jueves, 13 de septiembre de 2018

La realidad importa

Por Isabel Coixet
Imagina que tus padres, que se apellidan Winner (vencedor), te llaman Reality (realidad) cuando naces. Imagina que creces pensando que la verdad importa, que la realidad importa, que los hechos importan. Imagina que tienes 25 años, eres pelirroja con el pelo rizado, que te gustan los dónuts y los perros y la música country, que tienes un alto coeficiente intelectual.

Que eres norteamericana, pero te interesan otros mundos, otras culturas. Que aprendes a hablar árabe. Que trabajas para el Gobierno como funcionaria en la NSA (National Security Agency), pero en tus redes sociales y ante tus amigos dejas claro tu desaliento por la victoria de Trump. Que conduces un coche de segunda mano con un sticker que dice «Descubre la belleza del mundo». Y que un día descubres un documento que prueba, sin ningún género de dudas, que la injerencia de Rusia en las últimas elecciones americanas es mucho más dañina y peligrosa que lo que en un principio se creía. Y envías ese documento a un medio que sabes que va a publicarlo, aunque eso signifique que vas a ser detenida porque no habrá duda de dónde sale esa información. El medio es The Intercept, que lo publica de inmediato. Y tú cuentas las horas porque sabes que van a ir a por ti. Y te sientes extrañamente tranquila. Y hasta contenta porque sabes que has hecho lo que sentías correcto y digno y justo. Y por defender lo que es justo, lo que es de ley y lo que debería ser premiado con una medalla o al menos una mención de honor, te detienen y te acusan de espionaje y de alta traición y te condenan a pasar cinco años en la cárcel. Te declaras culpable.

Culpable de anteponer los intereses de tu país a los tuyos propios: algo que nadie del Gobierno de tu país hace. Nadie. Culpable de sacar a la luz un mecanismo que está corroyendo las bases de la democracia. Culpable de decir la verdad. Esa verdad que, según Giuliani, antiguo alcalde de Nueva York y amigo de Trump «no es verdad». Culpable de exponer ante la opinión pública hechos irrefutables que no pueden ni deben esconderse ni barrerse debajo de la alfombra.

Porque tú sigues creyendo que los hechos importan, que la verdad importa y que la realidad puede ser borrada, manipulada, oscurecida, pero prevalece y prevalecerá. Y desde el camastro de tu celda, cada día en las noticias en tu pequeño televisor, ves a un hombre que dice ser el presidente de tu país, soltar mentira tras mentira, mientras le da la mano al presidente del país que facilitó que el primero ocupara el cargo. Y tu conciencia tranquila no impide que sientas un horrible desasosiego y te digas que, cuando salgas de aquí, continuarás luchando para que el mundo sea un lugar menos abyecto. Y esos dos hombres que se dan la mano y se pasan una pelota de fútbol y sonríen, no pueden decir lo mismo.

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