domingo, 6 de septiembre de 2020

El gobierno acusó el golpe y pide negociar (esperable)

Legisladores de la oposición que reclamaron un nuevo formato para las sesiones
en Diputados, dejando mal parado al oficialismo.
Por Ignacio Zuleta

El gobierno dedicó el fin de semana a filtrar - a través de sus voceros formales e informales – llamados a la oposición para un acuerdo que normalice los debates en Diputados. Acusó el golpe del martes, cuando más de 90 legisladores de Juntos por el Cambio se sentaron en las bancas y reclamaron un nuevo formato para sesiones mixtas. 
Eso le costó al oficialismo exhibir una radiografía precaria: abrió la sesión remota - cuestionada por no tener reglamento - con 131 votos, apenas dos por sobre el quórum. Cuando se aprobaron las dos leyes – las más pacíficas posibles (turismo y pesca) -cosechó menos: 129 y 127 a favor respectivamente. Y a las cinco de la madrugada. No es un número para festejar.

Es una consecuencia de la competencia entre Alberto, Cristina y Massa - el tridente gobernante - por espacios de control en la coalición. Responde también a las señales de dureza de la oposición, que este lunes hará una reunión de mesa nacional. El interbloque de Cambiemos trabaja desde el jueves en el diseño de una estrategia que les permita aprovechar la proeza de haber mantenido la unidad de todas las tribus. Un borrador de esa estrategia propone:

  • 1. Discutir un nuevo formato de sesiones mixtas, presenciales para quien quiera y virtuales para quien se sienta con dificultades de salud para estar en el recinto. Es para sacar al gobierno de la posición cómoda de hoy, de poder sesionar con la mitad del Congreso y sancionar lo que quiera. ¿Plazo? O sesión por sesión, o por 30 días.
  • 2. Un acuerdo sobre los temas a discutir, y que evite proyectos odiosos que son imposibles de resolver sin discusión cara a cara. "¿Van a reformar la fórmula previsional o la justicia escondidos detrás de una pantalla desde su casa?", les dijo Mario Negri en Labor Parlamentaria. En esa prueba de fuerza que fue el maratón del martes, la oposición demostró que mantiene los tantos con firmeza y que puede ampliar adhesiones. Por ejemplo, en el bloque lavagnista, cuyas estrellas principales se plegaron a la demanda de un nuevo sistema que asegure debates presenciales. Graciela Camaño, Jorge Sarghini, el "Topo" Rodríguez y los socialistas se sumaron a la ausencia del martes, y dejaron aislado al jefe formal del interbloque "Bali" Bucca.
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Aislados y debilitados

La oferta para negociar aísla a Máximo Kirchner, defensor de su madre ante los reproches opositores contra una ley de reforma judicial. Alberto dice que no es una reforma judicial; Cristina se desmarca y dice que es inútil. Pero la oposición le ganó la batalla dialéctica e impuso la idea de que es una patraña para proteger encartados por corrupción. Massa quedó golpeado por las desprolijidades de la sesión y por no haberse prevenido de que su negocio era aprovechar el mes de receso entre el 4 de agosto y el martes 1 de setiembre para lograr una superación del protocolo remoto, que quería extender sin tocarlo hasta que haya una vacuna. Es decir, sin fecha. Se lo advirtieron sus amigos de la cámara. No hay problema - rio fatalista- los voy a llevar a sesionar a patadas en el culo. Retrocedió varias casillas frente a sus socios porque era el responsable de que funcionase Diputados con alguna normalidad. Alberto sigue tocando el portero eléctrico de la oposición, pero lo atiende sólo el encargado: el señor ha salido, le responde. Intentó negociar con Nosiglia-Lousteau, después con Alfredo Cornejo. Busca opositores críticos de Macri y rodea, para eludirlos, a los dirigentes que deciden hoy con peso nacional en Cambiemos: Horacio Rodríguez Larreta y Mario Negri. En una segunda línea están los gobernadores de Cambiemos, a quienes temen pedirles compromisos más allá de alguna foto de ocasión.

La virtualidad, una nueva Constitución de facto

El gobierno ensaya de facto una nueva constitución: el pueblo no delibera sino a través de sus representantes (Art. 2° de la CNA), pero éstos no lo hacen sino por internet (protocolos del peronismo). Esta alienación de la conducta acumula plusvalía en las alforjas del poder. La virtualidad es la antesala del infierno autoritario, y si hay una pelea para dar en el mundo actual es contra esa modalidad del capitalismo de la vigilancia (según la describe Shoshana Zuboff, en su libro "The Age of Surveillance Capitalism, 2019), que es la democracia remota de las legislaturas argentinas. Retuerce el cuello del sueño de la democracia horizontal de los griegos, que proponía que los representantes fueran elegidos por sorteo para asegurar la igualdad. De aquel extremo se pasó a la democracia electiva, que selecciona a los representantes por su pertenencia a un grupo, una clase, una familia, un grupo de interés. El punto extremo es la desigualdad con la que los diputados sesionan enmascarados, como los verdugos, y su tarea es vigilada por un algoritmo, por las condiciones físicas y limitadas de la comunicación virtual - no hay sesión que no se corte a las seis horas de conexión continuada, y sus voces - que deberían las más libres de la sociedad, controladas por la botonera del gran hermano.

Estrategias contrarias

Que el gobierno arriesgue tanto por tan poco es prueba de debilidad más que de fuerza. Se arrimó a una fujimorización del sistema, al imponerle a la oposición un formato de sesiones por una diferencia de apenas siete votos. La tarde del martes inauguró un escenario venezolano con dos congresos sesionando al mismo tiempo y los dos presididos por Sergio Massa.

¿Se dio cuenta de tamaño disparate? De un lado había 131 logueados - llegaron en el mejor momento a ser 135 sobre un total de 257. Del otro había 125 ausentes de esa sesión, pero de los cuales poco más de 90 estaban sentados en las bancas.

¿Pasar a la historia por una diferencia de siete votos? ¿Y todo para que la oposición no aparezca condicionando la agenda legislativa? "No podemos aceptar ningún condicionamiento", le gritaron a la oposición en la larga reunión de Labor parlamentaria.

Confrontaron dos estrategias de fondo: la del gobierno es 1) aferrarse a las ventajas de la política remota, ese salvavidas para gobiernos débiles, que hoy los son todos en el mundo. No es un invento de acá. "A lo largo de la historia - dice Anne Applebaum -, las pandemias han llevado a una expansión del poder del Estado: en momentos en que la gente teme a la muerte, acepta medidas que creen, con razón o sin ella, que los salvarán, incluso si eso significa una pérdida de libertad" (Twilight of Democracy, First edition. New York: Doubleday, 2020); 2) arrinconar a la oposición en su plaza fuerte, que es el distrito federal que gobierna Juntos por el Cambio con Horacio Rodríguez Larreta. La de la oposición es: 1) permanecer juntos; 2) no disputar liderazgos. Son minoría y en eso está su fuerza, que le complica las cosas a un gobierno que es mayoría, pero compuesta de una suma de debilidades, porque se armó con la suma simple y aritmética de tres debilidades (Alberto, Cristina, Massa). Si la política tiene alguna belleza es la belleza de la geometría.

Teléfono equivocado

Massa"Somos el gobierno, no nos pueden condicionar la agenda". Le pisó Máximo las palabras con un tono más agrio - propio de las broncas que enardecían a su padre: "¿Qué les pasó, si ustedes en el Senado no jugaron ni con las manos en la reforma judicial, y vienen acá a pedir que no se trate?", se quejó el vicepresidencial hijo. Esa frase hiriente buscó abrir divisiones en la oposición. "¿A ustedes les sobra algo? ¿O no saben dónde están parados?", le gritó Mario Negri en un momento a la mesa del oficialismo que tenía a Sergio Massa en el centro, y a Máximo Kirchner atrás, sobre su cabeza. Los diputados de la oposición no picaron ante el anzuelo que les tiró Máximo y dejaron pasar la frase. El dardo no era para ellos sino para sus socios, protagonistas de la operación puf de Olivos, de acercar radicales para algún acuerdo. Alberto había hablado de pactos con Enrique Nosiglia y Martín Lousteau. También tuvo ese diálogo con Alfredo Cornejo, presidente de la UCR, otro blanco de los llamados de auxilio de Julio Vitobello, secretario presidencial. "Me llamó y me lo puso a Alberto en el teléfono. Pidió que apoyásemos la reforma judicial", le contó a alguno. Olivos cree haber escuchado que Cornejo le prometió a Alberto que le iba a dar una mano. Pero su capacidad de negociar en nombre del partido, aunque es mayor que la de Nosiglia-Lousteau, es limitada. Le tomaron la palabra, y lo contaba Máximo por los pasillos: nos dijo que nos iba a dar una mano. Por encima de los liderazgos, la oposición sabe que cualquier acercamiento bilateral hiere el mayor activo de ese frente: estar unidos y no discutir jefaturas.

Elástico como un excéntrico musical de antaño

Sergio Massa puso a aprueba la elasticidad de sus convicciones: el martes presidió, sin que se le corriese el rimmel, dos sesiones a la vez. Una remota y la presencial, que logró abrir con apenas dos votos por encima del quórum, 131 sobre 129. Se consagró como un excéntrico de la política, para evocar a los excéntricos musicales que ejecutaban en los circos varios instrumentos a la vez, como el personaje de Dick Van Dyke en Mary Poppins. Había ensayado antes ese género tan entretenido del espectáculo. Por ejemplo, cuando visitó en Estados Unidos a los dos candidatos que competían por la presidencia, Donald Trump y Hillary Clinton. Esta vez la bilocación fue política, una apuesta con pocos antecedentes en la política líquida. Tan líquida que se le escapa por varios agujeros. Sigue la doctrina Cristina para el manejo del Congreso, que expresa la frase a Martín Lousteau: "Si van a votar en contra...". Ahí se agota su interés por la participación de la oposición. El contrera no existe. Para el contrera, ni olvido ni perdón. Tampoco ayudan los modos cómo se comporta el gobierno: habla en secreto y después sale a contarlo, y quedan mal hacia dentro y hacia afuera. Anula cualquier acuerdo. La oposición escucha, con cara de póker, esas ofertas que le sirven para medir la debilidad del oficialismo. Y festeja cómo enloquecen en la pelea de palacio. Ni qué decir de la ira que despiertan esos intentos de Olivos en Cristina, que mandó a bloquear cualquier concesión a la oposición en el debate del nuevo protocolo para las sesiones. Y menos si el reclamo opositor incluye una agenda limitada que excluye la reforma judicial. Explica la bronca de Máximo en la reunión de Labor Parlamentaria. Hasta ahora jugaba de manso y, ante alguna diferencia, pedía minuto: voy a consultar a mi vieja. Ahora tenía la consigna de rechazar cualquier acercamiento que condicionase la reforma judicial o la previsional, y eso lo hizo con un tono tal que lo hizo callar a Massa, algo difícil de lograr. Remató esa noche de confusiones con intervenciones irónicas hacia los diputados presentes no logueados: “Ponga el dedito”, reía sin contemplaciones, tampoco, hacia el diputado oficialista que se lamentó: “"Es horrible estar todo el día encerrado en la casa de uno” (¿qué le harán?, se pregunta uno). Pueden leerse esas lindezas en el diario de sesiones, que reproduce diálogos tan surreales que su publicación se demoró más de un día y medio. Cuando lo normal es que se muestre en internet poco después del final de la sesión.

© Clarín

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