jueves, 10 de diciembre de 2015

La Asunción Presidencial: Un regreso a la normalidad

Por Gabriela Pousa
Volvieron las banderas argentinas. Volvió la política. Regresó, sin disfraces ni máscaras, la democracia. La normalidad se hace presente en la estampa del Presidente después de tantos años. Hay otro aire, hay otra Argentina. A simple vista saltan los contrastes entre el pasado y el presente, entre lo que fue y lo que es. Insondables diferencias.

Al mandatario y al pueblo le espera un trabajo de hormiga, con riesgos, con obstáculos pero lo que amerita un pensamiento positivo sin vanos y peligrosos fanatismos es que hay cabal conciencia de las dificultades, y de la fiabilidad de la dirigencia. Macri Presidente es un hombre, no un dios ni un mago que llega a salvarnos.

Hay ganas y hay esperanza. El cambio de un unicato autoritario a un gobierno interdisciplinario y verdaderamente democrático soslaya las posibilidades de equivocarnos. Es un escenario tan diferente a lo que estamos acostumbrados que va a costar entender y ponernos a la altura de lo que viene. 

Somos y estamos hechos de costumbres, eso explica las sensaciones ambiguas o encontradas de muchos ciudadanos. La emoción es genuina, espontánea. Las movilizaciones son auténticas, no ha habido convocatoria con micros ni punteros políticos, no es feriado, no hay asueto, no es sábado ni es domingo.

La gente en la calle es la confirmación más veraz de cuán asfixiados estábamos los argentinos.  El maltrato ha terminado, el circo se quedó sin payasos, la concepción bélica de la política se fue con Cristina. 

El enemigo vuelve a ser adversario y en lugar de restar, si sabe ocupar ese lugar, suma al cambio. El único grito de Mauricio Macri en el balcón de Casa Rosada fue “Gracias“.
  
La jura presidencial, la asunción del mando ha sido impecable, sin barras bravas, sin predestinados, sin héroes falsos, sin falta de respeto, sin agravios. Un discurso sin una palabra fuera de lugar, simple, breve, literalmente “extraordinario”, sencillo. Adiós desmesura en lo politico.

Y es que asumió un jefe de Estado no de tantas palabras sino de actos. Estábamos empachados de diatribas grotescas, engañosas, abusivas. 

Las frases que deberían conservarse como guías estuvieron claramente dichas: “La política no es una lucha de egos”, lo ha sido en los últimos tiempos.  El cambio de Cambiemos descansa en las palabras concisas del nuevo Presidente pero se evidenciará en sus sucesivos actos.

Verdades irrefutables: “Los bienes de la Argentina son para todos los argentinos y no para el uso incorrecto de los funcionarios“. El Estado ya no es lo que nunca debió ser, la propiedad o encarnación de un ser humano. 

No puede haber jueces militantes de ningún partido”, obviedades es cierto pero hoy lo obvio es nuevo. “El país, lo vamos a sacar adelante entre todos”, Macri es eso: sumatoria, equipo.

La sistematización de la mentira también se retira del escenario: “Siempre voy a ser sincero con ustedes. Es la base de la confianza que me tienen”.  De lo contrario, demandarlo es el deber ciudadano.

Combate al narcotráfico, pobreza cero resumen el objetivo de máxima del gobierno. Para que así suceda se propone producir más trabajo, ampliar la economía, desarrollo no populismo. 

Regla de tres simple, 2+2=4, Macri es ingeniero. Cohesión entre la forma y el fondo, búsqueda de fines con medios a tono, eso ha primado en la oratoria frente a la Asamblea Legislativa este jueves en Argentina. 

El llamado al “arte de acordar” es el llamado a la política que no teníamos, en su lugar había negociados, intereses mezquinos, ambiciones personales. Vivíamos engañados por voluntad algunos, por ignorancia otros, por un confort falso y peligroso. En definitiva, por acto u omisión según el caso.

Ahora lo importante es la coherencia entre el decir y el hacer, a eso debemos apuntar, eso es lo que debemos “custodiar” los ciudadanos en general, el periodismo en particular, y en eso debe sustentarse el análisis. Un detalle: Mauricio Macri está empezando a hacer lo suyo. Nosotros también tenemos que hacerlo sino es el cambio es fútil, vano. 

Un buen Presidente necesita una sociedad a la altura de las circunstancias.  Argentina está viviendo un ‘antes y un después’. Un desafío histórico. Adiós al “vamos por todo”, al perverso revisionismo y relativismo histórico antojadizo del kirchnerismo. 

Lo que viene puede ser egregio si se hace lo que se dice, si se escucha y se mira la realidad en todos y cada uno de sus matices. Después de una destrucción masiva de los valores, de los principios, de las instituciones, de la política y de la economía, la tarea es titánica. El entusiasmo y la emoción no pueden enturbiar la razón, está todo por hacerse.

Quizá el primer paso que debe darse es aprender a usar el tiempo en lugar de perderlo, aprender a aprovechar oportunidades en lugar de desecharlas impunemente. Nadie nace Presidente, nadie nace sabiendo. Nadie cambia sin tropiezos: ponerse de pie cuando se caiga en lugar de arrodillarse como siervos es lo nuevo.
  
La tolerancia y la paciencia son tan necesarias como la perseverancia en las metas fijadas. Este 10 de diciembre de 2015 es un 10 de diciembre de 1983 por eso lo trascendente será que el 10 de diciembre de 2019, no sea un 8 de julio de 1989. 

Todo parece increíble y raro pero es lo lógico y razonable. Vivíamos en las antípodas. Cambiemos está pasando de ser un verbo a ser un hecho. 

Bienvenida normalidad a la Argentina… 


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