domingo, 31 de julio de 2022

Los temores de Cristina detrás del pacto con Sergio Massa


Por Analía Argento

¿Cristina cedió, se resignó o aceptó a Sergio Massa? "Cristina lo eligió", defienden sus incondicionales, testigos de un acercamiento progresivo y mal que le pese a dirigentes marginales como Alicia Castro que, en otros tiempos y por cuestionar al Presidente, se quedó sin embajada en Rusia.

Lo dicen los soldados de la Vicepresidenta, los alineados, los que la frecuentan y los que reciben el mensaje que baja en forma vertical avisando que ahora hay que "ayudar" y "acompañar". "No nos metemos", responden quienes en otros momentos criticaban sin filtro y una vez más se ven obligados a mascar orgullo. Los escépticos y los desahuciados se ponen en ‘modo avión'. Para discutir poder camino al 2023, antes tienen que sobrevivir, todos y juntos, a esta etapa.

Los opositores y algunos analistas están convencidos de que el idilio con Sergio Tomás Massa tiene fecha de vencimiento. Que no lo van a dejar, que lo quieren manejar, que para sobrevivir el tigrense va a tener que aliarse con Alberto Fernández. Y que el silencio es para no hacerse cargo de las medidas de ajuste que deberá tomar.

Cristina volvió las fichas al casillero del sábado 18 de julio de 2019, cambió a Alberto Fernández por Sergio Massa y arrancó otra vez su juego. Es "responsabilidad" arguyen, pero parece puro pragmatismo dado el actual contexto.

Quizás debió haberlo elegido hace mucho, creen los desencantados con el Presidente de la Nación. Pero a mediados del 2019, el ahora electo ministro de Economía buscaba aliados entre los gobernadores y el histórico peronismo para conformar una fuerza política que saltara la grieta y anulara a un mismo tiempo a Mauricio Macri y al kirchnerismo y a la joven dirigencia de La Cámpora que ahora lo sostiene. "No se animaron", reprocha Massa a aquellos viejos socios como Juan Schiaretti que está en la vereda de enfrente y el viernes fue a La Rural a defender la posición del campo.

La única imagen pública de la Vicepresidenta fue una foto sonriente con Francia Márquez, vicepresidenta electa de Colombia. Si le molestaran los últimos movimientos de la gestión no sonreiría así, la interpretan seguros de que no sólo sostuvo su poder sino que lo incrementa con el nuevo reparto de cargos.

Bajo control

Que CFK haya delegado en Massa el control de las cuentas no significa que se relaje. Los ministros la mantienen informada sobre la gestión como si ella fuera Presidenta. Al principio desconfiaban de ese control pero se sienten en orfandad. Hasta un albertista confiesa que prefiere que al menos ella les esté encima día a día.

No fueron sin embargo esos informes ni la falta de dólares en el Banco Central lo que la llevó a cambiar de opinión y bendecir a Massa. También los análisis que le entregan las comisiones del Instituto Patria o la inacción que le molesta frente a la inflación.

Primero advirtió que había en marcha un intento de golpe económico, una corrida cambiaria para empujar la salida de Alberto Fernández. Después habló de su propia proscripción y apuntó a la Corte que, dijo, escribe por anticipado sus fallos. Y vaticinó su propia condena en la causa por la obra pública. Ella se siente Lula Da Silva -que terminó preso y ahora va por otra elección- mientras que a Alberto Fernández lo ve como a la destituida Dilma Rousseff.

De todos modos, a Massa le marcan la cancha. No lo describen como superministro sino como ministro de Economía, a secas. En un contexto recesivo consideran imprescindible la concentración de todas las áreas para reducir el gasto y enfrentar con fortaleza política -o negociar- con distintos sectores económicos. Un esquema clásico, le aconsejó Carlos Melconian a Cristina en aquella larga charla que tuvieron. Antes el titular del Ieral se había reunido con Massa.

El rol de Kicillof

El economista de cabecera de la titular del Senado sigue siendo Axel Kicillof. Excepto el jueves 28 en que el gobernador viajó al interior bonaerense, todos los días de la última semana se lo vio en el Congreso de la Nación. En cambio, con el Presidente habla poco aunque se vieron en el almuerzo de gobernadores.

Kicillof puntea y analiza la situación económica a diario con Cristina. También con Massa habla por teléfono y chatean. No hizo declaraciones públicas ni opinó pero bajó la orden de Cristina: seguir para adelante y trabajar con el tigrense. Era "imprescindible", sostienen en La Plata, una total coordinación política, fiscal, monetaria, cambiaria, financiera y económica.

En público lo pidió Martín Insaurralde y lo escribió el economista Hernán Letcher. ¿Quién está detrás del operativo?, preguntó El Cronista. "Máximo", respondió un intendente cercano al diputado nacional. Eduardo 'Wado' de Pedro fue otro que habló por teléfono con Massa y en su viaje a Tucumán con Juan Manzur dio más señales de unidad.

"Nadie apuesta a que le vaya mal", juran desde las pocas oficinas kirchneristas donde aceptan hablar. ¿Confían en Massa? Tienen tres razones para delegar la responsabilidad en el presidente de la Cámara de Diputados: primero por el vínculo que tejió con Máximo Kirchner; segundo porque lo saben rehén del poder político de Cristina y tercero por mutua necesidad. Massa hoy pone la cara pero los Kirchner tienen gran parte del caudal electoral y la estructura partidaria bonaerense.

También se necesitan Massa y el gobernador bonaerense cuyo mayor proyecto es ir por la reelección. Que a Kicillof le vaya bien y que a Massa le vaya bien le conviene a ambos. Tienen opiniones distintas pero objetivos comunes. El principal es que no vuelva el macrismo al poder.

Macri y Guzmán

En La Plata hace rato que asumieron esa realidad. Incluso elogian el trabajo conjunto con Malena Galmarini en AySA, especialmente en la urbanización de barrios vulnerables. Junto a Kirchner hijo la sumaron a la mesa del Frente de Todos mientras ella se apunta como precandidata en Tigre.

Recuerdan que cuando Kicillof creó el Ministerio de Transporte le pidió a Massa que designara a alguien propio -Jorge D'Onofrio- para que "fluya" la relación con el ministerio nacional que es parte del cupo massista. Lo mismo señalan sobre Ricardo Lissalde, titular de Aubasa, ex diputado provincial por el Frente Renovador y ex funcionario de Trenes Argentinos.

El argumento más firme es el temor al "partido judicial" en un eventual gobierno de Juntos por el Cambio con un halcón en la presidencia de la Nación. Por eso pactó Cristina con Massa.

Hay que "sostener la democracia" y "defender" al Gobierno más allá de cualquier diferencia con el Presidente o con el designado ministro, argumentan y se quejan de que nadie investigue lo sucedido en los últimos días con el dólar, los bonos, las acciones y el riesgo país. "Estamos en una situación límite", insisten los que además miran el contexto social. Hasta los no convencidos repiten: "Massa nunca va a ser peor que Martín Guzmán".

© El Cronista

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