martes, 12 de enero de 2016

“Negro, c’est fini…”

El día que echaron a Pepe Eliaschev 
de Radio Nacional

Murió a los 69 años, en noviembre de 2014. “Escribió, hizo TV y fue maestro de la radio. Sus programas más conocidos, Cable a Tierra y Esto que Pasa se convirtieron en clásicos. Publicó diez libros, estuvo exiliado durante la dictadura y el kirchnerismo lo echó de la radio estatal. Lo habían operado en mayo de un cáncer de páncreas pero ni así dejó de hacer sus fuertes editoriales hasta los últimos días”.

En este perfil que realizó el periodista Fernando González, de El Cronista, al día siguiente de la muerte de Eliaschev, se revela el carácter de quién, en su lucha, no cejó en sus convicciones. El rescate de esa nota pretende darle marco a lo que se levanta como bandera de una sola voz (aunque se hable de “todas las voces”) y que la censura produce víctimas, sin distinciones entre “oficialistas” ni “opositores”. Lo que suele suceder, muchas veces, es que las víctimas parecen ser de un solo lado, según quién sea el victimario. (Agensur.info)

A continuación, la columna de Fernando González, “Pepe Eliaschev, el periodista vehemente que murió cerca del micrófono”.

La vida suele ser así. Cuando alguien querido y respetado se muere uno corre a buscar sus señales. Y eso es lo que hice ayer, apenas supe que se había ido el gran Pepe Eliaschev. Fui a la memoria digital de mis mensajes de mails y encontré rápido lo que buscaba. Un mensaje que había disparado un sentimiento en común: el de la identidad racinguista. José había leído la contratapa de El Cronista del 17 de junio de 2009 donde había retratado la aparición de Néstor Kirchner en helicóptero, descendiendo en la cancha de Racing para regalarle cuatro plasmas a los jugadores que nos habían salvado de ir al descenso. Y Pepe se había divertido con aquel candidato a diputado que ya no recorría las calles ni hablaba con los periodistas. Por eso me escribió e intercambiamos mails durante un tiempo. Néstor se había metido con nuestro Racing y eso lo había movilizado lo suficiente como para indignarse una vez más.

No éramos amigos pero nos teníamos simpatía. Pepe Eliaschev pertenecía a una generación anterior a la mía y estaba más bien situado en el pedestal irregular de los maestros del periodismo. Había nacido en mayo de 1945, poco antes de la irrupción del peronismo, y abrazó la profesión maldita desde muy joven. Escribía con prosa intensa y combativa. Enfrentó las cámaras de televisión con valentía y creatividad. Pero su hogar era la radio.

Frente al micrófono se sentía como en casa. Pedía que lo dejaran sólo, que le apagaran las luces e interpretaba sus editoriales con la solemnidad de Shakespeare. Podía despellejar al presidente, al ministro o al legislador de turno. Siempre fue vehemente. Siempre fue cascarrabias. Fue muy querido y también supo cosechar unas cuántas tempestades.

Antes de su paso final por Radio Mitre había estado en Radio Nacional. El kirchnerismo tolerante de los primeros años le había permitido ejercer su periodismo fuertemente editorial desde los micrófonos de un medio público. Pero la primavera duró poco. Apenas dos años. El último día de 2005 lo llamó por teléfono Mona Moncalvillo (entonces directora de la radio estatal) para decirle la frase que se volvería célebre en el ambiente: "Negro, c’est finí...". La orden venía de arriba, desde Néstor y Cristina. Y Pepe se tuvo que ir con su programa a otra parte.

Recuerdo al Eliaschev de Cable a Tierra, el que había vuelto del exilio y juntaba en un estudio de TV a Charly García y a Luis Alberto Spinetta. Al que generó la polémica televisiva sobre si era importante o no el tamaño del pene, y fue censurado mucho antes que existieran las redes sociales y los paneles de periodistas intratables. Y al que escribió su último gran libro, "Los hombres del Juicio", con el que homenajeó a los jueces y al fiscal (Julio César Strassera) que condenaron a los comandantes de la última dictadura militar en el amanecer democrático de Raúl Alfonsín. "Este testimonio de tiempos oscuros y logros dignos", dice la dedicatoria de la página inicial, que cierra con su firma reconocible y estampada en julio de 2011.

En mayo pasado, el inconmovible planeta de los periodistas se estremeció cuando Pepe contó al aire que lo habían operado de un cáncer de páncreas. Disminuido físicamente, no dudó en seguir haciendo los editoriales desde su casa. "Claro que la perspectiva de muerte asusta. Por supuesto que la enfermedad asusta. Pero el susto y la inseguridad disminuyen cuando uno se encuentra tan lleno de amor. Sin amor no se va a ninguna parte y yo soy en ese sentido muy afortunado, porque tengo ese amor y lo recibo a raudales", decía Eliaschev por el micrófono y llovían los mensajes de sus oyentes para darle fuerza. Toda la fuerza del amor que esta vez ya no alcanzaba.

El 8 de noviembre escribió su última columna en el diario Perfil. La tituló Convicciones y se la dedicó a la Presidenta y a sus dolencias recientes. "Se ha vuelto a verificar. Somos vulnerables y nada tenemos de invencibles", concluyó a su modo Pepe Eliaschev. Pretendía estar escribiendo de Cristina pero, en realidad, estaba ocultando su propio epitafio en el abrigo cálido de una crónica periodística.

© El Cronista – 19/11/2014

Nota aclaratoria y selección: Agensur.info

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