lunes, 6 de noviembre de 2017

Sobre el caos

Por Manuel Vicent
Durante los cinco años que duró la Segunda República, según cuentan algunos historiadores, Gil Robles, líder de la derecha e Indalecio Prieto, jefe de filas del Partido Socialista, nunca se dieron la mano, ni siquiera se saludaron en los pasillos del Congreso. Nadie sabe qué habría sucedido si estos políticos enfrentados en bandos irreconciliables hubieran decidido un día sentarse a tomar café simplemente para charlar un rato.

Según la teoría del caos, una acción sutil como el vuelo de una mariposa puede desencadenar una catástrofe en cualquier lugar del planeta, pero también un acto irrelevante es capaz de salvar de una gran hecatombe a toda una nación. Algunos analistas creen que si aquellos líderes hubieran tomado ese café, se habría evitado la Guerra Civil.

Hitler quería ser pintor. Si el oscuro profesor de dibujo de la Academia de Bellas Artes de Viena que lo suspendió en su examen de ingreso le hubiera dado un notable, convertido Hitler en un feliz pintamonas, la humanidad se hubiera ahorrado la Segunda Guerra Mundial.

Ese vuelo de mariposa con que se expresa la teoría del caos se cierne ahora sobre la frustración y la quiebra social que se han apoderado de la política en Cataluña. El delirio independentista ha llevado a sus líderes a la cárcel. La ley se ha cumplido de forma inexorable.

Las manifestaciones callejeras producto de la emoción herida de millones de catalanes, la salida a la superficie del espíritu nacional y el españolismo reactivo de la extrema derecha puede que se acaben disolviendo en la rutina gris de cada día, pero bastará un hecho anodino imprevisible, una voz incendiaria que rompa el equilibrio inestable, para que suceda como cuando una pequeña roca se desprende de una ladera y provoca un alud que se lo lleva todo por delante hasta el fondo del barranco.

© El País (España)

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