, que debiera estar para meter en la ídem a tanto corrupto municipal y de los otros: inspectores que no inspeccionan, debe exponer a su gente [hombres y mujeres] a cumplir con recargos de servicio y los famosos adicionales pagos por los otros corruptos, dueños de los boliches, cuando no por los mismos municipales que son dueños de algún galpón [ver descripción arriba].

El ghetto

No me voy a cansar de denunciar la inoperancia mental de los ediles aldeanos para imaginar una solución que sea la verdadera para las cosas que los tupen y los dejan sin asunto. Vea Paisano local: Si hay sexo en las calles, prostitutas, demandantes de servicios que no tienen dónde carajo ejercer su legítima y necesaria conducta sexual, los legisladores se tupen. Momento en que aprovecha, como siempre, el enano fascista que anda con la cuchara de sopar, siempre, siempre que las instituciones de la República por alguna causa hacen agua. Alguno alza la voz de persona sapiente y dice un par de palabras, que les encanta a todos: “Zona de convivencia”, o “zona roja”. Simplemente: El ghetto. El rincón de la basura, esa misma que son “los que no son como uno”.

El caso es que, por hoy, La Balca, entra en un rápido proceso de destrucción cultural y concreta. Porque no faltó quien en el CD de Salta diga la mágica palabra erradicar, ponerla fuera de nuestra vista. Y así, practicar la vieja, querida y popular metida de la basura bajo la alfombra. Por supuesto, arrastrando a lo que no es basura ¿se entiende? E la nave va.

Maten esa gallina

En resumidas cuentas, nuestra calle que amasó historia desde fines del siglo XIX, todo el XX y década y media del XXI; que emplumó como la Gallina de los Huevos de Oro para poner a la Aldea en el mundo, y la puso. Conocida en Europa, Japón, la América profunda y Rawalpindi. Empaquetada en servicios turísticos para cenar con espectáculos peñeros, tragos y música universal y popular. Chau, agarrada de los huevos y degollada.

Sólo porque un par de corruptos oficiales y ciertos oportunistas que ni minga de moral y ley reinan en esos reinos de galpón y bafle con pasta de la sucia y jarras locas, se hicieron cargo prepotentemente, de tanta historia y Cultura.

Aguante Don Cafrune del Bar Madrid, que hoy su rincón subsiste para dar fe de lo que este maniático de la nostalgia denuncia como inoperancia mental de quienes debieran poner orden, claro, en el Orden Público, y no permitir que los corruptos se lleven puestos a muchachos y muchachas emprendedores, músicos de vocación como un tal Facundo que acomete con su jazz por las noches en La Balca, que lloran hoy porque los desalojan con los otros y los mandan quién sabe dónde. Algún rincón allá por el Aeroclub parece ser, en un campito del sucesorio de Pereyra Rozas que llegó a manos del gobierno y los concejales sólo ven en él un hueco para meter galpones de contener gente. Y dejar que corra, que corra nomás la pasta que no es guita y la jarra loca a la que debieran ser condenados consumir hasta el final de sus días para que vean de primera mano lo que es el pedorro y destructor servicio de tanto boliche sin control.

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