“Sin virtudes
personales no es posible ir
por el mundo más que causando estragos”
Por Jaime Fernández-Blanco
Inclán
La corrupción se ha
presentado ante nuestros ojos como algo “humano, demasiado humano”, tan
integrado en nuestras sociedades que a nadie sorprende a estas alturas de la
película. Sin embargo, ¿la abordamos de un modo completo o nos hemos quedado
solo en la carcasa? Tiene tanto que ver con la estructura del poder social como
con nuestra ambigüedad antropológica y es un fenómeno que dista mucho de ser
una simple manifestación ‘pública’. Quizá, en nuestro desprecio furibundo hacia
ella y sus agentes, hayamos olvidado fijar la vista en otra posible causa del
problema: nosotros mismos.

