jueves, 27 de agosto de 2015

UNA CUESTIÓN EVOLUTIVA

[...donde todo lo que cambia, permanece]

Por Martín Risso Patrón
«No hemos obtenido ninguna explicación científica sobre la visión ordinaria de que cada una de las especies han sido creadas independientemente.»
[Charles Darwin, “El Origen de las Especies”]

[Este despacho intentará dar una interpretación al origen y estado de las extrañas metamorfosis producidas tanto en la Política nacional, como en los políticos vernáculos en el siglo XXI. De no lograrlo, es posible que sea porque el Caos se avecina].

Europa,  la pobreza y el Parque

Los años 90 del siglo XIX en la Argentina, dieron lugar al advenimiento de un nuevo hombre político, que estaría predestinado a nutrir la médula de la República con la práctica de la Democracia representativa. El mundo viene de una compleja clarividencia de las facultades del Hombre, en tanto especie, para transformar el medio y generar cuantos cambios se le ocurran, racionalmente buscados, y también hacer revoluciones hijas del mandato de la realidad antes que de ciertos caprichos del pensamiento o de la voluntad del más fuerte. Eso tiene nombre: Modernidad. La Ciencia adquiere estatus de identidad propia, independiente de todo, menos del método y los procedimientos empíricos. Darwin campea por sobre la Biblia y el calefón, Lamarck lo mismo, y el Hombre Nuevo se despereza. En el mundo es la hora de la industria a gran escala y de una pobreza que se afianza en Europa desde las revoluciones industriales del vapor, el petróleo, el acero y las máquinas, de los 40. La Argentina tras los mares recibe la oleada de emigrantes que traerán su capacidad y voluntad de trabajo.Y fundarán linajes que darán que hablar en el siglo XX. También los inmigrantes portan en su conciencia modos de pensar la realidad, despertando entonces la Política a la cuestión social que siempre fue consecuencia de los sistemas de producción.

Leandro Nicéforo Alem [BA, 1842-1896], que era de linaje criollo con raíces gallegas del siglo XVIII lidera, en 1890, una revolución política que termina por dar a luz un partido político, cuyos basamentos pétreos estaban metidos en un pueblo formado a la sombra de luchas caudilleras, sin capacidad de elegir libremente los destinos políticos de la República. El 13 de abril de 1890 nace la Unión Cívica, antecedente de la Unión Cívica Radical, fundada el 26 de junio de 1891. En 1893 muere Alem por propia mano. Con una simetría digna de profundos estudios, en 1895 nace otro hombre destinado a revolucionar la práctica política futura, Juan Domingo Perón, de raíces también criollas, pero con ascendientes de abuelos sardos y británicos, que morirá en  pleno uso del Poder presidencial de la República, al finalizar el segundo tercio del siglo XX, también habiendo generado un movimiento político: El Partido Justicialista, en 1947, sostenido por la que él mismo llamara la columna vertebral del movimiento, los obreros y sus organizaciones sindicales. Y hallamos también que se gesta en una revolución: la de 1943, contestataria de la década infame y corrupta. En cincuenta y tres años, dos grandes movimientos políticos se generan en sendas revoluciones sociales, no meramente ideológicas. Revoluciones que son aplastadas por la reacción oligárquica sumisa al capital internacional.

La genética política

Transformada la Unión Cívica en Unión Cívica Radical, se genera un tipo de movimiento político apoyado en la defensa de los derechos sociales de la ciudadanía nacional. Gobierna el país, en dos oportunidades, en las dos primeras décadas del siglo XX, con Hipólito Yrigoyen, y con el telón de fondo de la I Gran Guerra mundial. En 1930 es derrocado y comienza una década destemplada y reaccionaria, signada por el fraude electoral y la negación ideológica practicada por los conservadores. En el mundo, la II Guerra mundial [1939-1945] asienta las bases de un planeta de conducta bipolar que, antes que ser política esta conducta, es de praxis económica: Capitalismo-Comunismo, con la obvia presencia de dos potencias gobernando grandes países: Los EE.UU. de Norteamérica y la Unión Soviética, y sus respectivos territorios coloniales. De esa manera, la República Argentina, asume presencia económica y política durante la primera mitad del siglo XX. En las manos sucesivas de dos movimientos ideológicos distintos, pero de la misma naturaleza de concepción política: UCR y PJ. Ni los socialistas ni los conservadores tuvieron esa oportunidad.

La pareja primigenia de la política del siglo XX, si se puede hablar de tal con un matiz darwiniano, es la formada por radicales y peronistas. Perón toma para el Justicialismo, el ideario central de los radicales de 1890: El Humanismo como eje de la Democracia en su expresión política, y lo plasma en las 20 Verdades. Mientras tanto, desde el nacimiento del siglo y por imperio de las circunstancias internacionales suceden cosas en la sociedad nacional. La demografía se ve impulsada por las oleadas inmigratorias de Europa y de Medio Oriente, y también de la porción europea del centro-este. Cosa que sucederá hasta la década de los 50. Luego, la posmodernidad que, al igual que la modernidad finisecular del XIX, rompe los moldes y se instala en el planeta para quedarse, que no es poco.

Hoy y las metamorfosis

Esto de decir hoy, no significa omitir pedazos de historia, anteriores. Entiendo que cuando digo hoy, puedo hablar desde el 46 en adelante, hasta la década y media que lleva este siglo XXI. Que no es otra cosa que visualizar la extraordinaria dinámica política que caracterizó al país desde entonces; y hablar de metamorfosis, significa evadir la trampa de la fragmentación situándonos en la complejidad, término éste de los buenos que podemos encontrar en el lenguaje posmoderno.

El radicalismo y sus propias metamorfosis generadas por un lado en el conservadorismo y por el otro en el socialismo y el progresismo, sin omitir galanteos a través de la “Liga Patriótica” en los años 20 con el fascismo que buscaba adhesiones en la Argentina y fracasara por la fortaleza doctrinaria de los radicales, ganará las elecciones presidenciales en tres ocasiones sucesivas: Hipólito Yrigoyen (1916-1922), Marcelo T. de Alvear (1922-1928), y nuevamente Hipólito Yrigoyen (1928-1930). Tiene una nueva oportunidad, inaugurando la recuperación republicana en 1983 con Raúl Alfonsín. Finalmente, gobierna el país con Fernando de la Rúa justo durante la bisagra de los siglos XX y XXI, con una caída catastrófica signada por su renuncia.

Así las cosas, el justicialismo nace en su ideología, de la costilla radical. El radicalismo provee el insumo del pensamiento político justicialista, que es algo importante. Pero en esa cuestión de la complejidad, cede ante la innovación conceptual de lo que es la praxis como expresión de la tarea institucional ejecutiva y legislativa en los comandos del Estado republicano que trae Perón. Así es que considero que el justicialismo hizo su revolución en el 46, poniendo gestión donde no la había. De hecho, en 1949 se reforma la Constitución nacional, y en sus dos primeros gobiernos, sucesivos, el peronismo plantea los dos Planes Quinquenales estructurantes de la política, la economía y la misma sociedad, truncados en el 55. Y después en el 63 y luego en el 76 los militares fogoneados por el conservadorismo y el capitalismo internacional renuevan su intento de aniquilar al peronismo, como lo intentaron en el 46 con la descarada irrupción de Norteamérica, con Braden. De la misma manera que truncaron en el 30 la sana práctica republicana basada en lo ideológico, que puso el radicalismo, aunque con la distinción de constituir esa ruptura institucional un zarpazo fascista.

Muerto Perón en 1974, habiendo desactivado antes la manipulación ideológica distorsionante montonera dentro del Movimiento y ratificando las banderas de una Argentina socialmente justa, económicamente libre, y políticamente soberana, sobreviene la crisis institucional y política más grave y duradera que sufriera el país. Y la sigue sufriendo.

Luego de la muerte de Juan Domingo Perón, su Líder, el justicialismo sufre un proceso oscilante de descomposición estructural e ideológica, desde la totalitaria concepción fascista de un López Rega, se inaugura una larga lista de dirigentes que se alejan progresivamente de la conciencia doctrinaria peronista alterando el desarrollo político interno hasta convertirlo en un desprolijo entramado de nombres que tienen por propio mandato diferenciarse cada uno de los otros, pero con algo en común: La apetencia de poder, tanto partidario, como institucional en el gobierno.

Asistimos en el crepúsculo del siglo XX a un menemato que en nombre del Justicialismo, y en funciones de gobierno, perpetra un modo de economía neoliberal que niega la economía social y desguaza las empresas del Estado, todo ello como respuesta al fracaso radical del 89, con la renuncia de Alfonsín el 8 de julio. Fracaso sobre fracaso.

Peronismo y Radicalismo modelo XXI, nunca taxi

Fue costumbre, desde 1974, por parte de los peronistas, apropiarse del pensamiento, incluso de la voluntad de Perón, después de muerto el Líder. Paradojalmente, los hoy llamados peronistas disidentes, tienen todavía algún coágulo de sangre peronista; y los que se vaciaron totalmente del contenido ideológico del Movimiento, asumen la simbología para adornar los escaños y los escritorios de tanto estalinista, maoísta, o líbero que juega la suya, hagan suyos los eslóganes pseudoperonistas, apellidados de la misma manera: Kirchneristas.

En resumidas cuentas, hoy la práctica política con estos dos ejemplos de proceso evolutivo político, ha girado justamente hacia el cuadrante que más convino al engendro populista diseñado por el difunto Néstor Carlos Kirchner y su famosa idea de la transversalidad. Para comprender cómo funciona esto, habrá que tragar la tesis del sociólogo argentino contemporáneo, devenido filósofo político y asesor a sueldo Ernesto Laclau [f], que indica que el populismo es una virtud que debe practicar el gobernante a costa de la Moral, la Ética y la mera esencia política republicana. Interpretado esto como Modelo Nac&Pop y puesto bajo el lema “Vamos por Todo” por NCK & Sra.

Esto sí está en pleno proceso de vigencia política y ahí van datos: Excepto los trotskistas [enemigos jurados del estalinismo y de la pata lumpen montonera], no hay espacio político nacional que no haya experimentado con su herramienta oportunista, la cuchara de sopar, el caldo envenenado de la transversalidad. El transfuguismo es, por hoy la manifestación más clara del modelo hegemónico kirchnerista. Su instrumento electoral más eficiente tiene dos brazos: El  sistema electoral nacional que incluye las elecciones primarias abiertas y obligatorias apodadas PASO, y los sistemas electorales provinciales, que se fueron modificando hacia un entramado de colectoras que a fin de cuentas se convierten en cloacas que transportan tránsfugas y propios a un mismo destino: El Modelo. Clinck caja. Botón demuestra: El Tucumán del sátrapa Alperovich con 25.000 candidatos distribuidos en 500 “partidos políticos” creados al  efecto de acoplarse contranatura [políticamente, se entiende]. Aunque lealmente debo decir que también hallo otros ejemplos en la botonería; en Salta, hubo un espectacular repunte del radicalismo, en manos del joven Senador provincial Roberto Nanni. Un dulce de tal tradición vallista no podía pasar desapercibido para el cloaquista de turno que okupa el escritorio del ministerio gubernamental salteño que puso una vez más en evidencia sus afectos por las prácticas fascistoides, aplaudiendo tal triunfo radical y por alguna alquimia del momento convirtió el oro en barro transfuguero; el asunto es que por hoy, Nanni, muy suelto de cuerpo, declara su voluntad de cooperar legislativamente con el Régimen, mostrando en los hechos su voluntad al incorporarse a la variopintez de una lista, voy a repetir un término, asaz transfuguera.

¿Qué papel juegan en este drama los Scioli, los Macri,lo Massa?

Por empezar, algo los iguala: Los tres son candidatos presidenciales, legitimados por el voto popular. Pero se hace interesante analizar su propia información genética política.

Mauricio Macri [56] no representa la historicidad política aquí analizada. No ancla su origen más atrás de hace un par de décadas, y nada que ver por supuesto con el peronismo, ni con el radicalismo, ni el socialismo, ni el conservadorismo popular o del otro. Se representa a sí mismo y a su condición de clase; proviene de la posmoderna burguesía industrial, contratista y por supuesto liberal-capitalista. Hijo de un inmigrante italiano, empresario, su primera incursión por las urnas se dio en el Club Boca Juniors, cuando le gana las elecciones institucionales a Antonio Alegre en 1995. Funda, con el economista Ricardo López Murphy en el año 2005, un partido político de corte liberal al que denomina Propuesta Republicana, hoy más conocido como PRO. Hizo gestión institucional como jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, y como diputado nacional por su partido.

En cuanto a Daniel Osvaldo Scioli [58], obtenemos que es candidato a la presidencia de la República, representando a la versión kirchnerista del peronismo ya comentada,  denominada “Frente para la Victoria”. En realidad, no se conoce muy bien qué representa: si a los intereses de su clase, la burguesía nacional capitalista, o los intereses políticos populistas del kirchnerismo. Lo cierto es que ingresa a la política como integrante del menemato en 1997, cuando asume como diputado nacional por el entonces llamado partido justicialista. En la transición posdelarruista, accede a cargos en el período de gobierno de Duhalde. En 2003 asume como vicepresidente de Néstor Carlos Kirchner. Desde 2007, es gobernador en la provincia de Buenos Aires. El candidato a ser su vicepresidente en las elecciones de octubre de 2005, es el dirigente kirchnerista maoísta-estalinista [Vanguardia Comunista], actual funcionario de la Casa Rosada CarlosAlberto Zannini [61]. En este caso, observamos con nitidez su total orfandad ideológica; forma parte de una fórmula de gobierno de la que no se conoce antecedente en la historia política argentina, que es de corte burguesa por su origen y situación de clase, y que es también populista por su extrema capacidad de acomodamiento a lo que le ordene la líder kirchnerista, señora Fernández. Eso, sin obviar por supuesto su asentimiento a tener un posible coequiper distinguido por e l“sendero luminoso” peruano, el ya mencionado aquí Zannini, quien, de resultar electa la fórmula en octubre, fungirá como presidente de la solemne Cámara de Senadores de la República, y que en un estrado en la ciudad de Salta, en un acto político de la fórmula que integra, el 25 de agosto de 2015 invitó a profundizar la historia del general gaucho Martín Miguel de Güemes, y “de su esposa la Macacha Güemes”, cuando todos sabemos que Magdalena Güemes de Tejada, apodada Macacha, era hermana del héroe. Así es como no se puede comprender a dónde vino a parar el peronismo tal como Perón lo idealizó y lo realizara.

¿Y de Sergio Tomás Massa [43], qué hay? Pues dos cosas importantes en esto de la genética política: 1] Es el  más joven de los casos puestos bajo análisis, y 2] Sí representa, porque tiene una gran carga genética peronista, al Movimiento del 45, aunque con los matices ya señalados en este despacho. Creador del Peronismo Renovador, y a pesar de tan precisa denominación, sostiene las Banderas. De hecho, su candidato de fórmula es otro joven dirigente justicialista, salteño, Gustavo Ruberto Sáenz Stiro [46], hoy designado apátrida político por el minúsculo régimen local de Urtubey, que le tiene miedo por que logró lo que aquel no pudo: Instalar a Salta con legítima energía federal en la más genuina fórmula de las analizadas. Massa fue funcionario de primer nivel en la gestión de NCK, y renunció.

En resumidas cuentas

Un elemental ejercicio lógico nos indicaría que, ante la evidencia de tanta malicia electoral generada instalada legalmente por el peso del número en el país, y mientras se encuentre en vigencia, y siguiendo la lógica darwiniana, qué hubiera obstado para que los radicales,escasos de números contundentes, se hubieran aliado a sus genéticamente compatibles primos peronistas, los que tienen algo de la pureza original, claro.

Hubo un dirigente, el único de la penúltima década del siglo XX que en Salta hizo peronismo, del bueno. Se llamó Roberto Romero. ¿Y saben una cosita? Provenía del progresismo de izquierda y posteriormente de la UCRI. Jamás se representó a sí mismo; fue un sano constructor de la economía familiar devenido empresario, y de los grandes. Dejó la herencia genética peronista en su hijo Juan Carlos Romero Gangi, gobernador múltiple de Salta y Senador de la República. Nunca arrió las Banderas, y fue un visionario al mero estilo justicialista como en la cuestión de la integración subregional de los países del trópico de Capricornio, y la integración regional norte del país con el Norte Grande, inclusivo de siete provincias. Lindo ejemplo de sano pedigrí político ¿no? Aquel que con los cromosomas radicales y peronistas, fue el más importante ejemplar político de la época.

Reitero lo de Darwin: «No hemos obtenido ninguna explicación científica sobre la visión ordinaria de que cada una de las especies han sido creadas independientemente».

Edición impresa: Semanario "Nueva Propuesta"

Edición digital: www.agensur.info

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